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Sacar los pies del tiesto

Una cosa es la vanguardia y otra hacer de vientre por soleá. Lo difícil es hacer vanguardia partiendo de lo clásico. Lo fácil es meter instrumentos cuanto más raros mejor. Los que sacan los pies y mean fuera del tiesto no me interesan.

Lo difícil, lo que realmente tiene mérito cuando hacemos flamenco, es ser natural. Lo más fácil, sacar los pies del tiesto, hacer algo que por extravagante nadie se atreva a criticarlo. La verdad es que estamos rodeados. Una cosa es la vanguardia y otra muy diferente es hacer de vientre por soleá.

 

Cantar, tocar o bailar flamenco en clave contemporánea tiene, en mi opinión, dos caminos bien definidos. El primero, y creo que el merecedor de respeto, es aquel que discurre por el compromiso con el arte y se forja en el profundo conocimiento de los mimbres de la música jonda para modelar un cesto digno del género en clave actual. El otro, el más simple, el que se salta el bachillerato para intentar doctorarse a base de hacer cualquier tipo de mamarracho apoyándose en la valentía del necio, aquel que no sabe que no sabe. Rebeldes sin causa que van todo el día pregonando infundios contra una legión de puristas que solo existen en su imaginación, que si no hay que quedarse en lo antiguo, que si es pecado no evolucionar.

 

En la otra orilla están los que siempre se quejan de que este o aquel no transmiten. Que no tiene pellizco. ¿Que no tiene pellizco? Un pellizco te pegaba yo a ti en los…, como dicen Los Enteraos de mi Selu. Cada persona, lo estudia la sicología musical, percibe el arte de una manera diferente, y hay que respetar los gustos de cada uno, a ti no te pellizca y al de al lado sí. Aquí hablo, por supuesto, de mis gustos, que nadie se confunda.

 

«Fuera de España cada vez son más los programadores que quieren que los artistas les respeten porque apoyan ciegamente la supuesta vanguardia. Si cantas, tocas y bailas muy clásico te echan en cara eso de que estás anclado en el pasado y te mandan al museo»

 

Cuando veo en el flamenco que alguien quiere hacer vanguardia y no puede, pienso en esos autores de carnaval que, en vez de discurrir para cultivar el sano ingenio del doble sentido, optan por rimar trabajo, zulo y olla con sus correspondientes borderíos baratos, pero que tienen asegurada la carcajada por soeces. Dejé de asistir al carnaval callejero cuando Cádiz se llenó de “ilegales” que solo cantan por el género borde, al carecer de la mínima inspiración digna del Peña y el Masa.

 

A veces pienso que en el flamenco la vena del ingenio está de capa caída. Aunque siempre acabo viendo luz al final del camino escuchando lo que hacen algunos. Lo difícil está en hacer vanguardia partiendo de lo clásico. Lo fácil es, por ejemplo, meter cualquier instrumento, cuanto más raro mejor, y marcarse un discurso que huye a posta de todo espíritu jondo para moverse por la superficie intentando arrancar el aplauso fácil. Gritar cual concurso de La Voz en clave cañí. O poner a ocho bailaores en fila partiendo linolio y haciéndole negocio a Gallardo en filis y clavos, dejando sordo a medio auditorio.

 

Lo que apenas se ve son los palillos, tan flamencos, o la totalmente olvidada bandurria, no vaya a recordar a la tuna, una de las bestias negras de todo posmoderno español que se precie de serlo. Una batería siempre es bien recibida, el djembé otro de los imprescindibles, aunque se infrautilice, ignorando el uso que le dan en su tierra senegalesa.

 

Renovar a Chacón como hizo Morente en aquel homenaje de 1977, con Pepe Habichuela, la deliciosa Canción Andaluza, testamento del Gran Jefe Paco, o Bodas de sangre de Gades, son cante, toque y baile de vanguardia fetén. Y podría seguir, pero eso se lo dejo a ustedes, queridos lectores. Los que sacan los pies y mean fuera del tiesto no me interesan. Insisto, a mí.

 

En el toque es muy común ocultar la falta de jondura tras falsetas incomprensibles, largas y aburridas, plagadas de armonías que por poco flamencas suenan feas. Qué difícil es imprimir flamencura al toque avanzando en el tortuoso camino de la creación. La mano izquierda debe crear por lo jondo, no es suficiente pulsar una alzapúa, un rasgueo o un picado para que suene flamenco, también hay que pisar el diapasón flamencamente. Armonizar moderno no significa huir de todo lo que suene clásico, que parece que a algunos les molesta que les den un ole. Un día leí como un bailaor, cuyo nombre prefiero callarme, declaraba que si le aplaudían mucho no le gustaba. ¿Se puede ser más tonto?

 

«En el toque es muy común ocultar la falta de jondura tras falsetas incomprensibles, largas y aburridas, plagadas de armonías que por poco flamencas suenan feas. Qué difícil es imprimir flamencura al toque avanzando en el tortuoso camino de la creación»

 

Donde realmente es difícil estar en vanguardia es en el baile. Se ha impuesto la costumbre de meter pasos y mudanzas de la mal llamada danza contemporánea en los bailes, para convertirse en actual y heterodoxo. Cómo hagas una llamada o un desplante por derecho corres el riesgo de que algún agorero del buen arte se te eche encima tachándote de inmovilista, de no arriesgar. Y ahí están los que solo les gusta el flamenco contemporáneo y huyen de cualquier expresión clásica. Conozco un montón, y fuera de España cada vez son más los programadores que quieren que los artistas les respeten porque apoyan ciegamente la supuesta vanguardia. Si cantas, tocas y bailas muy clásico te echan en cara eso de que estás anclado en el pasado y te mandan al museo. Diferenciar tradición y vanguardia es la clave. Hace unos meses escribí este párrafo que creo resume bien lo que quiero decir en este artículo:

 

Qué manía tienen algunos neoflamencos de invocar la evolución como el elixir que todo lo cura y remedia. Me cansa escuchar siempre la misma cantinela: lo que no evoluciona se anquilosa, el cante (el toque y el baile) debe obligatoriamente evolucionar. Parecen olvidar que hay en el flamenco un repertorio clásico, centenario, que tiene mucho público, y que a muchos artistas solo les interesa ese repertorio y desean cultivarlo sin más pretensiones que disfrutar recreando los tesoros que nos legaron nuestros mayores. Qué clase de “complejo de superioridad” lleva a algunos a volver siempre con la cansina canción de renovarse o morir? Que si los puristas esto, que si lo otro. Algunos, yendo en contra de lo que ellos llaman purismo, han encontrado su tabla de salvación, las más de las veces para ocultar su mediocridad. Dejad en paz a la gente, haced vuestro camino y Dios dirá. ¡Pesaos!

 

 

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Musicólogo de Vigo (Galicia). Investigador y profesor. Amante de la música. Enamorado del flamenco. Y apasionado de La Viña gaditana.

1 COMMENT
  • EDUARDO ABRIL 15 septiembre, 2021

    Seguimos donde estabamos, Complicado opinar después de todo lo leído, Todas las opiniones y puntos de vista llevan parte de razón. Será que el arte ni se mide ni se pesa ? Salud para todos.

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