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Lo que el 2019 se llevó

Un paseo sin nostalgia por el flamenco de este año que acaba

Que se acaba el 2019. Anda, que no lo has visto venir. Si te están felicitando las Navidades desde el puente de los Tosantos. Y eso qué es, que yo no soy de Cádiz. La festividad de Todos los Santos, niño, el uno de noviembre. Uno de octubre en El Corte Inglés. Así se te pasa el año, viviéndolo todo por adelantado. Bueno, mira los de la Bienal de Flamenco de Sevilla, ya tienen cartel y todavía no han dicho ni pío de la programación. A estos les coge el toro, te lo digo yo. Por cierto, la de la estampita tirada por los suelos, la que Rocío Molina deja estrozaíta con su taconeo deconstructor. La de los labios regordetes colorados. Esa es Rosalía, ¿no?

Me dicen que te resuma el flamenco del 2019 en cuatro trazos, pero sin deconstruir. No sé si ha sido bueno o malo, o todo lo contrario. Ha sido un año de ausencias, como todos. Y un año de pérdidas, como casi todos. Un año de efemérides, a ti que te gustan tanto los recordatorios. Las más importantes, las de La Niña de los Peines y Pepe Pinto. Cincuenta años ya desde que se apagaron las luces de su casa en la Alameda de Hércules. En menos de dos meses se fueron los dos, una detrás del otro, como había presagiado por soleá aquella preciosa letra de El Carbonerillo:

 

Antes que Dios nos aparte,
tendremos que ir los dos
tú detrás y yo delante,
a la sepultura iremos
antes que Dios nos aparte.

 

Y, aunque dos son pareja, y tres son multitud, hubo quien no los quiso perder de vista y los siguió cuatro días después. También hemos celebrado su cincuentenario en 2019. Se trata de Bernardo el de los Lobitos, el mejor cantaor que ha dado Alcalá de Guadaíra (Sevilla), con permiso, y sin permiso también, de Joaquín el de la Paula. Me quedo con otras dos efemérides, para abreviar. Los veinte años sin el inolvidable cantaor jerezano Luis de la Pica, y los cuarenta desde que Camarón de la Isla dejara para la posteridad el disco de La leyenda del tiempo. Yo no me acuerdo, ni tú tampoco, pero tuvo que ser digno de ver a esos gitanos rompiendo el vinilo a las puertas de los grandes almacenes.

De cincuenta en cincuenta. Dos bodas de oro celebradas por todo lo alto. Los cincuenta años de carrera profesional de Juanito Villar, al que sus compañeros homenajearon el 13 de noviembre en el Gran Teatro Falla de Cádiz. Y otros cincuenta años de gloria de la Peña Flamenca Los Cernícalos, en Jerez de la Frontera. Hay quien se ocupa él mismo o ella misma de celebrar sus aniversarios con una gran gira de conciertos. Como Miguel Poveda, y sus treinta años sobre los escenarios. O Sara Baras, que le ha recordado al mundo, con una impresionante gira internacional, las veinte temporadas que lleva con su propia compañía. Hasta El Capullo de Jerez cantó con Rosalía hasta caer rendido, qué pesao, quillo, en el homenaje que él mismo se dio en Sevilla para conmemorar sus bodas de oro con el cante.

 

«No sé si ha sido bueno o malo, o todo lo contrario. Ha sido un año de ausencias, como todos. Y un año de pérdidas, como casi todos. Un año de efemérides, a ti que te gustan tanto los recordatorios»

 

Un año de pérdidas, claro. Porque en junio se nos fue el insustituible Fernando de la Morena, que dejó a Jerez mudo y enlutado desde San Miguel a Santiago. De Santiago era el cantaor Fernando Gálvez, una de las pocas voces que quedaban de la época dorada de los tablaos madrileños. Nos dejó en octubre, a los setenta y nueve años de edad. En marzo sacó boleto para el paraíso el gran cantaor de Linares (Jaén) Gabriel Moreno. Cantaor largo y sabio, un verdadero maestro que nos dejó una interesantísima discografía. En septiembre nos dejó otro sabio del cante, Manuel Monje Cruz, el hermano mayor de Camarón y de Jesús Monje El Pijote. También fallecieron en 2019 el cantaor y guitarrista Rafael Sola, que ha sido el mayor exponente del flamenco en Baza (Jaén). El granadino Tony Maya, gran cantaor para el baile en las compañías de Lola Flores, Rocío Jurado, Paco de Lucía o Antonio Gades. Especialmente dolorosa ha sido la pérdida de la joven cantaora visueña Inmaculada Martín, que murió en agosto a los treinta y cuatro años tras una larga enfermedad.

El 2019, un año de polémicas. Si es que todo os sienta mal, vaya. Que si no os gusta Ricardo Pachón como director del Instituto Andaluz de Flamenco, que ha estado meses y meses sin director y no ha pasado nada. Que si la Noche Blanca del Flamenco en Córdoba se ha gastado casi todo su presupuesto en contratar a una cantante catalana que canta muy bien, pero que no es flamenca. Que si han cesado de modo fulminante, o de modo sin fulminar, a Arcángel como director de la Cátedra de Flamencología de Córdoba. Que si verás cómo David Pino lo hace mucho mejor. Que mira qué sin sentido lo que han hecho con los profesores del Conservatorio Superior de Córdoba. Los han echado, no porque el musicólogo Faustino Núñez no sepa de flamenco. No porque Manolo Franco no sea un maestro excelso de la guitarra. Los han despedido por no tener la titulación requerida. Fíjate tú el despropósito, que Faustino es el autor del temario del que se van a examinar los candidatos a sustituirlos. Y qué me dices de los Premios Grammy. Que han expulsado al flamenco, como si fuera el último mono de la música. Porque no han presentado veinticinco discos a las nominaciones. A partir de ahora, somos música folk y popular. Total, como siempre.

Toca el apartado de premios y reconocimientos. Vístete de gala para la reina de la soleá, la bailaora Manuela Carrasco, que ha obtenido el Premio Compás del Cante 2019, el conocido como Nobel del flamenco. Y Rancapino Chico, premiado con el Nuevo Compás, la modalidad para jóvenes. La Musa de Oro ha sido para Antonio Carrión, hoy por hoy el tocaor más en forma de los circuitos. Y un año extraordinario para el guitarrista José Fermín Fernández y el cantaor Francisco Escudero Perrete, premiados ambos este año en La Unión y en el Concurso Nacional de Córdoba. Sin olvidar el reconocimiento especial para el flamenco en la concesión de las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes a María Vargas, el Pele, Víctor Monje Serranito, la Peña Flamenca El Taranto y la Peña Flamenca La Platería de Granada.

Venga, chiquillo, que se te echa la Nochevieja encima. Solo destacar varios puntos. El papel importantísimo que la mujer ha tenido en el flamenco en 2019. Como en la Fiesta de la Bulería de Jerez, dedicada por completo a ella. O el Ciclo Dedicado a la Mujer Gaditana en el Flamenco, que por decimotercer año consecutivo organiza la Peña Juanito Villar en Cádiz. El nacimiento, también con polémica, de la I Bienal de Cante de Jerez. El éxito de público y crítica de la VI Bienal de Arte Flamenco de Málaga. La gran gira nacional Por mi amor al arte, de Alonso Núñez Rancapino Chico. El éxito sin paliativos de Pedro el Granaíno, María Terremoto y Manuel de la Tomasa, que se han alzado a la cima de los artistas más solicitados en peñas y festivales. Imposible nombrarlos a todos, que me perdonen los no nombrados. La publicación por Carlos Martín Ballester de las obras completas de Tomás Pavón, con dos cantes inéditos. Y ya, embriagado de buenas noticias, el regreso a primera línea de María Vargas, Carmen de la Jara, María Jiménez

No quiero terminar sin mencionar la apertura en Jerez de la Frontera de la primera tienda de Expoflamenco. Desde el 4 de noviembre los aficionados al flamenco y los coleccionistas de quejíos y curiosidades tienen su espacio en la calle Corredera, 2, en el corazón del casco histórico jerezano. Y como dice tu niño, adiós 2019. Hola 2020.

 

 

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Filólogo madrileño. Media vida en Sevilla. Centinela de las palabras. Lo jondo le acelera peligrosamente el corazón.

2 COMENTARIOS
  • Paco de Cái 31 diciembre, 2019

    Buen artículo, a mi que tanto me gusta los recordatorios, pero son cosas de esta vida, unos va y otros vienen, pero los que se van siempre deja algo bonito para seguirlo aunque ya no esté con nosotros.
    Yo como me gusta los recordatorios para recordar pongo sus músicas y leo lo que otros escribe sobre la historia de los que ya no está con nosotros.

  • Luis Pérez 4 enero, 2020

    Gracias, Paco.

    Tienes razón, los que ya no están merecen ser recordados, por todo aquello que aportaron a nuestras vidas. Por sus acciones, o por sus obras musicales. Ahí estaremos nosotros, mientras podamos.

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