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Comienza la grabación del primer disco de Rancapino Chico, ‘Por mi amor al arte’

Alonso Rancapino Núñez hace algo que nunca nadie ha hecho. Una triple carambola que implica la grabación de una ópera prima, durante un recital privado en compañía de unos pocos escogidos: cabales, artistas y amigos

No somos tan pocos. Somos legión. En este momento hay miles de aficionados que cambiarían sus zapatos por los nuestros. Nos dijo que estaríamos, primus inter pares, desde antes del alumbramiento de su primer disco. Que la grabación tendría lugar en un sitio muy especial, con personas de su gusto, gente de arte. Qué vas a decir, qué puedes contar, si te acaba de cantar al oído esa maravilla de soleá que aparecerá en su disco, en mitad de una prueba de sonido. Nunca a mi ley falté, palabra de Alonso, aquí me tienes, aquí estoy.

El lugar parece sacado de la misma orilla de un romance soñado por Antonio Mairena. En lo alto de la comarca de los Alcores, salpimentado de olivos y palmeras centenarias, bailan los pavos reales unos aires viejos de familia. Es la Huerta de la Paz (Vereda de San Agustín, Mairena del Alcor, Sevilla), testigo de ciento y un sones y experimentado refugio de grabaciones pasadas. Desde el mismo umbral uno se da cuenta, todo parece estar en su lugar para recoger los cantes en su justo sitio, para recortar y alargar los tercios según convenga. Puro arte en los pulmones, desde los cabellos de plata de su propietario, el gran pintor, escultor, ceramista, y hasta modelador de vivencias, Antonino Parrilla, y el cariño desvivido de toda su familia. Es un salón amplio, repleto de recuerdos familiares, cuadros y esculturas desgajadas de su dueño para conformar un espacio donde sólo hay lugar para el arte, arte en madera, madera por tallar en la antesala del cante.

Todo está pensado para crear las condiciones necesarias para que salte el duende o, en su caso, su compañero de tertulias, el ángel. Ése que no sale ni a palos cuando nos empeñamos en llamarlo desde la otra cara del metacrilato de un estudio de grabación al uso. O tal vez, sí que aparezca, pero no porque se le llame. Rancapino Chico conoce bien a este ente escurridizo, se lo ha descrito su padre Alonso decenas de veces. No va a presentarse porque lo llames, no, ni nadie sabe cómo ni cuándo, pero sí cuándo no. He llamado a gente buena, a gente del arte, a mis amigos, padre, a los tuyos, a aquellos a los que admiro desde lo más profundo de mi conciencia artística. A los que quiero, a mis titos, a los gitanos, a los que no lo son, a nuestros amigos, a la prensa, que son los que nos ayudan a estar donde estamos.

Mis palmeros, lo mejorcito de Jerez, aquí a mi lado: Manuel Cantarote, José Rubichi, el gran Manuel Pantoja Carpio Chicharito. Un vendaval o una brisa, cómo los quieres, siempre a compás, claro está. Palmas sordas, redoble, contratiempo, falta terminología para describir cómo se acoplan esos tres pares de manos para llevar en volandas a su capitán.

¿Qué traes de guitarra? La mitad ya lo sabían nuestros lectores, Antonio Higuero, de Jerez de la Frontera, el fiel compañero de Alonso, infatigable escudero en mil contiendas por nuestra geografía. Suena la sonanta de Antonio, y uno no encuentra un lugar mejor donde quedarse a vivir, eso no es nuevo, ya te lo oí decir, qué quieres, si es la verdad. Y la sorpresa mejor guardada, contamos con la guitarra de Paco León, del Puerto de Santa María, veintisiete años, madre mía, si no cabe ni a cinco años por cuerda, y parece, no, no lo parece, que ya es un maestro del toque de acompañamiento. Y Diego Magallanes, que cuando te acompaña al piano ya uno no quiere volver nunca solo a casa.

Ahora te cuento lo bueno, espera, mira quién viene, llegan los maestros, aquellos que me han hecho crecer con su sabiduría y la admiración que yo les tengo, el gran Juanito Villar, lágrimas como garbanzos caían por su cara escuchando por tangos a su sobrino, Antonio Cortés Chiquetete, Vicente Soto Sordera, Nano de Jerez… Compañeros de nuestro tiempo, como la cantaora malagueña Antonia Contreras, y no podía olvidarme de la prensa, picha estás en todo, desde el gran Manuel Bohórquez o el famoso Carlos Herrera, hasta los compañeros David Montes, María Larroca, Luis Ybarra o Juan Garrido, compañero de ExpoFlamenco.

Por lo demás, nada podía salir mal. Actuaron como anfitriones Domi Serralbo Gamero, productor artístico, sobre cuyos hombros recae la responsabilidad de que todo esté a punto en el improvisado estudio de grabación; y Almudena de la Maza, productora ejecutiva y auténtico sostén financiero del proyecto.

Alonso Rancapino Núñez pretende realizar algo que nunca nadie, que sepamos, ha hecho. Una triple carambola que implica la grabación de una opera prima, durante un recital privado en compañía de unos pocos escogidos: cabales, artistas y amigos, principalmente, articulado en tres sesiones en tres días consecutivos. Y el rodaje de un vídeo documental sobre el desarrollo de dichas sesiones, que tiene que convivir con las necesidades de la acústica o de la actuación en directo. Rizando el rizo desde el primer minuto.

Los cantes, la interpretación, los vellos de punta, los cardenales tras cada pellizco, se quedan para los que allí estuvimos. Para ustedes el producto final, la razón de todo esto: un disco de cante jondo que quedará para siempre en la memoria de los buenos aficionados. ​

 

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Filólogo madrileño. Media vida en Sevilla. Centinela de las palabras. Lo jondo le acelera peligrosamente el corazón.

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