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La situación flamenca en «La Puente» (I)

Cada pueblo o ciudad con una importante y arraigada tradición flamenca posee su propia idiosincrasia a la hora de vivir lo jondo. Localidades, entre otras, como Jerez, Sevilla, Utrera, Málaga, Mairena del Alcor o Cádiz, conservan una larga y fecunda tradición jonda, que les obliga a conservarla y cultivarla a través de sus instituciones públicas - ayuntamientos, diputaciones… - y

Cada pueblo o ciudad con una importante y arraigada tradición flamenca posee su propia idiosincrasia a la hora de vivir lo jondo. Localidades, entre otras, como Jerez, Sevilla, Utrera, Málaga, Mairena del Alcor o Cádiz, conservan una larga y fecunda tradición jonda, que les obliga a conservarla y cultivarla a través de sus instituciones públicas – ayuntamientos, diputaciones… – y entes privados – peñas, asociaciones culturales… -, estas últimas con los componentes añadidos del disfrute y – sería lo ideal – el aprendizaje. Todas ellas mantienen sus particularidades – mayor o menor número de  peñas, aficionados variopintos, diversidad artística, talante de los dirigentes políticos… -, mas también, a mi entender, unas coincidencias más o menos acusadas: una historia flamenca; una afición minoritaria, dividida y, en ocasiones, enfrentada entre sí, además de – en esto sí que coinciden todos –  muy perseverante y obcecada en sus postulados flamencos; peñas con enormes dificultades – económicas, relacionales, intergeneracionales… – para salir adelante;  y una clase política – el alcalde/esa y/o el concejal/a de turno – que, por regla general y a pesar de destinar importantes recursos económicos del erario público a lo jondo, no suele – honrosas excepciones, haberlas haylas – desarrollar una programación jonda sensata y fundamentada por no tener ni pajolera idea de esto, creyéndose además – y esto es lo más grave; lo anterior, si se aplica el sentido común,  no tiene  por qué representar un hándicap –  los Reyes o Reinas del Mambo del flamenco en sus respectivas poblaciones, no admitiendo consejos, ni muchísimo menos el menor atisbo de crítica,  de personas cualificadas, más allá de los de sus serviles pelotas y oportunistas – me refiero a algunos representantes artísticos – estos últimos  disponibles sine die para sacar tajada.

Puente Genil no es una excepción en este panorama que dibujo. Como aficionado y pontanés me vais a permitir que, con un talente constructivo, mas honesto y directo, os haga una radiografía de la situación del flamenco en La Puente. Una situación, como todo en esta vida, con sus luces y sombras, que os voy a tratar de desgranar de la manera más breve posible.

Comencemos con la tradición flamenca. Las primeras noticias flamencas relacionadas con Puente Genil nos llegan hace más de un siglo con cantaores como Niño del Genil, El Seco o el moronense Diego El Tenazas, considerado en Puente Genil como un pontano más. Cantaores todos ellos nacidos en las últimas décadas del siglo XIX, que sembraron la semilla de todo lo que vino después. A partir de aquí, se ha ido enhebrando una de las tradiciones flamencas, si la comparamos con la de poblaciones de parecidas dimensiones, más importantes del panorama andaluz, cuyos protagonistas son personajes como los hermanos Hierro – Juan y Manuel -, Perico Lavado, Maestro Chicano, Antonio Ranchal, Jiménez Rejano, Frasquito, El Duende, Cortezas, Vicente Cáceres, Rufino Rivas, etc. con el punto álgido de Antonio Fernández Díaz Fosforito, uno de los más grandes maestros de la historia del cante. Una tradición, en la actualidad, sustentada con artistas de la categoría de Julián Estrada o David Pino, y removida por jóvenes como Jorge Vílchez, Carolina López, Cortecitas, o Álvaro Martín. Mas no solo en el cante ha destacado La Puente, en guitarra no nos quedamos atrás con, entre otros, Manolo Santos o Antonio Centenera, y los jóvenes Antonio Cáceres, Jesús Zarrias, Mariano Delgado, Juani Lavado, Paco Moya Hijo, Rafael Ortega, Sisco Cortés y Víctor Serrano, todos ellos, en diferentes niveles y diversas formas, nutriendo con la sonanta a nuestra sonoridad flamenca. Al cante y al toque debemos de añadir el baile. Si bien nunca hemos tenido un bailaor o bailaora de talla nacional, sí que disfrutamos de varias y asentadas academias de baile, cuyas profesoras desempeñan una encomiable labor con centenas de niños y niñas. Destacaría a dos jóvenes profesoras/bailaoras que, a poco que tengan un pelín de suerte, desarrollarán una buena carrera artística: Rocío Moreno y María Jesús Cortés. En el ámbito de la flamencología y divulgación intelectual del cante, función tan necesaria en este arte, la figura de Ricardo Molina se torna en prominente. Otros como el hace poco fallecido Jesús Pérez, Emilio Pozo o Andrés Alcaraz, también, en diferentes foros y formas, han educado y guiado a los jóvenes en los secretos de lo jondo. Actualmente, debemos de estar atentos a Miguel Ángel Jiménez Valverde, que hace más de un año recuperó para la historia local y flamenca a un cantaor olvidado:  Antonio Sánchez Niño del Genil, y que promete continuar, de una manera muy solvente, con la senda de la investigación. En los últimos años, hemos disfrutado de un programa didáctico en Onda Cero denominado Aula Flamenca – desgraciadamente ya extinguido – y nos hemos asomado a internet con la plataforma Puente Genil con el Flamenco, uno de los grupos pioneros, en esto del Facebook, de debate y análisis del fenómeno flamenco, además de una ventana abierta al flamenco pontanés.  No me olvido de dos jovencísimos palmeros payicos – los hermanos Gamero – que llevan el compás en la sangre, acompañando en la actualidad a figuras de la talla de Jesús Méndez o Antonio Reyes. En el ámbito de los cantes, dos son los ofrecidos al acervo musical jondo: el Zángano flamenco y la Saeta Cuartelera.

En cuanto a la afición, no difiere en demasía de la que nos encontramos en el resto de localidades flamencas. Minoritaria y diversa. Quizás, y en esto se diferencia tangencialmente con las de otros lugares, destaca por su fragmentación, al no existir una asociación o peña fuerte que la integre, encontrándose muy desestructurada, entaifada y adormecida.  Como en todos sitios, hay muy buenos aficionados, otros no tanto, mas con el denominador común del disfrute del cante. Y hasta ahí, ya que, por regla general, no es una afición a la que le guste formarse a través de conferencias, seminarios o lectura de bibliografía

 

Continúa en La situación flamenca en «La Puente» (II)

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Álvaro de la Fuente Espejo

 

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