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La situación flamenca en «La Puente» (II)

Con las peñas entramos en el peliagudo asunto del asociacionismo flamenco, que en Puente Genil es muy peculiar.

…Continuación de La situación flamenca en “La Puente” (I)

Las personas, en los pueblos y ciudades, necesitamos asociarnos y compartir, colegiadamente, intereses y gustos, constituyendo el objetivo prioritario de sus peñas o demás asociaciones. En Puente Genil, como consecuencia de su fortísima tradición samanasantera, esta necesidad aparece satisfecha con los cuarteles o corporaciones bíblicas. Son mas de setenta cuarteles, con una media de treinta y cinco integrantes en cada uno, que articulan su vida social – fiestas, vivencias, aficiones, tradiciones… -, viéndose nuestra vida flamenca absolutamente condicionada. Por este motivo, es muy difícil que arraiguen peñas flamencas potentes. El maestro Fosforito, por eje, ya no tiene ninguna, y, en la actualidad, existen dos peñas flamencas, que cuentan con la encomiable e imprescindible colaboración económica del Ayuntamiento, en honor a dos cantaores locales: la Peña Frasquito y la Peña Vicente Cáceres, esta última situada en una de nuestras aldeas, concretamente en la de Sotogordo.  De la primera – de un mérito tremendo al celebrar hace poco su treinta aniversario –  formo parte de su junta directiva, y os aseguro que pervivimos a muy duras penas. En cuanto a las aldeas, conviene destacar que históricamente han nutrido de aficionados y artistas al pueblo, además de organizar cada año un buen festival y diversos actos flamencos. En cuanto a las tabernas, en las pocas que quedan ya no se cultiva lo jondo, mas en el pasado sí, y mucho. Tabernas como, entre otras, las de La Rana, la del Tiri o la de Perico Lavado quedarán para siempre en la memoria colectiva de los buenos aficionados como preclaros centros generadores de afición y cultivo de este maravilloso arte.

Y concluimos con la clase política, el sector de todo el entramado del flamenco que más juego da como consecuencia de lo que, en general, se ha convertido esta música en Andalucía:  un arte clientelar sustentado, nos guste o no, por las subvenciones. Algo que me parece bien, siempre y cuando se sustancien en un sistema de asignación equitativo y responsable, fundamentado en el conocimiento y sentido común, y no en el compadreo, el partidismo, la ignorancia e incompetencia. En Puente Genil, desde siempre, los diferentes ayuntamientos han apoyado al flamenco, destinando un buen porcentaje de recursos económicos con el firme convencimiento – así lo creo – de que es una manifestación cultural que nos define como pueblo. El Ayuntamiento actual no es una excepción, algo destacable y de agradecer.  Pero ¡ojo!: una cosa es la actitud y otra, bien distinta, la aptitud, es decir, una cosa es querer, y otra, poder. En los últimos años, en Puente Genil funciona una Concejalía de Promoción y Desarrollo de Flamenco encargada de gestionar el flamenco institucional, centrada fundamentalmente en organizar el Festival de Cante Grande Fosforito, el concurso de cante Membrillo de Oro y, este año, un concurso de saetas. Anteriormente, este papel era protagonizado por el Concejal de Festejos de turno. Lo de menos, evidentemente, es el nombre y apellidos de la delegación municipal responsable de la gestión jonda, lo importante es su contenido, y en Puente Genil, cuanto menos en la actualidad, no existe por parte del Ayuntamiento – una realidad más que palpable y comentada entre muchos aficionados pontanos – una programación anual flamenca consistente, seria, fundamentada y bien estructurada. Se va un poco a salto de mata, de manera improvisada, para salir del paso. Por no mencionar la escasísima publicidad que el mismo Ayuntamiento ofrece de los actos que organiza. En cuanto al Membrillo de Oro, que, en la presente edición, acertadamente, ha visto aumentada la cuantía económica de sus premios, me comentan algunos concursantes que en los últimos años la organización está dejando mucho que desear – y no me refiero al jurado -, con el añadido de una disminución del número de inscripciones de más de un cincuenta por ciento. Además, continuamente, se cambia el contenido del primer premio – grabación de disco o participación en el Festival de Cante – demostrando, tras seis años, una sorprendente falta de ideas sobre lo que se quiere con el concurso. Y en cuanto al Festival de Cante, la joya de la corona del flamenco pontanés, si bien es cierto que mantiene el nivel de calidad artística de siempre, se desconocen los criterios utilizados para configurar el cartel, además de no otorgar, en los últimos años, participación a las peñas. Un festival, por cierto, de formato tradicional, es decir, de una sola noche y hasta que el cuerpo aguante, que acapara gran parte del presupuesto municipal anual para el flamenco. El año pasado se gastaron, aproximadamente, la nada desdeñable cantidad, según información publicitada por el mismo Ayuntamiento, de 76.000 euros con un cartel, desde mi punto de vista, muy cargado – seis cantaores más el baile – y repetitivo.  ¿No sería más apropiado rebajar el presupuesto asignado al festival, y destinar la diferencia en el diseño de más contenido flamenco – conciertos didácticos, seminarios, charlas… – durante el resto del año? En cuanto al concurso de saetas, Puente Genil, en mi opinión, no necesita de dicho evento como consecuencia de su extraordinaria salud saetera, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo.  Los recursos disponibles se deberían de destinar a lo que ya hay, pero aún muy verde, es decir:  a consolidar el Membrillo de Oro, y así potenciarlo y convertirlo, poco a poco, en el concurso que Puente Genil se merece. Por cierto, pasan los años y Puente Genil continúa careciendo – a pesar de las manidas e insistentes promesas electorales – de un lugar, de un sitio en donde, con los recursos adecuados, se fomente y cultive el flamenco desde el punto de vista intelectual, además de poner en valor su fecunda tradición flamenca. Hace un par de años se inauguró, a bombo y platillo, la Sala Fosforito con la promesa del Ayuntamiento de dotarlo con dicha utilidad. A día de hoy no es más que una sala museística sin vida alguna, más allá de la turística.

En definitiva, queridos amigos, atendiendo al proverbio bíblico, imagino que lo aquí reseñado no constituye nada nuevo bajo el sol, siendo, grosso modo, la tónica habitual en buena parte de las demás poblaciones flamencas. Es lo que hay.

Saludos flamencos.

 

Álvaro de la Fuente Espejo

 

 

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