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El abuelo y los cursos de flamenco

-Abuelo, ¿tú darías una master class de cante? -¿Eso qué es? -Un curso, abuelo, que no estás al día. -Ah, vale. No, para eso hay que saber mucho y yo solo sé para ir tirando y ser un buen aficionado. ¿Y se cobra por eso? -Claro, abuelo, y una buena pasta.  -¿Sería difícil averiguar quién fue el primer cantaor en dar una conferencia, Manolillo, tú

-Abuelo, ¿tú darías una master class de cante?

-¿Eso qué es?

-Un curso, abuelo, que no estás al día.

-Ah, vale. No, para eso hay que saber mucho y yo solo sé para ir tirando y ser un buen aficionado. ¿Y se cobra por eso?

-Claro, abuelo, y una buena pasta. 

-¿Sería difícil averiguar quién fue el primer cantaor en dar una conferencia, Manolillo, tú que eres una cucaracha de biblioteca?

-Se dice ratón, abuelo. Ratón de biblioteca, no cucaracha, que tienes mucha guasa. Creo que fue Fernando el de Triana el primero que dio conferencias de flamenco. De hecho, su famoso libro, Arte y artistas flamencos (1935), nació como conferencia en la Tertulia el Arenal de Sevilla, por encargo de Silverio Domínguez Conde, que era su presidente. Silverio Domínguez fue hijo del gran Franconetti, por si no lo sabías. Esa misma conferencia la dio Fernando en Coria y Blas Infante le pidió el manuscrito para pasárselo a máquina, que fue quien le animó a hacer el libro. De hecho, hasta le hizo un prólogo que luego no iba en el libro por razones políticas.

-¿Silverio no dio un día una charla en la Sociedad de Ganaderos de Sevilla?

-Pues no lo sé, abuelo. ¿Tú sabes algo de eso?

-Eso me dijo un día García Sanchís, quien también daba charlas de flamenco. Incluso en los teatros.

-No inventes, abuelo, que después nos dan leña. 

-No invento. Silverio era un hombre con cierta cultura y se codeaba con escritores y artistas de otros géneros. Su café era paradero de hombres de la cultura: escritores, músicos, tenores, poetas… Y toreros aficionados a las tertulias literarias. En una de esas tertulias fue donde una tarde habló Silverio sobre los cantes de Cádiz, con Paco el Barbero a la guitarra y el cante de Enrique Ortega Feria, el hijo de su gran amigo Enrique Ortega Díaz El Gordo.

-¿Y eso cómo y cuándo lo vas a demostrar, abuelo?

-Cuando se tercie, sin problema.

-¿Y qué piensas tú de los cursos esos que dan los artistas para que los guiris aprenda a dar una pataíta por bulerías?

-Mira, te voy a ser sincero. Me llama la atención que quienes dicen que el flamenco no se puede enseñar, que es un don, que hay que llevarlo en la sangre y que te lo pega tu madre en la piel cuando naces, se estén forrando dando cursos. Ya lo solté. Es una incoherencia, ¿no? Fíjate qué cosas. Artistas gitanos diciendo que para cantar, bailar o tocar la guitarra con duende hay que ser gitano, y luego cobran por enseñar a los guiris.

-Tienen derecho a ganarse la vida, abuelo, que está la cosa muy mala.

-Indudablemente, pero no deja de ser una incoherencia, ¿no?

-Ya verás la que te van a dar. Y a mí por pincharte.

-Tranquilo, que no pasará nada.

-Y si pasa, que pase.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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