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Honores al gran Manolete

Por mis años, 61, he tenido la suerte de ser testigo de una época de grandes bailaoras y bailaores, la que va desde los setenta a la actualidad. Es decir, los últimos cuarenta años. Ver bailar sobre un escenario y en la intimidad, en fiestas, a bailaoras como Pilar López, Matilde Coral, Angelita Vargas, Manuela Carrasco, Pepa Montes, Milagros Mengíbar

Por mis años, 61, he tenido la suerte de ser testigo de una época de grandes bailaoras y bailaores, la que va desde los setenta a la actualidad. Es decir, los últimos cuarenta años. Ver bailar sobre un escenario y en la intimidad, en fiestas, a bailaoras como Pilar López, Matilde Coral, Angelita Vargas, Manuela Carrasco, Pepa Montes, Milagros Mengíbar y La Yerbabuena, y a bailaores como Antonio, Enrique el Cojo, Antonio Gades, Farruco, Rafael el Negro, Juan Montoya, Mario Maya, El Güito, Paco Vega, Dieguito el de la Margara, Pepe Torres y Farruquito, ha sido un privilegio.

Farruco es aún un dios para mí, aunque ya no esté. Fuimos grandes amigos, aunque no muchos años, los justos para entender su personal manera de vivir y bailar. Él y Mario Maya han sido para mí la base del baile que me gusta, Farruco, por su pureza y frescura gitana. Y Mario, por su talento, compromiso y capacidad creadora. Si me gusta el baile con locura, quizá más que el cante y la guitarra, es en parte por estos dos genios a los que traté mucho y adoré por encima incluso del baile.

Entre los dos coloco a otro bailaor que me ha gustado siempre mucho, el granadino Manolete, amigo también y gitano elegante y buena gente donde los haya. Granadino castizo, es de los bailaores más grandes no solo de esa tierra, sino de la historia del flamenco. Mezcla de técnica, arte y oficio, su farruca es como una sinfonía en movimiento. Pero al margen de la farruca, que es el baile que siempre solemos destacar los críticos, Manolete es capaz de brillar en cualquier palo del baile porque nació para bailar. No me lo imagino haciendo otras cosas: estar detrás de un mostrador, vender en un mercadillo, dirigir una empresa o jugar al fútbol. Lo ves en el escenario o andar por una calle cualquiera y enseguida sabes que es bailaor o torero. Si acaso, torero.

Manuel Santiago Maya, que así se llama desde 1945, nació en el Sacromonte granadino y es hermano de un gran guitarrista, Marote. Tras buscarse la vida por las cuevas de su barrio natal, se fue a Madrid siendo un adolescente y fue allí donde se hizo profesional del baile viendo bailar a Gades, Mario Maya o El Güito. Desde entonces no ha parado de bailar, de montar espectáculos y de crear coreografías. A Mario Maya no le sentaba nada bien que le llamaran bailaor, a secas, porque siempre creyó que era algo más que eso. “Bailaor es cualquiera”, me dijo una mañana mientras desayunábamos en un bar del Prado de San Sebastián, en Sevilla. No sé si le pasa lo mismo al maestro Manolete, pero también es algo más que un bailaor. Es un gran coreógrafo.

Me he alegrado mucho que vaya a recibir un gran homenaje en Granada, en concreto el día 28 de marzo y en el Palacio de Congresos. Con un cartel, por cierto, casi inmejorable. Manolete no merecía menos, por llevar Granada por todo el mundo y amar a su ciudad como pocos.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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