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Letras en la memoria

No sé cuándo escribí mi primera soleá, pero creo que la hice para Antonio Mairena con motivo de la primera y única vez que estuve en su casa de la sevillana calle Padre Pedro Ayala, en el barrio de Nervión.

No sé cuándo escribí mi primera soleá, pero creo que la hice para Antonio Mairena con motivo de la primera y única vez que estuve en su casa de la sevillana calle Padre Pedro Ayala, en el barrio de Nervión. Como sabía que estaba preocupado por las soleares de Alcalá, por la pérdida de su pureza y la falta de buenos intérpretes, compuse esta:

El cante por soleá 
vive puro entre los vientos 
y al pasar por Alcalá 
se muere de sentimiento.

Se la di escrita a mano en un papel, la leyó un par de veces y, ante mi asombro, la cantó marcando el compás con los nudillos en la mesa de su salón, donde tomábamos un café que nos había servido muy amablemente su hermana Rosario. Al acabar de interpretarla me preguntó que si cantaba y le respondí que sí. “Es que está medida, se nota que la ha escrito un cantaor”, me dijo. Se quedó con ella para cantarla en algún sitio, me comentó, pero jamás se la escuché cantar. Murió cinco años después y supongo que la soleá estará entre sus papeles.

El Niño de Fregenal también cantó un fandango que escribí para él, aunque ya con la voz muy enferma:

Con sabor a caramelo, 
son sus besos de canela. 
Con sabor a caramelo. 
Lo sabe Sevilla entera, 
que como yo la camelo 
no encontrará quien la quiera.

Le dije que lo había hecho al estilo de El Peluso, y me espetó: “Pues yo no canto al estilo de nadie”. Entonces, con un hilo de voz, cantó el fandango a su estilo y por lo bajini en presencia de Antonio el Sevillano y el guitarrista Antonio Sanlúcar. Antonio fue un gran letrista, sobre todo de fandangos, y recuerdo que comentó: “Esa letra la hubiera cantado El Carbonero, que estaba siempre enamorao”.

Si me preguntaran que a qué cantaor, de todos los tiempos, le hubiera escrito un fandango, contestaría sin titubear que a Manuel Vega El Carbonero, que es uno de mis cantaores favoritos. Creo que le hubiera escrito este fandango que compuse hace años:

Una goma de borrar 
para borrar los recuerdos. 
Una goma de borrar. 
Los recuerdos y los besos 
ya no le sirven de nada 
a un corazón medio muerto.

El cantaor sevillano le cantó como ningún otro cantaor al desamor. Siendo solo un adolescente tuvo una novia en la Macarena, que lo dejó. Sufrió tanto por ese hecho que le cantó decenas de fandangos. Me gustan todas sus letras –escritas o no por él–, pero esta es la que más me conmueve:

Como el mármol me quedé 
me enteré que te casabas. 
Como el mármol me quedé.
A Dios le pido llorando 
que tú te cases y vaya bien 
aunque yo muera rabiando.

Ya no hay cantaores que se mueran de amor en un fandango.

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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