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Sevilla se olvidó de Pepe Pinto

Sevilla es una de las cunas del cante flamenco –decir que es la cuna no sería correcto, porque están ahí Cádiz y Jerez–, la ciudad donde han nacido o se hicieron artistas cantaores y cantaoras como Silverio, José Lorente, la Niña de los Peines, Manolo Caracol, Tomás Pavón, Manuel Vallejo, el Niño de Marchena, El Carbonerillo, Antonio Mairena, Manuel Centeno,

Sevilla es una de las cunas del cante flamenco –decir que es la cuna no sería correcto, porque están ahí Cádiz y Jerez–, la ciudad donde han nacido o se hicieron artistas cantaores y cantaoras como Silverio, José Lorente, la Niña de los Peines, Manolo Caracol, Tomás Pavón, Manuel Vallejo, el Niño de Marchena, El Carbonerillo, Antonio Mairena, Manuel Centeno, Bernardo el de los Lobitos o Fernanda de Utrera, entre otros.

Uno de sus artistas más grandes fue José Torres Garzón, Pepe Pinto, el hijo de Carmen Garzón Pinto, La Pinta, que dicen que bordaba las saetas sevillanas. El Pinto nació el día 22 de julio de 1903, en la calle Torrijiano, en la Macarena, aunque en su partida de nacimiento consta que fue en Monederos, nº 6, paralela a esta, en el mismísimo Barrio de la Macarena. Pero su hermana Teresa me aseguró que fue en Torrijiano, donde está desde hace décadas la peña flamenca más antigua de Sevilla, Torres Macarena.

En esta popular calle creció también otro cantaor macareno, José Rodríguez El Colorao, y vivió durante años, donde murió, el gran Niño de Fregenal. La Macarena fue un arrabal de Sevilla, un puñado de casas fuera de la ya extinta muralla, y en esas cuatro casas había una manera de cantar, sin duda con la influencia del Barrio de la Feria y la Alameda de Hércules, que junto con Triana son los barrios más flamencos de Sevilla.

Pepe Pinto creció en la Macarena y fue lo que llamamos un niño prodigio del cante. Él y El Carbonerillo, que aunque nació en la calle Sol, en San Julián, se hizo macareno para toda la vida, salieron juntos a cantar y formaron una revolución por fandangos cuando eran aún muy jóvenes. Sin embargo, el Pinto no tuvo al principio una gran vocación artística, así que se aburrió pronto y se dedicó a otras cosas, convirtiéndose, cuando era solo un adolescente, en un hábil croupier solicitado por los mejores casinos de España.

Solo cuando fue prohibido el juego en España, decidió grabar discos, en 1929, cuando era conocido por Pepito Torres El Pinto. Y fue entonces cuando se hizo primera figura del cante, en una época, además, en la que no era fácil porque había muchas primeras voces, entre otras, Caracol, Vallejo, Cepero, Marchena y la Niña de los Peines, de quien estuvo enamorado desde muy joven y no solo como cantaora. La conoció en Arahal (Sevilla), cuando era croupier de su casino, pero hasta 1933 no se casó con ella.

Su unión a Pastora Pavón fue fundamental para que cambiara su manera de cantar, pasando de ser un fandanguero brillante, con un estilo preciocista, a dominar ya otros palos de la baraja flamenca. Su gran amistad con sus cuñados Arturo y Tomás Pavón fue crucial para descubrir el mágico mundo del cante más jondo. El también cantaor Antonio el Sevillano llegó a decirme que Pinto no aprendió a cantar hasta que no formó parte de esta familia cantaora de Sevilla, “porque aprendió a respirar”.

Pero don José Torres, que amó con locura a Pastora, se volcó demasiado en ella, en su mujer, creando sus espectáculos, hasta el punto de desatender su propia carrera artística. Cuando estalló la Guerra Civil española de 1936, ambos se refugiaron en Madrid, donde las pasaron canutas. Y solo cuando acabó la guerra decidió convertirse en un importante empresario, ganar mucho dinero, entre otras cosas para retirar a Pastora de los escenarios, algo que quiso hacer casi siempre.

En 1949 se gastaron todos los ahorros en crear para ella España y su cantaora, obra que constituyó un gran fracaso económico y que fue la despedida de la cantaora de los escenarios, cansada por llevar tantos años viajando y desencantada de cómo cambió el cante. Retirada Pastora, el Pinto se volcó más en él y llegó a montar muchos espectáculos de gran éxito, en los que sacó a bastantes artistas nuevos.

Murió la noche del 5 de octubre de 1969, y cincuenta días más tarde, su amada esposa. Inexplicablemente, Sevilla se olvidó de Pepe Pinto, uno de sus más grandes cantaores y artistas. No hay nada en la capital andaluza que lo recuerde. Dejó una gran obra discográfica y un recuerdo imborrable, pero nada más. Ojalá algún día sea reconocido y se le haga la justicia que merece.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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