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​Taranto de Oro para El Pañero

Reconocer el arte de Perico el Pañero con una distinción como el Taranto de Oro me parece un gran acierto por parte de la directiva de la Peña Taranto de Almería.

El Taranto de Oro no es un galardón más. Es un premio que concede una de las mejores peñas flamencas del mundo, la del Taranto de Almería, y de las más antiguas. Esta entidad flamenca de la bella Almería le ha concedido la distinción a un gran cantaor y bailaor de Algeciras, Perico el Pañero, afincado precisamente en aquella provincia, aunque damos por hecho que no habrán tenido en cuenta esto a la hora de concederle tal honor, sino su calidad y arte. Perico es ahora mismo uno de los artistas más carismáticos del cante jondo, un cantaor que no es para la gran mayoría, para la masa, sino más bien para una minoría que sabe distinguir entre la pureza y lo comercial.

El Pañero es puro. Sí, puro.

Me gusta seguir llamando puros a los artistas del corte de este espigado cantaor gitano, porque me encanta que existan artistas con tanta naturalidad y arte genuino, en un género con tanto forraje. Entiendo que en el arte debe haber también negocio y una parte comercial. Lo hay en el cante flamenco, el cine, el teatro o la literatura. Pero la crítica seria y, sobre todo, los aficionados cabales no debemos dejarnos llevar por esto y apostar siempre por la calidad y lo auténtico. Recuerdo cuando Antonio Mairena se lamentaba de que cantaores como Tomás o Juan Talega se hubieran muerto sin apenas reconocimientos. Él mismo, Mairena, habría acabado pobre y arrinconado si no le hubieran dado la Llave de Oro del cante en Córdoba por el empeño de su íntimo amigo Ricardo Molina Tenor, el gran escritor y poeta de Puente Genil.

No es que pretenda comparar a Perico con Tomás o Juan, pero pertenece a ese grupo de cantaores raros, delicados, que no están hechos para la masa. Perico lleva tiempo subiéndose a los escenarios y cuando está a gusto sabe estar y moverse muy bien en la tarima. Pero donde se mueve como pez en el agua es en un cuarto o en una reunión de buenos aficionados, con más o menos personas. Si son pocas, mejor que mejor. Hay un vídeo que circula desde hace tiempo por las redes sociales en el que canta y baila con Pepe de Pura a la guitarra, que debería estar en todas las universidades del mundo. Ese vídeo en el que le sale al encuentro para rivalizar con él uno de sus discípulos, El Purili de La Línea, otra rareza del cante y el baile gitanos.

Reconocer el arte de Perico el Pañero con una distinción como el Taranto de Oro me parece un gran acierto por parte de la directiva de la peña almeriense. El artista está contento y supongo que también todos sus seguidores, que son ya muchos en toda España e incluso fuera de nuestro país. Esto le va a servir para que se anime y le compense mantenerse en su línea de cantaor puro, en unos tiempos en que tanto se apoya lo comercial en los medios de comunicación de masas. No hay muchos premios que reconozcan el arte y la labor de los artistas más modestos, de ahí que este tenga un gran valor.

He escuchado a Perico solo dos o tres veces sobre un escenario y me ha encantado. Pero ardo en deseos de meterme con él en una buena reunión de cabales, porque me aburre ya casi todo el flamenco comercial. Estoy en un plan que no aguanto nada más que lo que me conmueve. Felicidades, maestro.

 

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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