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Treinta y cinco años sin el Maestro

Se van a cumplir treinta y cinco años de la muerte de Antonio Mairena, uno de los diez o doce cantaores más influyentes de la historia.

Se van a cumplir treinta y cinco años de la muerte de Antonio Mairena, uno de los diez o doce cantaores más influyentes de la historia. Murió el 5 de septiembre de 1983 y estuve en su entierro, que fue en su pueblo, donde hay que decir que no siempre fue un cantaor admirado. Fue a raíz de que le dieran la Llave del Cante en Córdoba, en 1962, cuando empezó a ser querido por sus paisanos, y, sobre todo, después de su muerte. Esto no lo digo por crear polémica, sino porque es totalmente cierto y el maestro se llevó algunas heridas a la tumba, como saben bien los aficionados más viejos de Mairena del Alcor, donde nació este gran artista, en 1909, en la plaza que hoy lleva su nombre, la Plaza de las Flores, donde están el Ayuntamiento y la Casa del Arte Flamenco.

Antonio Mairena no lo tuvo fácil en su propio pueblo. Su padre, Rafael Cruz Vargas, gitano de El Coronil (Sevilla), se casó con la gitana mairenera Aurora García Heredia y de esa unión nació Antonio Cruz García. Rafael estaba emparentado con la Niña de los Peines, tanto con su padre como con su madre, algo que Antonio se encargó de dar a conocer. Pastora y él tenían amistad, aunque en la relación hubo momentos tensos por diversos problemas. También con Arturo, el hermano mayor de Pastora y Tomás, del que Antonio no habló mucho, aunque siempre reconoció que era un buen cantaor. Tuvieron sus diferencias.

Cuando Antonio recibió la Llave del Cante, se creó en Mairena un festival entre flamenco y folclórico que llevaría pronto su nombre, en vista de que se había convertido por fin en primera figura del cante. Antes de la Llave no lo era, digan lo que digan sus seguidores y biógrafos. El festival se convirtió pronto en la principal referencia andaluza del buen flamenco. Se celebraba en la Plaza de Jiménez Sutil, un lugar hermoso rodeado de casas blancas con tejas. Allí se celebraron noches memorables de arte jondo, siempre con Mairena como figura y mandón. Luego se fue a la Academia, en los setenta, donde viví grandes noches de cante cuando tenía solo veinte años y era ya un mairenista convencido, aunque jamás milité en esta cofradía gitano-andaluza.

El Festival de Cante Jondo Antonio Mairena no es ni la sombra de lo que fue en aquellos años. Empezaron a perder los papeles cuando se fue el maestro y nadie con cabeza se hizo cargo de su dirección. No hay dirección en este festival, algo verdaderamente inexplicable. Y así va. El cartel de este año es un despropósito, porque no representa para nada el espíritu de Mairena pueblo y del Mairena cantaor. Irá público, porque el festival sigue atrayendo a aficionados y nostálgicos, pero eso no es todo. Quiero decir que no es lo más importante, aunque interese en el Ayuntamiento para luego presumir.

El Concurso de Cante Jondo Antonio Mairena tuvo el mismo destino: existe, pero sin fuerza alguna, a pesar de la voluntad que le ponen los de la Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena, peña sobre la que recae la responsabilidad de la organización de un certamen que durante años fue el mejor junto con el de Córdoba. Hoy es uno más de cuantos hay en toda Andalucía.

A pesar de todo, cientos de aficionados vienen desde fuera para disfrutar de estos días flamencos de Mairena. Bienvenidos.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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