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A Pedro Peña, con cariño

Pedro Peña es un señor, alguien que dignifica el arte flamenco con su participación tanto en los escenarios como fuera de ellos. Es un ejemplo de amor a su pueblo y a sus antepasados, de los que habla siempre con verdadera veneración. El Instituto de Cultura Gitana le concede un merecido premio.

Hoy es el Día Internacional de los Gitanos y me he acordado de Manuel Molina, al que quería y admiraba sin fisuras. Aún lo quiero y lo admiro, porque solo se va lo que se olvida y es imposible olvidar a Manuel. Me he acordado también de otros muchos gitanos a los que he conocido a lo largo de mi vida y a quienes he admirado en lo artístico y querido en lo personal. Jamás ninguno de ellos me llamó racista, como hacen ahora algunos gitanos jóvenes que malmeten con el racismo en el flamenco, que jamás conocí. Me pasa igual que con el machismo, exactamente lo mismo.

El otro día me alegré de que le dieran un premio al guitarrista y cantaor Pedro Peña, por parte del Instituto de Cultura Gitana, porque además de ser gitano, este lebrijano lleva toda su vida comprometido con la causa de los gitanos andaluces. Puedo estar o no de acuerdo con sus teorías sobre el origen del flamenco, pero quiero a Pedro desde hace muchas décadas y lo admiro como guitarrista, cantaor y aficionado. Alguna vez lo he criticado y jamás me ha negado el saludo ni ha puesto mala cara, porque Pedro es un hombre educado, culto y defensor de la libertad de expresión. No puedo decir lo mismo de algunos que se creen que son más gitanos que nadie y que me han amenazado por defender el papel del artista no gitano en este arte.

Que me llamen racista no me ofende, porque sería como reconocer que lo soy. Quizá no haya un investigador flamenco en el mundo que haya investigado tanto a los gitanos y a las gitanas en su relación con el arte jondo, y ahí están las hemerotecas y mis aportaciones, que no voy a enumerar aquí. Pedro Peña es un señor, alguien que dignifica el arte flamenco con su participación tanto en los escenarios como fuera de ellos. Es un ejemplo de amor a su pueblo y a sus antepasados, de los que habla siempre con verdadera veneración. Por tanto, este premio es muy justo y más que merecido.

Lo celebro con una soleá que he creado esta misma mañana dedicada al maestro de Lebrija, al hijo de mi admirada María la Perrata:

Gitano de la Perrata,
profesor de cal y bronce,
flamenco de los de raza.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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