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¡Dejad tranquilos a los muertos!

¿Qué problema hay en que se analicen las obras de los artistas? Ninguno. En el caso de Antonio Mairena, sigue vivo precisamente porque no se ha dejado de hablar o de escribir sobre él desde que murió. Bien y mal, claro. No hay obra perfecta, ni la de Dios.

Hace tiempo, alguien molesto porque se estuviera hablando de Antonio Mairena en un conocido programa de radio que dirigí hace muchos años, El duende y el tárab, entró en directo por teléfono y gritó: “¡Dejad tranquilos a los muertos!”. Estábamos de tertulia y analizábamos la obra discográfica del maestro de los Alcores. Eso sí, con espíritu crítico. Sigue pasando esto, sobre todo en las redes sociales, donde en cuanto pones algo de este importante cantaor que se salga del elogio fácil o el botafumeiro se te echan encima. No pasa solo con Mairena, sino con Marchena, Caracol o Camarón.

Existe una entrevista a Chacón, de Bagaria, en la que pone de vuelta y media a compañeros suyos como fueron Juan Breva o el Canario de Álora, porque, según él, habían contribuido a la desaparición del cante gitano. Cuestiona lo que hicieron los dos astros malagueños. Y no pasa nada por eso. Mairena, por poner otro ejemplo, era muy crítico con sus compañeros, tanto públicamente como en privado, y ello le granjeó algún encontronazo. En privado dijo cosas muy fuertes, que están grabadas, sobre artistas que no voy a nombrar porque lo hizo de manera privada y se montaría el mingo.

 

«En cuanto pones algo en las redes sobre Antonio Mairena que se salga del elogio fácil se te echan encima. Pasa también con Marchena, Caracol o Camarón»

 

Lo peor que les podría pasar a Mairena, Caracol o Marchena es que no se hablara o escribiera de ellos ni para bien ni para mal. Hay decenas y decenas de grandes cantaores que cayeron en el olvido, quizá injustamente. ¿Se escribe sobre Juan Varea, Pepe el Culata o El Gloria? Y fueron tres cantaores extraordinarios. Pero no llegaron a ser de la altura de los citados en las primeras líneas, ni por asomo. Ninguno revolucionó nada ni ejerció una gran influencia en otras generaciones de artistas, como hicieron Chacón, Marchena, Manolo Caracol o Antonio Mairena.

Enrique Morente ha sido quizá el artista del cante más criticado del último medio siglo. Hablando de esto, me dijo un día, dos años antes de su muerte: “Prefiero que analicen mi obra ahora, que estoy vivo, porque sé que cuando esté muerto van a ser más benevolentes”. No ha habido jamás una cabeza tan ágil y clara como la del maestro granadino.

¿Qué problema hay en que se analicen las obras de los artistas? Ninguno. En el caso de Mairena, sigue vivo precisamente porque no se ha dejado de hablar o de escribir sobre él desde que murió. Bien y mal, claro. No hay obra perfecta, ni la de Dios. Y Mairena, Caracol, Marchena y Camarón eran seres humanos, con las virtudes y los defectos de las personas.

 

 

Antonio Mairena, sujetando a Camarón por la cintura para que no se alejara de su escuela. Pero el genio isleño quería andar su propio camino.

Antonio Mairena, sujetando a Camarón por la cintura para que no se alejara de su escuela. Pero el genio isleño quería andar su propio camino.

 

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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