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El abuelo y las dinastías flamencas

¿Es verdad, como aseguran algunos estudiosos, que el flamenco nació en un grupo de familias gitanas de los inicios del siglo XIX?

–Abuelo, ¿es verdad, como aseguran algunos estudiosos, que el flamenco nació en un grupo de familias gitanas de los inicios del siglo XIX? Es una teoría muy arraigada en el gitanismo. En Triana, por ejemplo, el cante gitano era cosa de los Pelaos y los Caganchos, y poco más.
–Algo hay de cierto en eso. Pero fíjate en una cosa. Antes de que nacieran Manuel Cagancho y Juan Pelao, estaban ya en Triana Frasco el Colorao, que no era de ninguna dinastía cantaora, y El Fillo, que llegó dos o tres años antes de nacer Silverio, sobre 1828.

–Pero supongo que antes de eso habría cantaores y cantaoras en el arrabal sevillano, ¿no es así?
–Sin duda, aunque no está bien documentado. Si reflexionas un poco, en la famosa fiesta que relató Estébanez Calderón en 1842, de un baile en Triana cuatro años antes, los artistas que participaron en esa fiesta no eran trianeros. Me refiero a los más relevantes: El Planeta, Juan de Dios, El Fillo, El Jerezano…

–Pues sí que es cierto, abuelo. Pero algo habría, ¿no?
–Sin duda alguna. Lo que pasa es que antes de esa fecha, aunque había quienes se ganaban la vida cantando y bailando, no había profesionales de renombre en Triana y, si los había, actuaban solo en fiestas privadas. A mediados del XIX, un tal Peicker organizaba visitas de turistas a Triana para que asistieran a sesiones de bailes, pero por lo que sé eran fiestas boleras. Y a las fiestas de Sevilla, como el llamado el Baile de los ingleses, donde bailaban boleras como La Campanera y La Nena, siempre iban unas gitanas de La Cava a animar esas fiestas, que bailaban algo distinto a la escuela bolera. Creo que esa fusión fue determinante en la creación del baile flamenco.

–¿Y no iban cantaores de Triana a esas fiestas?
–Parece que no, que solían ir Sartorio, José Perea, El Peinero y Juraco, entre otros. Y supongo que Silverio, antes de irse a América. Algo más tarde, el célebre José Lorente y Enrique Prado.

–¿Cuál es la dinastía más importante del flamenco?
–La de los Ortega de Cádiz, sin la más ligera duda, que se inició con El Gordo Viejo y llega hasta nuestros días. Manolo Caracol fue su figura más importante, pero antes de que él naciera lo fueron Enrique Ortega Feria El Gordo y su hermana Gabriela, la madre de Rafael y Joselito El Gallo. El Fillo y El Nitri eran también de esa influyente familia. Luego, se cruzaron los Ortega con los Monge de Cádiz, El Planeta, y siguen saliendo artistas importantes, entre otros, el gran bailaor Rafael Ortega Monge, hijo de Manuel Ortega Feria y de Manuela Monge Fernández, una nieta malagueña del Planeta.

–¿Y no hubo dinastías castellanas, o sea, no gitanas?
–Claro que las hubo, pero a Demófilo no le interesaron. El Maestro Pérez, el gran guitarrista sevillano, tuvo a tres hijos artistas: Juan Antonio, que fue guitarrista puntero; Manolito, un bailaor de tronío; y Lola, una bailaora que murió muy joven, la esposa del cantaor Juan Trujillo El Perote. El famoso Niño Pérez, el que grabó discos de pizarra con Vallejo, era hijo del bailaor Manolito Pérez. O sea, que era una familia de artistas con mucho peso en Sevilla, donde se han olvidado de ellos por completo.

–Supongo que en Jerez hubo también algunas dinastías importantes, ¿no?
–Por supuesto. La de Paco la Luz tuvo su importancia y llega también hasta nuestros días. La Serrana y La Sordita, sus hijas, eran figuras en Sevilla. Luego, ya sabes: El Sordera y sus hijos, Vicente, El Bo, Enrique y Sorderita. Y José Mercé, su sobrino. Los Zambos, también. Y la saga continúa. Otras sagas fueron las de Juan Junquera y los Marrurros. Más tarde, la de los Loretos, siendo Joaquín Lacherna el más importante. Después de él, Manuel y Pepe Torres, La Jeroma, La Malena y Currito el de la Jeroma, entre otros. Y ya sabes que José el de la Tomasa y Tomás de Perrate son de esa casta flamenca. El Tomasa, nieto de Pepe Torres. Y Tomás de Perrate, de Manuel.

–¿Y en las demás provincias andaluzas también hubo dinastías?
–En todas. Los Habichuelas, por ejemplo, son una dinastía de guitarristas punteros, con Juan y Pepe Habichuela como los más importantes. Y en Córdoba, los Onofres. Los Negros de Ronda, otra saga de artistas, con La Andonda y Aniya la Gitana como las más conocidas. Sin olvidar a Diego del Gastor, cuyos sobrinos son excelentes guitarristas también, como Paco, Juan y Dieguito. Del Puerto de Santa María fueron las Coquineras, cuatro hermanas que armaron un lío en los cafés de Sevilla, sobre todo Antonia, Josefa y Milagros. Y de Rota, las célebres Roteñas, Concha, Antonia y María.

–O sea, abuelo, que esa teoría de que todo se fraguó en un grupo de familias es para ser estudiada a fondo, ¿no crees?
–No te quepa la menor duda. Y no hemos hablado de la dinastía de Popá Pinini, que llenó Utrera y Lebrija de artistas: Bastián Bacán, El Lebrijano, Miguel Funi, Pedro Bacán, Pedro Peña, Fernanda y Bernarda,  Pepa la de Benito, Inés Bacán… O la de los Mairena, con tres grandes cantaores, como fueron Antonio, Curro y Manuel Mairena.

–Esto merece otro día, ¿verdad?
–Claro, Manolillo. Tenemos que hablar de los Morente.

–Ojú, abuelo. Un tema delicado.
–¿Por qué dices eso? Los tres hijos del maestro son artistas, gustos al margen. Estrella es una primera figura.

–Vale, pero el tema se las trae.

 

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Arahal, Sevilla, 1958. Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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