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El escozor de la Llave del Cante a Mairena

Es lógico pensar, y decirlo, que Ricardo Molina y los demás organizadores se inventaran el pretexto del Concurso Nacional de Córdoba para darle la Llave a Antonio Mairena. Cuesta escribir algo sobre este asunto sin tener problemas con los mairenistas, como me ha pasado en los últimos treinta y cinco años.

Hace unos días publiqué en Facebook una fotografía hecha en Córdoba, en 1962, la que pueden ver sobre estas líneas, en la que Antonio Mairena aparece junto al pintor Capuleti, su hermano Manolo, Tomás Torre y El Cano, el hijo de Juan Talega, entre otros artistas y aficionados. Mairena acababa de ser galardonado con la III Llave del Oro del Cante en un concurso que solo sirvió de tapadera, el III Concurso Nacional de Córdoba, porque Ricardo Molina, el prestigioso poeta y flamencólogo de Puente Genil, lo preparó todo para dársela a Mairena, al que, curiosamente, conocía desde hacía solo tres o cuatro años, según Fosforito, que fue quien los presentó.

Cuenta el maestro de Córdoba que cuando le habló de él se pensó que era Pepe Mairena, el que cantaba lo de la Ovejita lucera. O sea, que no tenía ni idea de quién era Antonio Mairena, porque a finales de los cincuenta Ricardo tenía otros gustos en el cante. El mismo Ricardo escribió en 1958 que le habló de él un amigo médico, Justo Rodríguez, pero seis o siete años antes de que los presentara Fosforito, así que algo hay que no cuadra. Lo cierto es que Ricardo Molina se enamoró del cante de Mairena y se refería a él cuando hablaba o escribía como “el más fiel y profundo intérprete del cante jondo”. De ese tiempo, claro, fines de los cincuenta, con artistas vivos aún como Pepe Marchena, Manolo Caracol, la Niña de los Peines, Pepe Pinto o Juan Varea, entre otros.

Está claro que Molina se puso a trabajar en la carrera de Antonio Mairena y que se inventó lo de la III Llave del Cante para dársela a él. Pero, ¿cómo le iba a dar la Llave a un cantaor que no era ni mucho menos la gran figura del cante en esos momentos, ni un cantaor de consenso? Y fue cuando propuso al Ayuntamiento de Córdoba que se entregara en el III Concurso Nacional de Cante Flamenco. Se redactaron las bases del certamen y se podían presentar cuantos aficionados y profesionales lo desearan. Se presentaron muchos cantaores a las pruebas de selección, pero no hubo criba para los profesionales.

Antonio el Chocolate fue uno de los que le disputaron la llave a Mairena, pero porque lo mandó el representante Jesús Antonio Pulpón contratado en 25.000 pesetas, como él mismo confesó: “Yo trinqué mi dinero y me queé tranquilo, porque yo positivamente sabía ya que eso era pa Antonio”. También lo sabía Fosforito: “A mí me llamaron desde el Ayuntamiento, contratao en cinco mil duros, y Antonio Mairena iba sin cobrar nada porque estaba predestinao…”.

Conocido esto, solo unos apuntes, es lógico pensar, y decirlo, que Ricardo Molina y los demás organizadores se inventaran el pretexto del Concurso Nacional de Córdoba para darle la Llave a Mairena. Cuesta escribir algo sobre este asunto sin tener problemas con los mairenistas, como me ha pasado en los últimos treinta y cinco años. He dicho cosas muy buenas sobre el gran cantaor, pero solo aparecen los mairenistas cuando digo algo negativo, según ellos. ¿Por qué va a ser negativo contar la verdad, y la verdad es que Ricardo Molina Tenor lo preparó todo para darle la Llave a su íntimo amigo y admirado cantaor? Se la podría haber dado a la Niña de los Peines, a la que ya homenajearon en Córdoba en 1961, pero no lo hizo. Eligió a Mairena para que metiera el cante por esa escuela, el clasicismo, y le salió bien la jugada porque el maestro mairenero abrió una nueva etapa en el cante jondo o gitano-andaluz, como él lo llamaba. Antonio fue la primera figura veinte años, los que iban desde 1962 hasta su muerte, en 1983.

¿Cómo cantó Antonio en el concurso? Su hermano Curro confesó que lo vio bien, aunque no tan bien como en otras ocasiones. Gustaron más otros cantaores como Fosforito y el Platero de Alcalá, pero en las bases se exigían unos estilos que muy pocos cantaores conocían. Algo tuvo que ver el propio Antonio Mairena en que se exigieran esos estilos de seguiriyas, tonás y soleares, como me confirmó Amós Rodríguez Rey, el cantaor y flamencólogo de Cádiz, quien se carteaba con Ricardo Molina, y algunas de sus cartas son ahora de mi archivo.

Todo es cuestionable, y también se puede cuestionar la labor de Antonio Mairena. Incluso su manera de cantar. Se cuestionan las de Chacón, Marchena o Valderrama, ¿por qué no la de Mairena? Pero hay algo que es incuestionable: que don Antonio Cruz García, Mairena, era un estupendo cantaor y un aficionado de una pasión desmedida por el cante flamenco. Me gusta mucho el cantaor y algo menos el flamencólogo. Prometo ahondar más si cabe en su obra cantaora y no entrar tanto en su otra obra, que me parece nefasta por manipuladora.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

1COMENTARIO
  • Antonio Carmona Fernández 23 julio, 2019

    Decir por ejemplo que Juan Ramón Jiménez es un gran poeta pero que su teoría poética es manipuladora es una contradicción elocuente.
    Por no decir otra cosa.

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