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El flamenco es vida, no una fábrica

El verdadero flamenco se diferencia de otras disciplinas artísticas, como la danza clásica o contemporánea, en que hay que tener vivencias, además de condiciones innatas.

Lo de aprender flamenco es como una calentura en todo el mundo. Esto tiene su lado bueno y su lado preocupante, sobre todo porque no todos los artistas pueden enseñar un arte tan complejo y para el que, además, se necesitan unas aptitudes innatas. Se corre el riesgo de que este arte tan difícil acabe vulgarizándose, como ocurrió hace años con las sevillanas, género que tiene poco que ver con el arte jondo. Una cosa es cantar, tocar la guitarra y bailar bien y otra totalmente distinta formar, tener capacidad docente, conocer los mecanismos de la enseñanza. 

Para que se esté produciendo este fenómeno en todo el mundo han tenido que juntarse dos circunstancias: que el flamenco fuera reconocido por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y que llegara una crisis económica brutal, con recortes en la cultura. Por tanto, también en el arte flamenco. Muchos intérpretes han visto amenazado su nivel económico y han decidido ejercer de docentes, dando cursos a diestro y siniestro tanto en el país del flamenco como en otros países. Intérpretes que en algunos casos no solo no están preparados para enseñar, sino que necesitarían ser instruidos. No sé si este asunto precisaría ser regulado de alguna manera, porque se está yendo de las manos.

El flamenco ha tenido siempre sus escuelas o academias, desde sus mismos orígenes, dirigidas por maestros de reconocida solvencia como, por ejemplo, refiriéndonos a Sevilla, los boleros Manuel y Miguel de la Barrera o Amparo Álvarez La Campanera, discípula de ellos. Ellos formaron a Ángel Pericet y al Maestro Otero, y estos a varias generaciones de artistas y profesores. Eran maestros y maestras que conocían muy bien el baile y también la guitarra y el cante. Esto es, la música. Estaban legitimados para enseñar, como lo están hoy los grandes maestros y las grandes maestras. Pero no lo están quienes lo hacen por pura necesidad económica, por salir de la crisis. Y esto nos puede llevar a crear una futura nómina de artistas poco preparados y a que quieran vivir del arte flamenco hasta los municipales, cuando esto ha sido siempre de personas con el don del compás, de la voz profunda, de la emoción y el pellizco. La técnica es importante y se puede aprender a base de machacar en el estudio, pero hay cosas que no se pueden aprender en un curso o en una master class. El verdadero flamenco se diferencia de otras disciplinas artísticas, como la danza clásica o contemporánea, en que hay que tener vivencias, además de condiciones innatas. El flamenco es vida, no una fábrica.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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