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El flamenco salva los muebles

Estamos capeando el temporal a pesar del desastre, y esto dice mucho en favor de un arte que ha vivido tiempos duros otras veces, como la Gripe Española, de hace un siglo, o la Guerra Civil de 1936.

El coronavirus ha estado a punto de acabar con el flamenco, pero lo he dicho muchas veces: los flamencos son supervivientes natos. En el Ayuntamiento de Sevilla le echaron valor a la cosa y programaron La Bienal, que se está celebrando con aforos limitados, pero con bastante público. Si no trabajan, los flamencos no comen. Y no solo los flamencos, sino las personas que viven de este arte y que no cantan, bailan o tocan la guitarra. Son los representantes, los técnicos de sonido y luces, los montadores de escenarios, los periodistas especializados, etc.

El arte flamenco mueve lo que algunos ni imaginan y, a pesar de lo que aportan al Estado, los profesionales se mueven en la cuerda floja ante el más mínimo problema. Y si el problema es una pandemia como esta, una de las crisis más fuertes de la historia de España, se pueden imaginar por lo que están pasando muchos profesionales, sobre todo los que no han llegado a tener solvencia económica, que son la mayoría. Si les está afectando a los de arriba hasta el punto de crear una asociación, Unión Flamenca, para reclamar ayudas, ya me dirán cómo les estará afectando al resto.

 

«El problema de los tablaos sigue ahí y no parece tener una salida fácil. Es un verdadero drama, porque no será posible salir adelante sin los tablaos. Y sin las peñas, de las que nadie habla, pero que son también fundamentales»

 

Por eso tiene una gran importancia que algunos festivales les hayan echado valor a la crisis, a pesar del riesgo que se corre al programar y que un rebrote en la localidad lo eche todo abajo. La idea de que los aficionados puedan seguir estos festivales por Internet es buena, aunque el resultado no esté siendo el que se esperaba. Ojalá solo sea algo temporal, porque no me imagino el futuro de este arte tan caliente y pasional sobreviviendo mediante la frialdad de la técnica en lugares como Casabermeja o Mairena del Alcor, que han celebrado sus festivales y, por lo que sabemos, con buenos resultados.

La clave para la supervivencia de este arte tan nuestro va a estar en si llegará vivo al próximo verano, que seguro que sí, porque no está claro que vaya a haber festivales, salvo que haya una vacuna efectiva, algo improbable. El problema de los tablaos sigue ahí y no parece tener una salida fácil. Es un verdadero drama, sin duda, porque no será posible salir adelante sin los tablaos. Y sin las peñas, de las que nadie habla, pero que son también fundamentales.

Estamos salvando los muebles a pesar del desastre, y esto dice mucho en favor de un arte que ha vivido tiempos duros otras veces, como la Gripe Española, de hace un siglo, o la Guerra Civil de 1936. Aquí cabría decir, en tono de humor, que bicho malo nunca muere.

Imagen superior: flamenco en la Casa de la Memoria, Sevilla – Foto: perezventana

 

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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