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¿Esto es lo que hay?

Uno de los debates flamencos más frecuentes de nuestros días es el de si hay o no grandes figuras del cante. O si las figuras del momento crean o son solo buenos copistas. Pero al margen de estas consideraciones, creo que lo que de verdad hay que hacer es disfrutar de lo que hay.

Uno de los debates más frecuentes de nuestros días es el de si hay o no grandes figuras del cante, como las había, por ejemplo, hace cuarenta años. Cientos de aficionados han dejado de ir a los festivales de verano porque añoran a aquellas grandes figuras de esa época, unas ya desaparecidas y otras de capa caída. Sin embargo, cientos o miles de jóvenes van a estos festivales de los pueblos y, por supuesto, acuden a otros festivales como la Bienal, el Festival de Jerez o el de las Minas de La Unión. Para estos jóvenes, las figuras de hoy son los que encabezan casi todos los carteles: Jesús Méndez, Antonio Reyes, Marina Heredia, Rocío Márquez, Pedro el Granaíno, Rancapino hijo y otros muchos.

Ellos no entran en comparaciones, porque no vivieron la época citada. Por tanto, disfrutan más que quienes sí la vivimos y no hemos olvidado cómo cantaba Fernanda de Utrera en el Potaje o el Gazpacho de Morón. La nostalgia del pasado es a veces un impedimento para disfrutar el presente. Una de las últimas veces que hablé con Antonio Mairena me dijo que añoraba la época en la que él empezaba, cuando iban a su pueblo Manuel Torres y el Niño Gloria y se quedaban vacías las tabernas. Y algo parecido le pasaba a Juan Valderrama, que echaba de menos a Marchena, Vallejo, Pastora y el Pinto. Creo que esto es algo lógico. Yo mismo echo mucho de menos a Morente, Lebrijano, Fernanda, la Paquera y Camarón.

 

«No soporto ya a los cantaores de oficio que cantan como si jugaran al dominó y solo hablan de gilipolleces en las redes sociales»

 

Otro de los debates es si las figuras del momento crean o son solo buenos copistas. Hay que decir que crear, lo que se dice crear, lo han hecho muy pocos a lo largo de la historia del cante, dos o tres de cada generación. Los demás han sido buenos copistas o excelentes intérpretes. Recordemos que para un gran entendido del cante como fue Fernando el de Triana, Tomás Pavón solo fue un buen copista, y hoy lo consideramos uno de los grandes genios del cante jondo. Si repasamos la discografía de los sesenta y setenta, la de todos, llegaremos a la conclusión de que había más copistas o buenos intérpretes que creadores. El que no imitaba a Mairena copiaba a Marchena o a Caracol, con excepciones bien conocidas.

Es innegable que hay una desidia general en el cante, que los aficionados se aburren bastante en los festivales, unas veces por excesiva añoranza de épocas pasadas y otras porque no encuentran nuevas voces que les duelan. Yo mismo decidí años atrás apartarme un poco de los festivales de verano porque estaban acabando con mi afición, por no decir mi paciencia. Me aburría ya como una ostra y no solo por la añoranza, sino porque con los años me he vuelto quizá demasiado exigente e insensible al vocerío imperante. Claro que me gustan mucho los que cantan bien, tengan o no un sello, pero el problema que veo es más de actitud artística. Me gustan los locos del cante, los raros, los que viven y sienten cantaor. Y, sobre todo, los que tienen el don. No soporto ya a los cantaores de oficio que cantan como si jugaran al dominó y solo hablan de gilipolleces en las redes sociales.

Pero al margen de estas consideraciones o reflexiones personales, creo que lo que de verdad hay que hacer es disfrutar de lo que hay. Es lo que hicieron nuestros padres y abuelos: disfrutar de lo que tenían, del cante de su época. Y también de lo grabado en épocas anteriores. Yo, por ejemplo, disfruto mucho escuchando discos de pizarra en casa. Tanto como escuchando lo nuevo de Jesús Méndez, Antonio Reyes o Arcángel. Otra cuestión es que me queden fuerzas para aguantar cinco horas en un festival de verano y que, encima, venga uno y ponga el disco en el escenario. Creo que para eso me he hecho demasiado mayor.

 

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Arahal, Sevilla, 1958. Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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