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Fuera los flamencos de los conservatorios

¿Podría ser yo un buen profesor de cante? Soy capaz de cantar todos los palos del cante y todas las variantes de cada palo. Sin duende y sin arte, pero eso es lo de menos.

Es lamentable que hayan despedido del Conservatorio Superior de Música Rafael Orozco de Córdoba a dos grandes guitarristas y docentes como son Manolo Franco y el Niño de Pura, que llevaban años en esa casa. Esto me da pie para contar algo que me pasó hace años. Daba yo una conferencia en Málaga y ese día no solo aporté datos investigados por mí sino que apunté algunos cantes. Alguien se acercó y me dijo estas palabras: “Usted podría dar clases de historia del flamenco y cante en algún conservatorio”.

Me prometió que lo iba a gestionar. Y un día me llamó y me dijo que sí, que ya había encontrado el sitio perfecto para que empezara a dar clases con un buen contrato laboral. Y me dijo: “Manuel, me tienes que mandar algún cartel en el que aparezcas como cantaor”. Le dije que no había cantado jamás en un festival o una peña, digamos, como profesional. “Es que sin eso no vas a poder entrar a trabajar aquí”, me dijo. Y ahí se acabó la historia.

 

«En dos horas, con unas cervecitas y taquitos de jamón, salió de casa cantando mucho mejor. Y sabiendo quiénes fueron Ramón el Ollero, La Andonda, La Bilbá, La Sarneta y Frijones»

 

¿Podría ser yo un buen profesor de cante? Soy capaz de cantar todos los palos del cante y todas las variantes de cada palo. Sin duende y sin arte, pero eso es lo de menos. Podría sentarme frente a un joven cantaor o una joven cantaora y, tras escucharlos, decirles cómo tendrían que mejorar la colocación de la letra, la cuadratura o la respiración. Si tienen que alargar o no un tercio o cómo controlar la melodía para que no la descompongan en algún esfuerzo. En fin, ayudarles a mejorar. ¿Podría hacer yo ese trabajo?

Podría, pero no podría. Llevo cuarenta años escribiendo de flamenco, tengo una docena de libros publicados y he investigado miles de horas de mi vida. Dispongo, creo, de uno de los mejores archivos de flamenco del mundo. Pero no tengo ningún título universitario. Ni siquiera el certificado de estudios primarios. Cosas de la vida. Por tanto, si quisiera dar clases de flamenco en alguna institución pública o privada, algo que aún no sé si me gustaría o no, no lo podría hacer.

Podría poner una escuela en casa y tener alumnos que me pagaran cien euros al mes. Con veinte, ganaría una pasta. Más que escribiendo. No lo voy a hacer porque lo que me gusta es escribir, ser periodista, y no me veo enseñando. Creo que no es fácil enseñar a alguien a cantar, por ejemplo. Sí a mejorar su forma de hacer los cantes.

Un día estuvo en casa una cantaora y me pidió que le diera mi opinión sobre cómo hacía algunos cantes por soleá. Cantó en casa y me di cuenta de que era un desastre, que no acababa bien los tercios porque expulsaba el aire antes de tiempo, que no se sabía bien las letras y, sobre todo, que no cantaba a compás por soleá, y si no se canta a compás una soleá, no es soleá. En dos horas, con unas cervecitas y taquitos de jamón, salió de casa cantando mucho mejor. Y, además, le dije quiénes fueron Ramón el Ollero, La Andonda, La Bilbá, La Sarneta y Frijones.

Pero esto, que se llama experiencia, vivencias o trabajo, no sirve de nada si no tienes un título.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

4 COMENTARIOS
  • Francisco 27 septiembre, 2019

    Titular dañino y ventajista para hacer daño gratuitamente. El Conservatorio no expulsa a «los flamencos» como usted indica, porque sigue habiendo flamencos dentro de él y muy buenos, y además con titulación superior y máster. Es una pena que hayan salido del Conservatorio estos dos fueras de serie pero deberían de haberse adaptado a los tiempos que corren y haberse preocupado por su situación.

  • Francisco Viedma Vílchez 28 septiembre, 2019

    Respuesta:
    Sr. Francisco:
    Reflexione lo que dice: dice que “estos dos deberían haberse adaptado a los tiempos y haberse preocupado por su situación”
    Cuando el Conservatorio acuerda incluir en su oferta de enseñanzas la titulación de Guitarra Flamenca, en ese momento no existía esa titulación, eran los primeros. Para poder comenzar se acude a estos dos profesionales, entre otros, como Profesores Especialistas (dado su curriculum profesional, su reconocimiento artístico y los premios que los avalan).
    Han estado desde 2005 dando clases, examinando y firmando actas en dicho Centro, lo que ha motivado que hubiera un alumnado formándose, con las enseñanzas de estos) y al final hayan podido obtener un título académico.
    Quien no reconoce los tiempos es la Consejería de Educación:
    -Estos dos Profesores están avalados por su prestigio como profesionales y los años de docencia, 15 años, que han motivado la aparición de titulados en Guitarra Flamenca.
    -Fueron los primeros profesores, en esa época cuando se contratan, no existía la titulación Superior de Guitarra Flamenca.
    -Si ahora no se reconocen como Profesores, no se consideran idóneos, deslegitiman su labor anterior, por lo tanto las titulaciones obtenidas basándose en las Actas firmadas por ellos deben carecer de validez, por lo tanto esos títulos no serían inválidos, al estar acreditados por un profesorado no idóneo, según la Consejería. (Nosotros creemos en la validez de los títulos y en la idoneidad y legitimación de estos Profesores. Es la Consejería de Educación la que no respeta los tiempos y cae en estas contradicciones)

  • Jesus Garcia Solano 29 septiembre, 2019

    Vamos a ver. Qué titulación sobre guitarra flamenca tiene el Sr, o los señores de la Consejería de Educación para permitirse el lujo de hacer juicio de lo que no saben ni papa. Posiblemente no hayan tenido en sus manos nunca una guitarra ni han intentado tocarla. Que yo sepa, los grandes de la música como Beethoven, Mozart, Liszt, no tenían títulos universitarios. Me viene a la memoria aquel programa de TVE, UN MILLON PARA EL MEJOR (1970), donde se presentaba el bedel de la Universidad de Barcelona, D Secundino Gallego, y por sus conocimientos en ornitología ganó un millón de pesetas de aquella época. Pero lo mejor no fue esto, sino que la Universidad por «vergüenza torera» le concedió la plaza de Conservador del Museo de Zoología de la Universidad de Barcelona. Y no le pidieron titulación universitaria. Eso sí, en otros casos, como el que nos ocupa, el poder del cargo político le da la autoridad, al de turno, para decir tonterías y sandeces cada día. Señores de la Consejería: pónganse al día y no maltraten más la cultura con mayúscula.

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