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Jóvenes flamencos en las redes

Los jóvenes de hoy lo tienen mucho más fácil porque encienden el ordenador o el móvil y tienen ahí a sus ídolos, cerca, casi en casa. Con las redes sociales se magnifica todo y la repercusión es infinitamente mayor.

Cuando yo empezaba a ser aficionado al flamenco los jóvenes apenas leían críticas o escuchaban programas de radio dedicados a este arte. En Sevilla había dos o tres periódicos con sección fija dirigidas por críticos, y nada más. Cuarenta y cinco años después, el panorama es muy distinto. Decenas de miles de jóvenes van a los conciertos, leen portales y blogs en Internet y se empapan de todo lo concerniente al mundo de lo jondo. Les interesa mucho este género artístico, vamos, lo que celebran los artistas, que han visto ampliado el mercado de manera considerable.

Lo de las redes sociales es una revolución de nuestro tiempo, en primer lugar porque los artistas están metidos en ellas de una manera increíble. Están todos, veteranos y jóvenes de las tres facetas, críticos y flamencólogos, escritores y letristas, productores y representantes, peñistas y aficionados en general. ¿Se imaginan si hubiera una asociación que aglutinara a todos? Podrían conseguirse muchas cosas buenas para el flamenco, porque la unión hace la fuerza. Pero hay poca unión en este arte. Cada uno va a su aire. Es un mundo anárquico. Eso explica, por ejemplo, que en algunos pueblos andaluces haya hasta seis peñas flamencas, cuando si se unieran las seis podrían llevar cada semana a un buen artista y hacer muchas e importantes actividades. A lo mejor, no sé, esta anarquía es parte de la grandeza del flamenco, que es un arte diverso, con muchas escuelas, corrientes y tendencias.

Los jóvenes que están en las redes sociales se dividen entre seguidores de Miguel Poveda, Arcángel, Antonio Reyes, Jesús Méndez, Rancapino hijo y Pedro el Granaíno, en lo referente al cante. En cuanto al toque, unos se decantan por Dani de Morón y otros por Diego del Morao, por citar a dos de los más carismáticos. Esto ocurría también en los sesenta y los setenta, cuando unos seguían a Paco de Lucía y otros a Manolo Sanlúcar, sin olvidar al Niño Miguel o a Paco Cepero. ¿Algo ha cambiado? Nada, salvo que con las redes sociales se magnifica todo y la repercusión es infinitamente mayor. ¿Cuántos jóvenes de los setenta tenían acceso a Camarón o a Paco de Lucía? Hoy pueden chatear con Diego del Morao y con Antonio Reyes, declarar su amor por ellos sabiendo que les van a oír y hacerse fotos para luego presumir de que han estado en sus conciertos o compartiendo fiesta improvisada en una taberna. Decenas de miles de jóvenes suelen ser lectores de críticas cuando llega la Bienal de Flamenco, el magno festival de Sevilla. Cuelgas una crítica y a los cinco minutos la están leyendo en todo el mundo. Y no solo eso, sino que expresan con libertad sus opiniones, algo que en mis tiempos era imposible, porque había que mandar una carta al algún periódico y en la mayoría de las ocasiones no se llegaba a publicar.

Me costó meses de esfuerzo contactar con Antonio Mairena, que fue uno de mis primeros ídolos en el cante. Una noche daba una conferencia en una peña de Sevilla, asistí a la charla y cuando pude me acerqué y le confesé mi admiración. El maestro estuvo muy amable, me dio una tarjeta de visita y me invitó a conocer su casa, que era un museo flamenco. Solo estuve una vez en su residencia, en la calle Padre Pedro Ayala de Sevilla, 12, y recuerdo aquel día como el mejor de mi vida como aficionado al cante. Los jóvenes de hoy lo tienen mucho más fácil porque encienden el ordenador o el móvil y tienen ahí a sus ídolos, cerca, casi en casa.

Me llama mucho la atención, por añadir un último elemento positivo, el interés que muestran los jóvenes internautas en saber de flamenco, en diferenciar los estilos y en conocer cosas sobre los pioneros de nuestro arte. Muchos han creado foros y grupos para el debate y el conocimiento, y esto me gusta. Quizás por eso estoy en las redes sociales. Porque, además de que es una buena cantera de lectores, se aprende más de lo que algunos piensan. De los jóvenes, sí, que son el futuro de todo.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

1COMENTARIO
  • Paco Benitez 5 junio, 2019

    Pues sí lleva la razón el Sr. Bohórquez en cuanto a su artículo publicado sobre los jóvenes de hoy en día, razón de más para poner como ejemplo una anécdota que le ocurrió a este servidor allá por los años 60. Yo era un chaval de pantaloncito corto, que presumía de saber andar por la vida. Pero cerca de mi casa teníamos todos mis vecinos un Circo Gallistico en donde la concurrencia de grandes del flamenco y de la copla se reunían en ese recinto para apostar por su favorito gallo de pelea y, claro, este menda pues lo frecuentaba y hablaba con esos artistas a los que yo los idolatraba por su buen porte y gran estilo del arte que derrochaban. Llegó un día en que vi aparecer a Enrique Castellón Vargas «El Príncipe Gitano», con su hermana Dolores. A ellos le gustaba esa pugna de apostar por los peleones gallitos. Me acerqué a Dolores y le dije: buenos días, gitana guapa. Ella me miró con ese arte y al mismo tiempo con esos ojos que encandilaban al hielo, y me dijo ¿tú quién eres? Yo ni corto ni perezoso le dije: yo es que estoy enamorado de ti. Vaya risa que le dio a mi gitana. Llamó a su hermano Enrique y le dijo: ea, ya me ha salío un novio gaditano. Le hizo mucha gracia mi requiebro y me invitó a su lado, me invitó a un chicle Bazohoca de aquellos de fresas y nos partimos de risa con ese pedazo de mazacote metido en la boca… Nos hicimos una foto, de esas cámaras «Polaroid» y un Coca Cola, y me dio un beso que aun hoy a mi edad me lo conservo, porque desde entonces no me he lavado la cara para que no se me borren sus huellas. Amabilidad tanto por parte de Dolores como de su hermano Enrique. Y aunque parezca extraño, miren, yo imitaba mucho al Principe Gitano cantando aquella coplita de !Dolores, ay mi Dolores, por mi querer y tu olvido, deja que en tu puerta llore! Pues sí, amigos, cuando a un aficionado de lo jondo o de la copla nos gustaba algo nos lo teníamos que currar y bastante… Hoy a la gran Juventud les digo qué bonita es la vida y las facilidades que le brindan las Redes Sociales. Un Saludo. Ya os contaré más anécdotas con ases del Flamenco.

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