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La fea costumbre de silbar a los artistas

A los cantaores, cuando están peleándose con una soleá o una malagueña, lo que de verdad les gusta es un olé a tiempo, que es como decirles que por ahí van bien. Un buen cantaor o una cantaora darán siempre los veinte reales del duro, o lo intentarán, si saben que el público es entendido y sensible.

El flamenco ha evolucionado mucho en las últimas décadas. Y no solo la música, esto es, el cante y la guitarra. Sobre todo el baile, que en mi opinión va marcando la evolución de las tres facetas y abriendo caminos nuevos de expresión y estética. Sin embargo, de lo que quiero hablar hoy –escribir es hablar con el lector– es de cómo ha evolucionado el aficionado a escuchar o a ver flamenco, que, entre otras cosas, es quien sostiene todo esto, el que pasa por taquilla o compra discos y vídeos.

Últimamente vengo observando con estupefacción y malestar cómo personas que van a los distintos conciertos flamencos silban a los artistas cuando acaban su actuación e incluso entre cante y cante, lo que es aún más grave. No es que esto tenga que estar tipificado como delito en el Código Penal, tampoco es eso. Pero lo de pegar silbidos después de una soleá me parece una barbaridad y nunca se ha visto eso en el cante. Con todos los cursos de flamenco que se dan en la actualidad, que es algo exagerado, ¿no sería bueno dar algunos sobre cómo prepararse para saber disfrutar de un buen concierto de flamenco? Por ejemplo, para diferenciar los estilos, los palos, qué son los cantes de compás, los de levante, las escuelas, un cante de preparación o un remate o cabal, una escobilla o un trémolo. Pero sobre todo, para aprender a detectar la ojana, los recursos del aplauso fácil. En definitiva, saber ver y escuchar, que es muy importante.

Una soleá puede emocionarte sin que sepas distinguir el estilo de La Andonda del de Frijones, pero si lo sabes, el placer es mucho más intenso. Nadie va a una escuela a aprender estas cosas, de ahí que a veces veamos un teatro puesto en pie al acabar un mal espectáculo, o un público frío ante una buena interpretación de la caña o la serrana, que no son estilos efectistas. Pero si todo esto es importante a la hora de escuchar cante o guitarra, o ver baile, no lo es menos la actitud con la que escuchas o ves. Y, desde luego, dar gritos o silbar no es de recibo, sobre todo chiflar como si estuvieras en un concierto de Bisbal o Enrique Iglesias. Es algo que molesta mucho al verdadero aficionado y, sobre todo, a los artistas. A los cantaores, cuando están peleándose con una soleá o una malagueña, lo que de verdad les gusta es un olé a tiempo, que es como decirles que por ahí van bien o que le está llegando al alma lo que están cantando o tocando. Un buen cantaor o una cantaora darán siempre los veinte reales del duro, o lo intentarán, si saben que el público es entendido y sensible. Y también exigente.

En el flamenco, que es un arte complejo y difícil de entender, es fácil dar ojana o gato por liebre, que es casi lo mismo. Y si el público no está preparado, será siempre terreno abonado para quienes salen a un escenario a rellenar el expediente, algo que suele ocurrir con demasiada frecuencia. Hay una anécdota muy simpática que viene como anillo al dedo para acabar esta reflexión. Estaba el Chato de la Isla en una fiesta en Madrid y unos señoritos llegaron con ganas de escuchar cante. El Chato les hizo siete u ocho palos y como los veía poco atentos, les dijo: “Ya he cantado todo lo que sé, mi repertorio. ¿Les gustan a ustedes los caracoles?”, les preguntó. “A nosotros no, pero usted puede pedir un platito si lo desea”. En realidad no eran aficionados, seguramente solo tenían ganas de una juerga, porque un buen aficionado debería haber sabido que los caracoles son un palo del flamenco, perteneciente al grupo de las cantiñas, que popularizó Chacón en Madrid.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

1COMENTARIO
  • Paco Benitez 20 mayo, 2019

    La razón tan solo tiene una verea, o, camino que es igual,, y se llama educación y respeto esa es mi condición, y lo digo a boca llena hay personas y se de much@s que van a Peñas o concierto, y se limitan a criticar al vecino de enfrente como si fuese ese recinto que pisa ,un corral de gallina,Mala costumbre y poca luz de lo que es un espectáculo flamenco..Tengo anécdotas que son difíciles de creer..Saludos..👏👏👏

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