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La sinceridad de José el de la Tomasa

El hijo de Pies de Plomo y La Tomasa dijo, con razón, que los maestros de su generación estaban dejados de la mano de Dios. De hecho, algunos se han ido antes de que se vieran olvidados del todo

En una entrevista de Juan Garrido a José el de la Tomasa en el Diario de Jerez, del pasado día 26, el maestro sevillano se despachó a su gusto. Entre otras cosas dijo, con razón, que los maestros de su generación –los que quedan, que no son muchos– estaban dejados de la mano de Dios. De hecho, algunos se han ido antes de que se vieran olvidados del todo, porque apenas trabajaban y se veían obligados a hacerlo por tres euros y medio. Es duro dedicarte toda una vida a un arte como el del cante y que te veas apartado con sesenta o setenta años, aun estando bien de la voz y de la cabeza.

Quiero recordar a Diego Clavel, por poner un ejemplo. Se retiró estando muy bien de la voz, porque, lo haya reconocido o no, estaba desmotivado. Es verdad que pudo hacerlo porque ahorró y estaba bien cubierto, pero me consta que estaba desengañado. Lo echo de menos, porque Diego es un maestro y no nos quedan tantos. Otro caso de locos fue el de Naranjito de Triana, que se retiró con la voz en las nueves cansado de ver cómo no se valoraba en su justa medida la importancia que tenía como cantaor. Fui muy amigo suyo y hablamos muchas veces de este asunto, un día con lágrimas en los ojos del maestro, lo que me conmovió de una manera tremenda. Ver a un artista de su categoría emocionado y lamentando el desprecio de ciertos o flamencólogos.

José el de la Tomasa es el único gran maestro del cante que queda en Sevilla, de los que mandan. Quedan algunos más, pero no tienen ni por asomo el peso del hijo de Pies de Plomo y La Tomasa. José debería de tener una agenda cargada de recitales y festivales, pero no es así. Tampoco es que esté tieso como una mojama, pero no está en tantos escenarios como debería estar. Curiosamente, algunos jóvenes lo han descubierto con motivo de la llegada de su nieto al cante, Manuel de la Tomasa. Me lo decía el otro día un joven aficionado de Coria del Río: “Yo no sabía que Manuel de la Tomasa tenía un abuelo tan bueno”. De locos.

Antonio Mairena, que era un sabio, dijo en alguna ocasión que José el de la Tomasa sería su sucesor, a pesar de que estaban ahí su hermano Manuel, Fosforito, José Menese o Juan el Lebrijano. Antonio era un gran admirador de la casa de los Torre y sabía que el hijo de la Tomasa llevaba dentro esa sangre cantaora. Le daba valor a los genes y comentó algunas veces en privado que sería el que llevaría la bandera del cante puro de buena escuela.

No se equivocó, pero para ocupar el puesto en el que pensaba Mairena para él, estaría bien que fuera más tenido en cuenta por las instituciones y los grandes aficionados. Y que él mismo, además, se lo crea.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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