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Las nuevas referencias

El flamenco se alimenta a diario de otras músicas y de los cambios de la sociedad, que evoluciona. El flamenco, el jazz, el rock, la poesía, el teatro, el cine y la gastronomía. Pero eso no da licencia para paparruchadas y que todo sea considerado flamenco. No, todo no vale.

El flamenco es un arte muy complejo y, por tanto, bastante difícil de entender. Cuando empezaba a ser aficionado y ya quería escribir, ser crítico en algún medio, cada periódico y emisora de radio de Sevilla tenían su especialista en este arte, por lo general de enorme prestigio, aunque había de todo. Escuchar a Miguel Acal en La Voz del Guadalquivir o leer a José Antonio Blázquez en Abc era una delicia. No solo eran especialistas y estudiosos, sino aficionados, unos verdaderos apasionados. Y podría hablar también de Emilio Jiménez Díaz, Paco Herrera, Juan Luis Manfredi o Agustín Gómez en Córdoba, pero leído y escuchado en Sevilla, como el también cordobés Rafael Salinas, Gonzalo Rojo de Málaga o Juan de la Plata de Jerez. Eran mis referencias. Y en lo que respecta a los libros, Domingo Manfredi Cano, Manuel Ríos Ruiz, José Blas Vega, Fernando Quiñones, Ángel Álvarez Caballero o Manolo Barrios, entre otros.

También hay hoy importantes críticos y escritores especializados, pero cualquiera escribe ya de flamenco, sepa o no, y así nos va. Me quedo turulato a veces leyendo cosas sobre el flamenco en diarios de la importancia de El Mundo o El País. Escriben cosas sobre Rocío Márquez o Rosalía para irse a un juzgado de guardia, como mínimo. “Entre las voces que fundan el flamenco está la de Rocío Márquez. No el flamenco de hoy, sino el flamenco”, decían en El Mundo, según un resumen que me han mandado sobre lo que la prensa ha dicho este año de la artista onubense con motivo de su última obra discográfica, Visto en El Jueves. ¿Qué demonios es esto? Y no digamos lo que han dicho sobre el fenómeno Rosalía, catalogándola de revolucionaria del cante jondo, comparándola con la Niña de los Peines y Camarón, y otras sandeces más.

En ExpoFlamenco intentamos llevar una línea de defensa y promoción del flamenco clásico, aunque sin cerrarnos a lo nuevo. No es fácil, porque un portal de música debe registrar mientras más visitas mejor para que entre publicidad y sea rentable. Aquí ni siquiera tenemos departamento comercial, pero habrá que intentar que no sea ruinoso. ¿Interesa de verdad el flamenco tradicional? Interesa y mucho, a pesar de los ataques de quienes creen que es una antigualla, algo caduco, viejo, rancio. ¿Creen ustedes que han pasado de moda unos tangos de Pastora la de los Peines, una malagueña de El Mellizo o las soleares de La Serneta? Son piezas clásicas que no pasan de moda, como no pasan en la música clásica, la ópera o el jazz.

Es verdad que el flamenco se alimenta a diario de otras músicas y de los cambios de la sociedad, que evoluciona. El flamenco, el jazz, el rock, la poesía, el teatro, el cine y la gastronomía. Pero eso no da licencia para paparruchadas y que todo sea considerado flamenco. No, todo no vale. Y me duele que compañeros a los que respeto estén haciéndoles el juego a esos medios de cobertura nacional que decidieron hace ya mucho tiempo echarse al monte de lo comercial y la mentira para atraer a nuevos lectores. Es una vergüenza.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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