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Manuel Torres y Zapico

El anciano Antonio Ramírez Sol 'Zapico' me dijo que tenía en casa una fotografía de Manuel Torres con Chacón y Javier Molina. Me puse malo, porque Chacón y Manuel son dos de mis ídolos. Pero no apareció.

Antonio Ramírez Sol, un sevillano del Barrio de La Feria conocido por Zapico, era un fanático de Manuel Torres, quien vivió años en el número 4 de la calle Amapola, una callecita estrecha cerca de la plaza de Los Carros y de Divina Pastora, antigua calle Alcalá, donde nació el bailaor Lamparilla y murió, en 1954, el gran Rafael Ramos Antúnez, El Niño Gloria. También vivieron en esta popular calle del citado barrio el bailaor Pepe Ríos y su esposa, una de las niñas que dejó Torres al morir, en 1933.

Este tal Zapico murió con más de cien años y cuando lo conocí tenía aún una memoria de elefante. Era asiduo a visitar El Jueves, el mercadillo sevillano de la calle Feria, y una mañana le compré tres discos de pizarra del genial cantaor jerezano. Esa misma mañana me dijo que tenía en casa una fotografía de Manuel con Chacón y Javier Molina. Me puse malo, porque Chacón y Manuel son dos de mis ídolos, dos genios sin los cuales el cante no sería como es en la actualidad.

«Zapico sabía todo de Manuel Torres y me contó diez o doce anécdotas. Una de ellas, la noche en la que Chacón y él casi llegaron a las manos»

Fuimos a su casa, creo recordar que en la calle Palomas, donde murió Ramón el Ollero y vivió Frijones, y aquello era una leonera, con montones de periódicos viejos que llegaban al techo, discos de pizarra por todas partes, tres o cuatro perros y dos gatos, una bicicleta del siglo XIX y una gran fotografía de Manuel en el salón, la original en la que aparece sentado en la puerta de su casa de la calle Amapola. Buscamos la que estaba con Chacón y Molina, pero no apareció. Fui días más tarde para seguir buscando y el hombre había fallecido. Los vecinos me dijeron que sus dos únicos hijos vivían uno en Barcelona y otro en Buenos Aires, y que solo uno de ellos, el de Barcelona, había venido a hacerse cargo del buen hombre y de las cosas que había dejado en la accesoria.

No fui capaz de hablar con el hijo y dos o tres meses después me acerqué de nuevo a la casa y ya vivían en ella otras personas. Total, que aquella fotografía de los tres genios andará por alguna parte o acabaría en la basura, algo que ha pasado muchas veces porque no todo el mundo le da valor a esas cosas. Recuerdo que Zapico sabía todo de Manuel Torres y que me contó diez o doce anécdotas muy buenas. Una de ellas, la noche en la que Chacón y él casi llegaron a las manos, en la Alameda de Hércules, por una discusión de cante sobre una figura de moda, el Niño de Marchena.

Chacón apreciaba a Marchena, al que le puso el apodo de La Vieja, por lo que sabía. Pero le recriminó varias veces el hecho de que “deforme los cantes”. Torres era admirador del marchenero y, aunque era gitano y tenía otra escuela, en cuanto alguien lo criticaba se le echaba encima. Y eso es lo que pasó aquella noche en la Alameda entre don Antonio y Manuel, que se enfrascaron en una discusión sobre Marchena y temblaron hasta las piedras del Barrio de La Feria.

¿Aparecerá algún día la fotografía de Chacón, Torres y Molina? Es probable, si no acabó en la basura.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

1COMENTARIO
  • Miguel Fajardo 10 julio, 2019

    Los aficionados al flamenco sabemos de sobra que la Llave del cante a Tomás el Nitri fue dada en una juerga, y reconocimiento.
    Pero con diferencia Silverio mejor más largo con una voz flamenca.

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