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¿Qué ha aportado el hombre al flamenco?

Esto se nos está yendo de las manos, porque cuatro feminijondas quieren mandar en el cotarro y acabar con, según ellas, la bota del hombre encima de la mujer flamenca.

El titular, en forma de pregunta, es una tontería. La misma que si quitáramos lo de hombre y pusiéramos lo de mujer. El flamenco jamás ha sido un arte de hombres, o solo de hombres, por mucho que se empeñen las pesadas y mal informadas feminijondas. Desde que se conoce este arte, hombres y mujeres han estado juntos en las fiestas o los escenarios, luego no entiendo esta manía de reivindicar tanto el papel de la mujer en el flamenco y nada el de los hombres, cuando tanto unos como otras fueron determinantes en su creación y lo han venido siendo hasta nuestros días en la difusión y su conservación.

¿Saben ustedes cuántas flamencólogas mediocres están ganando dinero con este rollo? Y Flamencólogos también, claro. El otro día me contó un amigo de una institución pública andaluza la de propuestas que reciben para dar charlas sobre el papel de la mujer en el flamenco, o montar espectáculos, porque saben que hay dinero para eso. No lo hay para ponerle una plaquita a Silverio Franconetti en la calle donde nació el más grande de los cantaores, que, entre otras cosas, dignificó a la mujer en este arte, pero sí para destacar el papel de la mujer en el cante o el baile.

En Sevilla le pusieron una estatua a Pastora Imperio, pero no hay nada que recuerde a Félix Moreno, Miguel o Manuel de la Barrera o el Maestro Otero, que hicieron por el baile sevillano mucho más que la Imperio, que no fue ni mucho menos la mejor bailaora de Sevilla.  Ni mucho menos, a ver si hablamos claro de una vez por todas. Si a la hija de La Mejorana le han puesto un monumento, qué no habría que ponerles a Manuela Perea La Nena o a Petra Cámara, que llevaron por el mundo el baile sevillano a mediados del XIX y tampoco hay nada que las recuerde a ellas, como mujeres y artistas, y a la gran labor que llevaron a cabo.

En más de una ocasión he dicho que estamos asistiendo a una verdadera revolución de la mujer flamenca, por la gran cantidad de jóvenes que están saliendo en el cante, el baile e incluso la guitarra. Pero no solo en la parte artística, sino en la teórica, porque hay mujeres que están escribiendo, investigando u organizando ciclos culturales, dirigiendo festivales o revistas especializadas y programas de radio. “Por fin están rivalizando con los hombres”, decía hace unos días un flamencólogo que parece haber descubierto a las mujeres flamencas.

Siempre, desde el comienzo de todo, los cantaores rivalizaron con las cantaoras. María Borrico y La Parrala con Silverio o Paco el Sevillano, La Trini con Juan Breva, La Rubia con El Canario, Pastora Pavón con Manuel Torres y Pepe Marchena con La Niña de la Puebla, aunque fuera de su escuela. ¿Por qué hay tanta ignorancia? No se puede decir, además, que por fin el hombre le está dando sitio a la mujer en el flamenco, porque no es eso. No se trata de que haya que darles un sitio que siempre han tenido, porque, repito, el flamenco jamás ha sido de los hombres. Que hayan dominado este arte en determinadas etapas de la historia es una cosa, y otra muy distinta que sea exclusivamente suyo. Y no es verdad que haya sido aplastante la mayoría de figuras masculinas, porque podemos ponernos a dar nombres de unos y de otras y veríamos que no es así.

Esto se nos está yendo de las manos, sinceramente, porque cuatro feminijondas quieren mandar en el cotarro y acabar con, según ellas, la bota del hombre encima de la mujer flamenca. No voy a dar nombres por no liarla, pero lo haré si siguen por este camino, salga el sol por donde salga. A ver si vamos a tener que organizar también ciclos para recordarles lo importante que ha sido y es el papel de los hombres en el flamenco.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

2 COMENTARIOS
  • Clara Galindo 15 marzo, 2019

    ¿Esto es en serio? ¿En serio? ¿Tan pocos argumentos tiene Manuel Bohorquez para afirmar que en el flamenco no ha habido nunca machismo ni discriminación, que tiene que comenzar su texto insultando? Aquí no funcionaba lo de las feminazis entonces echó mano del «feminijondas». Pues a riesgo de ganarme el adjetivo (que intenta ser insulto pero no me parece nada malo que digan que soy feminista y que soy jonda) tengo que decir que este me parece un artículo ridículo. Si hay dinero y propuestas para para dar charlas sobre el papel de la mujer en el flamenco, o montar espectáculos, es porque estamos en un momento en el que se está cuestionando y buscando comprender y reevaluar el papel de la mujer en la sociedad. Y sí, en el flamenco y en la vida ha habido y hay machismo y es necesario preguntarse por el papel de la mujer. Si eso hace que algunos hombres se sientan excluidos e indignados es, precisamente, porque no son conscientes del lugar privilegiado que han tenido y les incomoda no ser el centro de la cuestión. Por eso la necesidad de un título como este que, ahí sí estoy completamente de acuerdo con el autor, es una tontería. Que las mujeres hagan bien las cosas y que algunos de sus nombres sean reconocidos no hace que dejen de existir la discriminación y el machismo; el desconocimiento de esto hace evidente la necesidad de seguir haciendo énfasis en ello.

  • Manuel Bohórquez Casado 15 marzo, 2019

    Qué pesadas con lo del insulto. Feminijonda no es un insulto, oiga. Que no hubo ni hay machismo, al menos no hasta el punto de que fuera o sea un problema. Que es un invento para dar conferencias, créame. Poner tanto empeño en resaltar el papel de la mujer en el flamenco es una soberana tontería,porque no hace falta. Es como si se hiciera con el hombre.

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