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¿Qué hacemos con la Bienal?

Esta Bienal podría ser la de Sevilla o la de cualquier otro país, porque ha perdido su identidad sevillana y esto es lo peor que le podía pasar al que llaman el mejor festival flamenco del mundo.

Tras conocer ayer el contenido de la programación de la XXII Bienal de Flamenco, un despropósito, ¿qué se puede hacer? Bien poco, esa es la verdad por muy triste que sea. Podríamos pedir que no fuéramos a nada, pero eso no lo vamos a hacer nunca. Y menos animar desde ExpoFlamenco a que no vaya a nada ningún aficionado que se precie de serlo. Aunque les parezca extraño, se volverán a llenar los teatros porque el mundo tiene ganas de flamenco y se tragará todo lo que le echen. Esta Bienal podría ser la de Sevilla o la de cualquier otro país, porque ha perdido su identidad sevillana y esto es lo peor que le podía pasar al que llaman el mejor festival flamenco del mundo. ¿Por qué en el siglo XIX venían los extranjeros a los cafés de Sevilla y no a los de Málaga o Córdoba? Porque Sevilla era una de las principales cunas de este arte y tenía un sello, además de artistas como Silverio o empresarios como el Burrero. Los mejores artistas flamencos trabajaban en los cafés de Silverio, el Burrero o Juan de Dios, y los aficionados de entonces querían disfrutar de lo mejor del cante, el baile y el toque.

 

 

«Un individuo que ha cantado por soleá sentado en un váter no tendría que tener sitio en la Bienal. Lo va a tener de nuevo, y poco se puede hacer para impedirlo»

 

 

La Bienal ya no trae lo mejor y su programación suele ser un gazpacho insufrible. La de Chema Blanco, el actual director, que se presentó ayer martes, es en gran parte una estafa. No hay por dónde hincarle el diente. Se consumó ayer lo que veníamos esperando desde hacía años: van a cargarse al festival de Sevilla y no sabían bien cómo. Por eso ficharon a Chema Blanco, porque ya se cargó el Festival de Nimes y querían a un hombre con experiencia en chapuzas como la francesa. Nadie, en su sano juicio, programaría al Niño de Elche para que viniera a dar un repaso a su carrera, un señor que no valdría ni para cantar en un chiringuito playero, al menos en mi opinión. Flamenco, claro. Un individuo que ha cantado por soleá sentado en un váter no tendría que tener sitio en la Bienal. Lo va a tener de nuevo, y poco se puede hacer para impedirlo. La Vietnam es de los políticos, del alcalde de Sevilla, que parece que detesta el flamenco. Era difícil hacerlo peor que Juan Espadas, pero lo han logrado. Chema Blanco era el indicado para acabar de enterrar el flamenco en Sevilla, como vimos ayer mismo. No tenemos vergüenza si nos cruzamos de brazos ante tamaño atentado contra el flamenco.

 

 

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Arahal, Sevilla, 1958. Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

2 COMMENTS
  • Francisco en París 25 mayo, 2022

    Que vergüenza, con la de jóvenes que merecen un sitio y la de veteranos que merecen un respeto por su trayectoria. Maldita sea

  • José Martín Juárez 28 mayo, 2022

    Totalmente de acuerdo. Bienal de cartel trillado, con muchas ausencias. Poco atractivo.
    Prácticamente todos los cantaores y alguno más los he disfrutado en la sala La Flamenquería en el ciclo “Íntimos de Triana” de la calle Castilla en en conciertos sin micro en un magnífico ambiente, con casi todo el público gente joven.
    Lo más interesante: volver a disfrutar de Rafael Riqueni.

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