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Silverio y la desmemoriada Sevilla

Silverio Franconetti es la historia, el personaje, la figura clave para comprender el arte flamenco. Parece inexplicable que la capital andaluza no reconozca la labor de Silverio como la figura más influyente del género.

Silverio Franconetti Aguilar (Sevilla, 1830-1889) es el cantaor de flamenco más influyente de la historia de este arte, su figura histórica más importante, luego no es presentable que Sevilla lo haya olvidado, que nada lo recuerde, siendo una ciudad muy dada a los obeliscos. Silverio fue un niño prodigio del cante y entre sus maestros los hubo gitanos y no gitanos, aunque siempre se haya dicho, sin fundamento alguno, que lo enseñó El Fillo cuando este iba a Morón de la Frontera, localidad sevillana en la que se crió el genio de apellido italiano. A la muerte de su padre, Nicolás Franconetti Chesi, la madre, cargada de hijos y con problemas económicos, decidió buscar el amparo del primogénito, Nicolás, que había abierto sastrería en Morón. Y fue en este pueblo donde Silverio tuvo sus primeros contactos con el cante. Y en Marchena, donde vivía su hermano José y donde el célebre Frasco el Colorao tuvo una taberna antes de afincarse en Triana definitivamente, a mediados del siglo XIX. Cuando el cantaor trianero nos hablaba de que Silverio era discípulo de Frasco, que fue quien le puso los primeros cantes, estaba en lo cierto, pero eso no ocurrió en Triana sino en Marchena. El Colorao era nieto de un guitarrero y suponemos que tocaba la guitarra, y eran los guitarristas quienes les ponían los cantes a los jóvenes valores.

Pero vamos a lo que vamos. Aprendiera de quienes aprendiera, lo cierto es que Silverio fue el amo de su tiempo, la gran figura, el cantaor que se ganó el respeto y la admiración tanto de gitanos como de no gitanos, siendo fundamental en la profesionalización de los flamencos. En 2015 se cumplieron los ciento cincuenta años de su regreso a Sevilla tras su vuelta de América, y era una efeméride importante porque, aunque ya había flamenco en cafés y teatros, con profesionales como Ramón Sartorio, José Lorente, José Perea, María Borrico, Enrique Prado o Juraco, cuando llegó Silverio es cuando empezó de verdad el despegue del cante y el flamenco comenzó a separarse de lo bolero y a salir de las academias de baile. Silverio creó una compañía de flamenco y empezó a recorrer el país, con tanto éxito que hasta salvó de la crisis al teatro andaluz. Los flamencos llenaban más que los actores y los tenores, y la prensa, siempre tan reacia a informar sobre el género, entendió que había que ocuparse de un arte que se consolidaba. Silverio tuvo mucho que ver en eso, sin olvidarnos de un macareno también fundamental, Manuel Ojeda Rodríguez El Burrero, al que Sevilla también ha olvidado de forma miserable.

Por todo lo expuesto hasta ahora, parece inexplicable que la capital andaluza no reconozca la labor de Silverio como la figura más influyente del género. Alguna vez he hablado de la necesidad de que se cree un centro de documentación con su nombre, que en Sevilla no existe y es algo que cuesta entender. Sobre todo si tenemos en cuenta las miles de personas que vienen a esta ciudad a lo largo del año para disfrutar de este arte, entre ellas estudiosos que quieren saber su historia. Silverio es la historia, el personaje, la figura clave para entenderla, para comprender un arte que gracias a él y a otros como él es hoy admirado en todo el mundo. ¿Tan difícil es entender esto?

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

1COMENTARIO
  • Paco Benitez 29 mayo, 2019

    Ya lo dije en ciertas ocasiones, lo mismo que el Sr. Bohorquez ha comentado en este su espacio columnero de ExpoFlamenco. Varias veces me he entretenido y estudiar muy a fondo los pros y los contras de este gran cantaor como fue Silverio Franconetii. Hombre inquieto que de todo quería ser una figura relevante, como sastre para presumir de que los señoritos lucieren su impecable labor de sastrería. Franconeti no fue gitano y ni falta que le hacía pero llevó a cabo una labor con ellos que luchó por mantener la pureza del cante calé, aprendido en las viejas escuelas del flamenco entraba y salía de las fraguas , en donde él pregonaba a los cuatro vientos que allí se cosechaba la pureza de lo jondo del cante. Se codeaba bastante con Antonio Chacón, un ferviente admirador de lo jondo y del cante bien dicho y gitano. Esos cantes no los podía desarrollar como ellos, pero les daba unos matices que transformaba sus cantes de forma y unos tonos musicales dignos de envidiar… Pero volviendo a la cuna de Sevilla, los sevillanos no podrán olvidar a este legendario maestro de lo hermoso que en sus días levantó la esencia del flamenco. Hoy pasados los años de su fallecimiento que serian 130 almanaques aun perdura en la mente de muchos que aun, no siendo sevillanos, lo recuerdan como un gran hombre y revolucionario de los cantes.

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