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Una anécdota de El Carbonerillo

El Carbonero había participado en algún acto en favor del Frente Popular, con lo que ello conllevaba, y tuvo algún susto en esa época. Accedió a cantarle aquella noche al ricachón más por Antonio Peana que por él, y todo fue bien hasta que le cantó un fandango que molestó al señorito.

El 6 de abril se cumplieron ochenta y tres años de la muerte de un genio del cante sevillano, Manuel Vega García El Carbonerillo, nacido el 8 de febrero de 1906 en la calle Sol de Sevilla, donde nació también otro histórico del cante como fue Antonio Pozo El Mochuelo. El Carbonerillo llegó a ser tan popular en Sevilla a finales de los años veinte del pasado siglo, que protagonizó historias muy curiosas. Poco antes de morir, el guitarrista sevillano Antonio Peana, su gran amigo, me contó en su piso de Santa Cecilia, una barriada de Triana, que una noche llegó a Sevilla un ricachón con ganas de meterse en fiesta con algunos cantaores y que él le recomendó al Carbonero. Acordado el dinero que tenía que pagar, buscaron a Manuel Vega por la Alameda, donde solía parar, y lo encontraron algo desganado, porque estaba ya muy delicado de salud y no tenía muchas ganas de cantar. De hecho murió tres o cuatro meses más tarde. En plena Guerra Civil española, Sevilla era una ciudad peligrosa para andar de noche por la Alameda, porque te podías encontrar con algún franquista con guasa y llevarte un susto. El Carbonero había participado en algún acto en favor del Frente Popular, con lo que ello conllevaba, y tuvo algún susto en esa época. Accedió a cantarle aquella noche al ricachón más por Peana que por él, y todo fue bien hasta que le cantó un fandango que molestó al señorito:

 

Ni el rico con su dinero,
ni el Rey con su corona.
Ni el rico con su dinero.
Vale más que la persona
de una mujer que yo quiero,
que la ofendo y me perdona.

 

Este fandango lo grabó nuestro cantaor en 1929, para Regal y con la guitarra del Niño Ricardo, siendo uno de los más populares de su extenso repertorio. Al parecer, el señor que tenía que pagar la fiesta se molestó bastante porque, además de franquista, era monárquico. Contaba Peana que se le puso la cara blanca. Llamándolo a parte, le preguntó:

 

– Peana, ¿este es republicano?

– No, esa letra no es suya, aunque él la cante.

– Bueno, a ver si vamos a tener tonterías.

 

Siguió cantando El Carbonerillo y en vez de suavizar el contenido contestatario de sus letras, volvió a las andadas:

 

Lo que sirve es el dinero.
No es la sangre lo que manda,
lo que sirve es el dinero.
Aquel que es rico se casa
con la mejor del imperio,
sin tener en cuenta la raza.

 

Según Peana, el ricachón era más feo que la madre que lo parió y, sin embargo, su esposa era un bellezón increíble, y, claro, pensó que El Carbonero se estaba cachondeando de él. Acabó la fiesta, le pagó a Peana lo convenido y al despedirse, le dijo:

 

– Peana, la próxima vez que le pida a un cantaor me trae usted a uno menos hijo de puta que este, ¿vale?

 

Meses más tarde, el 6 de abril de 1937, el genio sevillano moría víctima de la tuberculosis pulmonar, con solo 31 años. Al día siguiente, su madre recorría las tiendas de Sevilla para comprar y destruir los discos de pizarra su hijo del alma, una historia que me contó el ya desaparecido Paco Lira, dueño de La Carbonería. Seguramente, para no escuchar más fandangos como este:

 

Que los besos de una mare,
no hay besos que sean tan dulces…

 

Ochenta y tres años se han cumplido de su muerte y aún vive.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

1COMENTARIO
  • Victor Miguel 17 octubre, 2020

    Me encanta!! 10/10 carbonerillo una leyenda viva aunque pocos lo conozcan pero es probablemente e mejor de todos los tiempos junto con camaron y pastora pavon. Para mi las 3 joyas.

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