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Una hermana del Niño Medina en el naufragio del Valbanera

Casiana Rodríguez de la Rosa se colocó de camarera en el buque correo trasatlántico Valbanera, el Titanic de los pobres, y acabó sus días engullida por el mar. Fue el mayor naufragio sufrido por la naviera española en tiempos de paz

José Rodríguez de la Rosa El Niño Medina es un gran olvidado de la historia del cante flamenco y uno de los grandes artistas de su tiempo, con una personalidad increíble y una voz muy flamenca sin resultar pesada. Cuando hablamos de él no lo hacemos de su padre, José Medina, también cantaor jerezano, al que hemos llamado siempre Medina el Viejo, por diferenciarlo del hijo.

Hace tiempo que acabé la biografía del Niño Medina, aunque no la voy a publicar aún hasta completar cierta información sobre su muerte, ocurrida en Sevilla cuando tenía poco más de cincuenta años. En su biografía hay un desgraciado suceso del que nadie había escrito hasta ahora, la trágica muerte de su hermana Casiana, una de las víctimas de un naufragio en aguas de La Habana, en 1919, que fue muy sonado en todo el mundo, el del Valbanera, porque perecieron en el mar cientos de personas, en concreto 488, la mayoría canarios. Es el mayor naufragio sufrido por la naviera española en tiempos de paz.

Casiana Rodríguez de la Rosa no iba de turista, sino de camarera, y tuvo la mala fortuna de acabar sus días engullida por el mar. Nacida en Ubrique (Cádiz), el 12 de febrero de 1877, en la calle del Puente, era la única hija del matrimonio formado por Antonio Rodríguez Rosado y Manuela de la Rosa Linares, los padres del Niño Medina, ambos de Arcos de la Frontera.

El Valbanera fue un gran buque correo trasatlántico español, propiedad de la Naviera Pinillos. Fue construido en Glasgow (Escocia) y entregado en 1906. En esa fecha, Casiana residía ya en Sevilla con su madre y sus dos hermanos, el cantaor y Antonio, el barbero, que tocaba la guitarra como aficionado. La otra hermana, Ana, estaba ya casada. No era nada fácil encontrar un trabajo estable en Sevilla, una ciudad complicada para vivir, así que Casiana, que era una mujer aventurera, decidió probar en varias ocupaciones laborales, hasta que con los años encontró un trabajo bien remunerado que, además, le permitía conocer el mundo.

Se colocó de camarera en el Valbanera, un buque de muchas toneladas que podía llevar a más de mil pasajeros, en concreto, 1.200. El 7 de septiembre de 1919 zarpó de Santiago de Cuba con destino a La Habana. Se conocía la llegada de un huracán, pero así y todo el capitán decidió esquivarlo. El 9 de septiembre el vapor trató de atracar en La Habana, pero no fue posible la maniobra. El 10 de septiembre naufragó en la costa de Florida con 488 personas a bordo. No se encontró ningún cadáver, así que una de las víctimas fue la infortunada Casiana, la camarera del vapor, soltera y con poco más de cuarenta años de edad.

Podemos imaginarnos el drama familiar, porque Casiana era la alegría de la familia Rodríguez de la Rosa. Quién le iba a decir que acabaría sus días de esa manera, en el naufragio del que llamaban el Titanic de los pobres, que cubría la línea España-Cuba. Sus restos aún permanecen en el mar, en los Cayos de Florida. Casiana era uno de los 88 tripulantes. En septiembre se van a cumplir cien años de esta tragedia, que bien podría haber cantado el Niño Medina por peteneras, uno de los mejores palos de su repertorio.

 

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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