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Una pelea entre Chacón y Torres

Una noche, en 1908, según me contó un descendiente del director del Café Filarmónico de Sevilla, Chacón riñó en público a Torres porque no echaba cuenta del cante, nada más que de las peleas de gallos.

Don Antonio Chacón y Manuel Torres se admiraban mutuamente no solo porque fueran jerezanos del mismo barrio, San Miguel, sino porque sabían cada uno el valor del otro. Chacón era diez u once años más viejo que Manuel y cuando Torres llegó a Sevilla, a principios del siglo XX, don Antonio era ya una figura y al niño de Juan Soto y Tomasa Loreto no se le conocía en la capital andaluza, solo en Cádiz y Jerez. Sé que Chacón ayudó a Manuel a introducirse en el ambiente flamenco de Sevilla y que apostó siempre por él.

Pero una noche, en 1908, según me contó un descendiente de Juan de Dios Domínguez Jiménez, director del Café Filarmónico de Sevilla –hijo de El Isleño–, le riñó en público porque no echaba cuenta del cante, nada más que de las peleas de gallos. El Majareta, que así conocían a Torres en Sevilla, tenía cuatro o cinco gallos de categoría a los que llevaba al Café Novedades para las riñas, donde se movía mucho dinero. El popular Juan Dulce era uno de los organizadores de aquellas peleas domingueras en el popular salón de la Campana.

Aquella bronca de Chacón a Manuel trajo cola, llegando el eco incluso a Jerez, donde no se tomaron muy bien la reprimenda del maestro al joven cantaor gitano. A pesar de la mutua admiración y de la diferencia de edad, existía una rivalidad entre los dos. Y una noche, en una fiesta celebrada en la casa del torero Fuentes, se picaron ambos cantaores y me contó esta persona, un nieto de Juan de Dios, que casi llegaron a las manos. Gracias a Fuentes y a Javier Molina, que les tocó la guitarra a los dos, no llegó la sangre al río.

Estuvieron unos meses sin mirarse a la cara, hasta que una noche en la que Manuel cantaba en Madrid, Chacón fue a escucharlo y, emocionado, le tiró el sombrero al escenario, diciéndole: “¡Viva el número uno del cante!”. Torres recogió el sombrero y le devolvió la lisonja de esta manera: “Y de las riñas de gallos, don Antonio”. Luego se emborracharon y se acabó el enfado.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

3 COMENTARIOS
  • Luis Chacón 1 marzo, 2019

    Me imagino lo mismo entre Vallejo y Marchena; entre Cepero y Mojama o entre Camarón y Morente …bueno no, con Enrique no. Eso es mucho imaginar…

  • manuel soto 1 marzo, 2019

    Es Manuel (Soto) Torre, sin «s» al final, a ver si aprendemos al menos a corregir la errata durante todo el reportaje.

    • Expoflamenco 2 marzo, 2019

      Saludos, Manuel. Compartimos su interés por tener datos precisos sobre lo relativo a la historia del flamenco. Aquí tiene la perspectiva de Manuel Bohórquez sobre este tema en particular, en un artículo publicado en julio de 2016:

      «Confieso mi debilidad por Manuel Torres, el genial cantaor jerezano. Digo Torres y no Torre, porque cuando llegó el cantaor a Sevilla y se empadronó, comenzando el siglo XX, lo hizo como Manuel Soto Torres y no como Manuel Soto Loreto, que era su verdadero nombre. La explicación puede estar en que se empadronó por primera vez con la bailaora Antonia la Gamba, Antonia Torres, bastante mayor que él. Además, tanto en los carteles como en la prensa de la época era anunciado siempre como Manuel Torres o el Niño de Torres, cuando no el Niño de Jerez».

      https://www.expoflamenco.com/blog-archivo/aquel-genial-nino-de-torres

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