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La Trini, de niña de la Iglesia a Reina de la Malagueña (y 2)

Hay algo que demuestra la importancia de Trinidad Navarro Carrillo como cantaora y la mejor malagueñera: el hecho de que se escribiera tanto sobre ella. Fernando el de Triana escribió: «¡Las olas callaron y la Trini cantó! Aquello no fue cantar, fue hacer llorar a más de veinte hombres que con religioso silencio la escuchábamos».

En la entrada anterior dimos datos sobre el origen familiar de la artista malagueña Trinidad Navarro Carrillo, La Trini, sus comienzos en el cante y la importancia que tuvo en su tiempo. Fue discípula de Juan Breva, como la mayoría de intérpretes malagueños. Don Antonio Ortega Escalona fue el Silverio malagueño, el cantaor que más nombre le dio a Málaga en el cante, que a finales de los setenta del XIX ya pisaba los mejores escenarios de la capital de España. Para nuestra cantaora tuvo que ser un ídolo, como para el Canario o el Perote.

Hay algo que demuestra irrefutablemente la importancia de La Trini como cantaora: el hecho de que se escribiera tanto sobre ella. Fue Fernando el de Triana, El Decano del Cante, quien mejor supo analizar su estilo:

 

La última vez que la escuché fué el año 1907. En esa época cantaba yo en el café Chinitas, y una mañana me invitó D. Cipriano Martínez, dueño del restaurante La Alegría para que asistiera yo, y que a la vez les avisara a los guitarristas Santiago Segovia el Ciego y a Santos Ramos, más al excelente cantador Rafael el Moreno4, para entre los cuatro amenizar una comida que el señor Martínez daba en honor de su íntimo amigo Cayetano Muriel, Niño de Cabra, en el ventorrillo de la Trini.

La comida fué espléndida y servida en aquella magnífica azotea junto al mar, que era un encanto.

 

«Se chocaron las copas, se dieron vivas a la Trini, sonaron las guitarras, y hasta el mar, a cuya orilla estábamos, perecía recoger sus olas sin el ruido natural de la “reventazón” sobre la playa, como si se les hubiera dicho: ¡Callarse, que va a cantar la Trini!» (Fernando el de Triana)

 

El vino que se bebía, Carta Blanca, así es que las guitarras sonaban a gloria; y como el homenajeado es un cantador, no hay para qué decir que tanto Rafael el Moreno como yo sacamos a relucir todos los trapitos de cristianar, como suele decirse, y cantábamos con las de “Ganalón”; ¡pero ni por esas!, Cayetano no se arrancaba, ni se arrancó una vez siquiera: entonces, en un momento en que estaba entre nosotros Trinidad, tuvo un arranque de esos que no tienen más que los verdaderos artistas y con la suavidad y dulzura que hablaba aquella virtuosa del cante por malagueñas, dirigiéndose a la reunión, dijo: -Señores, yo, en vista de lo a gusto que veo que están ustedes y que a pesar de eso el homenajeado no dice esta boca es mía, si ustedes me lo permiten voy a cantar una coplita; porque yo también estoy muy a gusto en la reunión y no puedo demostrarlo de otra manera.

Se chocaron las copas, se dieron vivas a la Trini, sonaron las guitarras, y hasta el mar, a cuya orilla estábamos, perecía recoger sus olas sin el ruido natural de la “reventazón” sobre la playa, como si se les hubiera dicho: ¡Callarse, que va a cantar la Trini!

¡Las olas callaron y la Trini cantó! Es decir, aquello no fué cantar, fué hacer llorar a más de veinte hombres que con religioso silencio la escuchábamos. Con esta copla nos despidió, la que según mi opinión, ha sido la mejor cantadora de malagueñas conocida hasta hoy:

Cuando me pongo a pensar
lo lejos que estoy de ti,
no me canso de llorar:
porque sé que te perdí,
para no verte jamás.

(Arte y artistas flamencos, de Fernando el de Triana. 1935)

 

Antonio Ortega Escalona, Juan Breva, un referente para la Trini. Recurrió a él en los malos momentos.

 

Que dijera esas cosas Fernando, que fue buen malagueñero, deja claro que tuvo que ser una cantaora colosal. ¿De la importancia de Don Antonio Chacón en las malagueñas? Sin ninguna duda. Tres años más joven que ella, cuando el genio jerezano se afincó en Málaga, seguramente quedó impresionado con su estilo, con aquella voz de prodigioso arco melódico que la convirtió en una imprescindible. Diego el Perote, el cantaor de Álora, aseguró que Chacón iba a escucharla a su venta de La Caleta, un ventorrillo que la artista tuvo en Málaga hasta finales de la primera década del siglo XX. Este ventorrillo fue luego de José Rojas Escalona, un hijo de la Juanaca de Málaga y Francisco Rojas Teresa, hermano del padre de Pastora Imperio.

 

Ya ves si cantaba bien La Trini que venía Chacón a escucharla. Era una cantaora mu buena. Mu buenos ratos hemos echao. Mu simpática. Una señora. No parecía cantaora siquiera. (…) Se quedó tuerta porque el marío le tiró un tenedor y se lo clavó en el ojo, y la dejó tuerta a la pobre. Que es mentira eso de que un querío le saltó un ojo con una navaja, eso es mentira. Qué manera de hablar la gente cosas que no son.

(Pláticas con Diego el Perote, Eusebio Rioja)

 

Don Antonio Chacón tenía a La Trini como referente en el cante por malagueñas.

 

En efecto, la Trini iba de desgracia en desgracia, y estas marcaron su vida. Estando en una fiesta de esas de vino, cantes y abundantes viandas, el que dicen que era su amante, Agustín El Caracolero, le quiso dar una aceituna pinchada en un tenedor, con tan mala fortuna que se le clavó en un ojo y lo perdió. Dicen que ahí comenzó su declive, el de una artista que ya lo había ganado todo.

 

Partida de nacimiento de Baldomero Pacheco, dicen que uno de los maestros de la Trini en el cante por malagueñas. 1884. Archivo Bohórquez.

 

Núñez del Prado y sus fantasías

Naturalmente, Guillermo Núñez de Prado también se ocupó de la cantaora malagueña en su célebre libro Cantaores andaluces, de 1904. Todavía vivía la cantaora y seguramente llegaría a escucharla, o no. El montillano era un escritor cordobés excesivamente fantástico, novelero, y lo que no sabía se lo inventaba. Pero parece ser que conocía bien la vida de la artista, lo que le permitió escribir un hermoso relato de la que para él fue “el Chacón hembra”, como si hubiera sido una discípula del jerezano, cuando no era verdad. En primer lugar, Chacón comenzó a cantar cuando la Trini estaba ya formada como cantaora. Era tres años mayor que él, y recordemos que comenzó a cantar muy joven seguramente con influencias de Juan Breva, el Canario y Baldomero Pacheco, la Rubia Colomer y otras artistas anteriores a ella.

 

Decir que la Trini es el Chacón hombre del estilo malagueño, sería decir la verdad, pero no sería decirlo todo. La esfera artística en que esta cantaora se ha desenvuelto es menos amplia, sin duda de ningún género, que la del gran jerezano, pero como ya he dicho al tratar de aquel cantaor y aunque parezca difícil, ha conseguido grabar en ella aún más hondamente una nota determinada.

(Cantaores andaluces. Guillermo Núñez del Prado, 1904)

 

Paca Aguilera, la cantaora rondeña nacida en 1877 y fallecida en Madrid en 1913.

 

Su impresionante legado

Es imposible saber cuántas malagueñas tenía la Trini y cuántas eran de su creación. Se ha dicho que tres, y otros que cuatro e incluso seis, pero no es fácil saberlo con certeza, entre otras cosas porque no grabó nunca ningún cante. Raro en una cantaora de su fama, pero así es. Al no grabar nada nos tenemos que fiar de quienes la escucharon muchas veces y sí grabaron, como fueron la rondeña Paca Aguilera y el aloreño Sebastián Muñoz El Pena. El de Álora grabó dos cantes de ella en 1907, con Joaquín Rodríguez, el Hijo del Ciego, a la guitarra (Zonophone X 52308) y la artista aún en vida, luego, como en el catálago discográfico y la etiqueta del disco consta que eran Malagueñas de la Trini, está claro que ese era el estilo de ella:

 

Ay, el camino de la vía
regando voy con mi llanto.
Son tan grandes mis quebrantos,
que tengo la fe perdía.
Ay, el mundo me causa espanto.

Ay, haciendo por olvidarte
yo creí que adelantaría.
Cuando pasaron tres días
como un loco fui a buscarte
porque ni el sueño cogía.

 

Discos de malagueñas de La Trini interpretadas por El Pena y Paca Aguilera. Archivo Carlos Martín Ballester.

 

Son las letras más conocidas de la cantaora, o las que más se cantan. Pero coinciden algunos estudiosos en que fue la rondeña Paca Aguilera quien más divulgó, y con mayor fidelidad, la malagueña de la Trini. Francisca Aguilera Domínguez, Paca Aguilera, nació en Ronda en 1877, es decir, que se llevaba solo doce años con la Trini. Por tanto, ¿cómo la han calificado de “sucesora” de la artista malagueña? Es que además, Paca murió en Madrid en 1913, según averiguó el escritor rondeño José Luis Jiménez, y Trinidad falleció, aunque no es un dato confirmado, en los inicios de los años treinta. Es como si hoy dijéramos que Esperanza Fernández es la sucesora de Aurora Vargas, o al contrario. La cantaora rondeña pudo ser la sucesora de la malagueña si esta hubiese muerto, por ejemplo, en los inicios del siglo XX, pero no fue así. Lo cierto es que Paca murió con 35 años, demasiado joven, siendo la mejor discípula de la Trini.

Paca Aguilera fue, en efecto, la más fiel seguidora de la cantaora malagueña, y nos dejó grabados varios estilos, con letras preciosas, como esta que sigue, de 1912:

 

Pensando en ti desvarío,
aborrecerte quisiera.
Pa viví de esta manera
no quisiera haber nacío
porque me da mucha pena.

 

Cantes de La Trini que grabó Paca Aguilera, una de sus imitadoras. Del libro ‘Cuatro rondeñas flamencas del siglo XIX’, de José Luis Jiménez. 2016.

 

La joya de Bernardo el de los Lobitos

Para mi gusto, Bernardo el de los Lobitos (Alcalá de Guadaíra, 1887- Madrid, 1969) grabó una malagueña de la Trini para la historia:

 

Ay, alguna vez.
Si quiera por compasión
Escríbeme alguna vez.
Que yo tengo el corazón
marchito de padecer
ya no siente ni el dolor.

 

Grabó este cante en 1969, para la casa Hispavox y con Luis Maravilla a la guitarra, sin apenas voz, y dejó una joya. Moriría poco tiempo después.

 

Un final muy triste

Necesitaríamos un libro bien gordo para analizar con toda clase de matices el legado de la Trini. Toca cerrar este artículo y lo hacemos con la pena de no haber encontrado aún el lugar y la fecha de su marcha al otro mundo. Se han barajado varias fechas y lugares, pero sin aportar documentación alguna. Anciana, enferma, sin dinero y cansada, algún familiar se la llevaría de Málaga y nunca más se supo. Me pareció lamentable que Manuel Yerga Lancharro dijese que a lo mejor murió en Antequera, donde, según dio a entender sin fundamente alguno, tenía una casa de trato. También apuntó que pudiera haber fallecido en Mollina, otra localidad malagueña cercana a Antequera. Incluso se ha llegado a afirmar que su óbito tuvo lugar en La Línea de la Concepción, sin aportar tampoco ninguna prueba. Está pendiente, por tanto, ese dato tan importante en una biografía. Y otras cosas de su vida, como qué pasó con su única hija, que es otro misterio.

 

* Ver aquí la primera entrada de la Serie Oro de La Trini

 

La Rubia de Valencia, una de las competidoras de la Trini. Se llamó Encarnación Santisteban Elamade y grabó muchos discos, además de formar pareja artística con el Mochuelo.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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