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El isleño Ramón Sartorio El Santolio

En el 200º aniversario de su nacimiento, recuperamos documentos inéditos de la vida y obra del cantaor El Santolio. Ramón Sartorio fue de los primeros profesionales del flamenco en la capital andaluza. Destacó junto a los sevillanos Silverio, Enrique Prado, José Lorente, José García, el portuense José Perea, el Cuervo Sanluqueño y el alcalareño José Ordóñez Juraco, entre otros.

Aunque le apodaron El Santolio, en los periódicos sevillanos apareció siempre como Ramón Sartorio, que así se llamaba. Exactamente, Sartorio González, cantaor y bailaor bolero de San Fernando (1820), que con poco más de veinte años andaba ya por Sevilla buscándose la vida como cantaor y bailaor en las academias de Manuel y Miguel de la Barrera, y el Maestro Félix Moreno. Sartorio fue de los primeros profesionales de nuestro arte en la capital andaluza, comenzando a destacar con los sevillanos Silverio, Enrique Prado, José Lorente, José García, el portuense José Perea, el Cuervo Sanluqueño y el alcalareño José Ordóñez Juraco, entre otros.

Curiosamente ninguno era gitano, luego es destacable el hecho de que a mediados del XIX, a pesar de la época hermética de la que hablaba Antonio Mairena, ya hubiera ese grado de profesionalidad entre los intérpretes gachés, actuando en academias, salas de baile y teatros, como cantaores de Manuela Perea La Nena, Petra Cámara y Amparo Álvarez La Campanera, además de los citados Miguel y Manuel de la Barrera, que como ya aclaré hace años no eran hermanos –ni siquiera primos-, a pesar de que siempre se referían a ellos como los hermanos de la Barrera. En realidad, los célebres hermanos boleros eran Miguelito y Cayetano de la Barrera y Quintana.

 

Partida bautismal de Ramón Sartorio González. Imagen: Archivo Bohórquez

 

De Ramón Sartorio es la primera vez que se escribe con datos biográficos fiables y contrastados. Algo publiqué en 2016, aunque solo un avance. En 1991, Salvador Aleo Zuazo (Flamencos de la Isla en el recuerdo) lo intentó, pero solo se refirió a él como El Santolio y no ofreció ningún dato biográfico:

Entre los aficionados de la Isla, a los que hemos consultado, ninguno de ellos ha podido informarnos de los antecedentes familiares o artísticos de este flamenco. Solamente uno nos decía que, en su niñez, había escuchado a un hombre que iba cantando por los caminos y que se ufanaba porque su tarareo era una imitación de los cantes de El Santolio. Este aficionado, cantaor después, no le prestaría ninguna atención a lo que el caminante cantaba y bien que lo lamentó con el tiempo.

 

En el Diccionario Enciclopédico (1996) se nos dice lo siguiente:

SANTOLIO, EL. San Fernando (Cádiz), siglo XIX. Cantaor y bailaor. Su trayectoria artística se desarrolló en Sevilla y entre sus actuaciones figuraron las llevadas a cabo, en 1851, en la academia de baile de Manuel de la Barrera, donde se le anunciaba como “el afamado cantador y bailador, interpretando estilos folclóricos y flamencos.

 

«El cañaílla era un especialista en los aires festeros, en los juguetillos gaditanos, como cantaor de cuadro, y se lo rifaban los maestros y las maestras de la escuela bolera»

 

Sevillano de adopción

Lo más probable es que llegara a Sevilla a finales de los cuarenta, cuando ya había mucha actividad en las academias de baile. Al parecer, el cañaílla era un especialista en los aires festeros, en los juguetillos gaditanos, como cantaor de cuadro, y se lo rifaban los maestros y las maestras de la escuela bolera. Hizo enseguida muy buena amistad con Silverio Franconetti, una vez que el gran cantaor abandonó Morón de la Frontera para instalarse definitivamente en la capital, donde ya se podía ganar dinero cantando o bailando. Cuando Sartorio llegó eran ya muy conocidas La Nena, Petra Cámara y La Campanera, las protegidas de los Barrera y el Maestro Félix Moreno, que vivió casi siempre en la calle Rodo, donde hoy está el tablao El Arenal.

El isleño encontró cobijo en el ambiente y en 1951 hay ya constancia de que cantaba en la academia de Manuel de la Barrera. Sevilla era en aquella época una ciudad de fama por sus buenos teatros, como el Principal y el San Fernando, este de nueva creación, y donde la zarzuela y la ópera causaban furor entre los sevillanos. Por tanto, era un buen momento para afincarse en la capital andaluza, que con Málaga eran las dos ciudades más ricas y prósperas de la región. Por tanto, que ni pintadas para vivir en ellas, en este caso Sevilla, y echar raíces.

Sin embargo, a mediados de los cincuenta hubo una crisis teatral en Sevilla y la gente dejó de ir en masa a los teatros, que no eran baratos, acercándose a otro tipo de espectáculos como la zarzuela o el circo. En 1858, montó circo en la ciudad el famoso Price, lo que hizo que algunos teatros fueran a la quiebra, como el San Fernando, en 1859, y se viera obligado a apostar más por la zarzuela que por la ópera. Fue una oportunidad para los músicos que se dedicaban al género andaluz porque podían pillar algo en ese otro género musical, y porque las academias empezaron a tener más clientela. Ahí es donde Sartorio vio la posibilidad de echar raíces y de vivir exclusivamente de este arte. Era profesional. De hecho, en algún padrón rezaba como Bolero.

 

Certificado censal de Ramón Sartorio González. Imagen: Archivo Bohórquez

 

El Santolio, en la prensa de la época

Así anunciaban los periódicos de la época los espectáculos en los que participaba nuestro protagonista. Miracielos fue un bailaor destacado de aquellos años, apareciendo en los padrones como artista. Y respecto al Cuervo, hubo dos, uno de Triana y otro de Sanlúcar de Barrameda, de los que nos vamos a ocupar en esta serie a lo largo del año.

SALÓN DE ORIENTE. Gran concierto de baile y canto esta noche, por los cantadores Sartorius, Miracielos y El Cuervo, en unión de las mejores boleras de esta capital, entre ellas doña Amparo Álvarez (La Campanera). Principiará a las diez y concluirá a las tres y media. Los carteles darán más pormenores. 1862.

En la siguiente noticia aparece Miracielos como cantador, y es que era algo normal en aquella época. Un caso parecido a Sartorio, que cantaba y bailaba y en las dos facetas tenía prestigio:

BAILES DEL PAÍS. Para los bailes de jaleo habrá varios cantaores y bailaores de los de más fama, entre ellos el muy aplaudido joven José Castro conocido por Miracielos, la incomparable Dolores Moreno, Ramón Sartorio y otros varios. 1864.

Miren cómo en la siguiente gacetilla se reconoce a Sartorio como “el más célebre para estos juguetes”, o sea, en el cante festero. Y aparece con él el Quiqui, otro cantaor y bailaor:

SALÓN ORIENTE. Calle Trajano. Su director don Manuel de la Barrera, pone en conocimiento de los aficionados que desde el sábado 26 darán principio las fiestas del país, asistiendo las mejores boleras con los trajes verdaderos andaluces y las aficionadas para los de jaleos con los trajes llamados macarenos y los boleros y aficionados vestirán el de currito; el director acompañará en las seguidillas y malagueñas a doña Amparo Álvarez (La Campanera) y tocará la guitarra el afamado Enrique Prado, que también cantará las malagueñas y danzas con varios tonos: La Campanera bailará el jaleo haciendo las suertes de capear y matar el toro, cantándolo Ramón Sartorio, el más célebre para estos juguetes, y bailar jaleos de todas clases. El divertido bailador y cantador Quiqui, cantará y acompañará a Dolores Moreno y otras, que tanto gustan en el jaleo, y de este modo alternarán los bailes del país con los de jaleos y canto de todas clases, repitiéndose todo cuanto al público le agrade, no dejando de trabajar todos hasta que se retire la concurrencia. Cada media hora habrá quince minutos de descanso. 1865.

 

«En los salones de Oriente, calle Trajano, habrá esta noche, al que asisten las mejores boleras, los cantadores Silverio, Sartorio y el Sevillano y los tocadores de guitarra el Gaditano y Calderón»

 

Es la primera noticia en la prensa de la época, que sepamos, en la que aparecen juntos Sartorio y Silverio. Tras regresar de Sudamérica, el señor Franconetti ya actuaba en Sevilla y pensaba en dirigir cafés, primero uno en Amor de Dios, cercano a la Alameda, el primer Café de Silverio, luego en la calle Tarifa asociado al Burrero, y más tarde, en 1881, el suyo propio en la calle Rosario. También aparece el Sevillano, que no era otro que Francisco Hidalgo Monge El Sevillano, Paco el Gandul o Paco Botas:

Gran baile del país y cantos y bailes flamencos. En los salones de Oriente, calle Trajano, habrá esta noche, al que asisten las mejores boleras, los cantadores Silverio, Sartorio y el Sevillano y los tocadores de guitarra el Gaditano y Calderón. Dará principio a las nueve y media, hasta la hora del encierro. (29 de septiembre 1866).

En esta noticia ya aparece Manuel Caro Cuéllar, Carito de Jerez, seguramente el primero, o de los primeros artistas jerezanos que desembarcaron en Sevilla y que ya no se fueron. Una gran figura de la época totalmente olvidada en su tierra.

Salón de Oriente. Asistirán nueve boleras y dos alumnas de las mejores de esta capital, entre ellas la primera bailarina La Campanera, y los cantadores Ramón Sartorio, Carito, José Lorente y otro, con gitanas y bailadores para los de jaleo. 1867.

En esta última noticia, para no cansar, aparece junto a La Campanera y Juan el Malagueño:

SALÓN TITULADO EL RECREO. Esta noche a las siete y media tendrá lugar una fiesta extraordinaria de baile de sociedad, alternando con los del país y cantos andaluces, a beneficio de los repartidores Manuel Peinado y José Alemán. La orquesta será dirigida por el profesor de cornetín don Eulogio Vila; tomando parte en los bailes la primera bailarina La Campanera, y los cantadores Juan el Malagueño, Ramón Sartorio, José García y otros. 1867.

Estas noticias de las actuaciones de Sartorio ya las recogió José Luis Ortiz Nuevo en su estupendo libro ¿Se sabe algo?, de 1990, obra imprescindible en la mejor biblioteca flamenca.

 

Certificado de nacimiento de Julia, hija de Ramón Sartorio González. Fíjense quién ofició de padrino: nada menos que Silverio Franconetti. Imagen: Archivo Bohórquez

 

Una vida sentimental agitada

El artista isleño tuvo una vida sentimental un tanto agitada. Sabemos que tuvo hijos con dos mujeres distintas. Salud Lengo Cordero, sevillana, con la que tuvo una hija cuando vivía en Santa Catalina, en cuya parroquia fue bautizada la niña. Y unos veinte años después tuvo otra hija con Amalia Algaba Bejarano, sevillana de San Marcos, Julia, que fue apadrinada por Silverio Franconetti, lo que demuestra su buena relación con el gran cantaor y empresario. Esta niña nació el 16 de febrero de 1870 en el número 135 de la calle Palmas, hoy Jesús del Gran Poder.

Poco pudo disfrutar de su hija, porque el célebre cantador y bailador murió ese mismo año, viviendo en el mismo domicilio, con 50 años de edad y por causa de hemoptisis. En concreto, el 21 de noviembre. Fue enterrado al día siguiente en el Cementerio de San Fernando de Sevilla. Así acabó sus días este isleño, que había nacido un 1 de mayo de 1820 en la tierra de El Fillo, aunque catorce años después. Fue hijo de don Rafael Sartorio y doña Francisca González. Doscientos años hace que nació, y en San Fernando sin enterarse.

 

Certificado de defunción de Ramón Sartorio González. 21 noviembre 1870. Imagen: Archivo Bohórquez

 

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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