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Frasco el Colorao, la pieza clave (1)

El cantaor Frasco el Colorao fue esencial en la historia del género del jondo, pero sigue siendo el gran desconocido de la amplia nómina de intérpretes del XIX. Ni siquiera se sabe con certeza absoluta de dónde era natural este cantaor tan arcano y misterioso que, según cuentan, enseñó a cantar a Silverio y El Fillo.

Coinciden muchos afanosos flamencólogos y artistas del cante en destacar la importancia del vetusto cantaor Frasco el Colorao en la historia del género del jondo. Sin embargo, sigue siendo el gran desconocido de la amplia nómina de intérpretes del XIX. Ni siquiera se sabe con certeza absoluta de dónde era natural este cantaor tan arcano y misterioso del que no se ocupó Fernando el de Triana en su célebre tratado Arte y artistas flamencos (Madrid, 1935), libro al que hay que recurrir siempre para tratar sobre estos asuntos, pero con cierta cautela porque el venerable Fernandillo el Nuestro no era muy riguroso en los datos y su obra tiene importantes lagunas, con omisiones inaceptables de artistas que fueron fundamentales en nuestro arte.

¿No resulta extraño, si el Colorao era como dicen natural de Triana y fue tan importante como aseguró Rafael Pareja en sus memorias, que Fernando no lo incluyera en su libro?

Fernando Rodríguez Gómez no nació en Triana, sino en la calle Pozo del barrio de San Luis (1867), cerca de la Macarena, pero siendo un niño se fue a vivir al arrabal sevillano y allí alcanzó a conocer a Antonio Cagancho y a su hijo Manuel, al célebre Juan Pelao, a su a hermano José, y a otros muchos fenómenos del cante trianero como fueron Ramoncillo el Ollero, Noriega el Viejo y Francisco la Perla. Era nieto del también cantaor Fernando Gómez El Cachinero, quien lo introduciría en el cante flamenco, y del que se sabe muy poco. En Triana lo hacen trianero, pero no lo era; era un sevillano del casco antiguo.

¿Había muerto ya Frasco el Colorao cuando Fernando se afincó en la calle Verbena, en la actualidad llamada Rodrigo de Triana? Y si había muerto poco antes de instalarse en Triana, ¿no había ya memoria de sus cantes entre los intérpretes del barrio, si era tan buen maestro? Son preguntas inevitables a la hora de ocuparnos del famoso pelirrojo, sobre todo por la importancia que le dieron Antonio Machado, Demófilo y Rafael Pareja. ¿No será que no fue de Triana, sino de la provincia de Cádiz, como el Planeta y el Fillo?

 

Un puertorrealeño en Triana

En Triana vivió durante cuarenta años un puertorrealeño llamado Francisco Colorado Pérez, casado con una viuda marchenera, Luisa Cortés Romero, con la que tuvo varios hijos en el arrabal. Se había casado este Colorado en Marchena, en 1831, en la antiquísima y hermosa Parroquia de San Sebastián. Allí tuvieron dos hijos y los demás nacieron ya en Triana. Era de oficio zapatero y vivió casi siempre en la calle Verbena, cerca de donde residieron los Cagancho, y en la misma calle donde vivió también Diego Fernández Flores El Lebrijano, otro de sus discípulos, según Pareja. Curiosamente, Fernando también vivió en esta calle y coincidió con este Colorado.

Si se llamó Francisco y su primer apellido era Colorado, es más que probable que le llamaran Frasco el Colorao, como al también cantaor José Rodríguez El Colorao, de la Macarena, le llamaban Colorao no porque fuera pelirrojo, sino porque en realidad tenía el de Colorado como segundo apellido. Llegamos a esta conclusión porque en Triana no vivió nunca nadie, al menos en XIX, que se llamara Francisco Ortega y que fuera natural de la localidad sevillana de Gelves, como hasta ahora se había asegurado.

 

«¿Había muerto ya Frasco el Colorao cuando Fernando el de Triana se afincó en la calle Verbena? Y si había muerto poco antes de instalarse en Triana, ¿no había ya memoria de sus cantes entre los intérpretes del barrio, si era tan buen maestro? Son preguntas inevitables a la hora de ocuparnos del famoso pelirrojo»

 

Daniel Pineda Novo se ocupó de él en su libro Gelves entre la Historia y la Poesía (Ayuntamiento de Gelves, 2005), pero, como de costumbre, sin resolver nada, solo reproduciendo opiniones ya muy conocidas y especulando bastante:

Francisco, seguramente gitano y jornalero del campo, debió emigrar muy joven aún a Triana, buscando mejores horizontes laborales, y en el famoso arrabal cuajó como cantaor, convirtiéndose en uno de los más destacados seguiriyeros de su época, creador de un estilo personal, que ha llegado hasta nuestros días.

Acaba su breve e indocta biografía refiriéndose a su muerte:

Frasco El Colorao murió, pobre, en Sevilla, en una cama del Hospital Central, o de Las Cinco Llagas, hacia 1874.

Y en una nota a pie de página, concluye:

Hemos visto los Libros de Defunciones de hombres, del Hospital Central o de Las Cinco Llagas, de Sevilla, desde el número 117, y nos aparece un Francisco Ortega, que vivió en un corral de La Cava.

 

¿Quién era ese Francisco Ortega? Si creyó haberlo encontrado, ¿por qué no investigó algo más sobre él, si era de Gelves y su esposa estaba emparentada con la mujer de Manuel Cagancho, como se ha asegurado siempre?

Los únicos con ese nombre y apellidos fueron Curro Pabla, su sobrino Francisco Ortega Vargas –el hijo de Antonio el Fillo– y un Francisco Ortega López del Puerto de Santa María, que era también de la familia del Fillo, concretamente un hijo de su hermano Andrés. Por tanto, hermano de Tomás el Nitri. Hubo otros Francisco Ortega en Triana, en el siglo XIX, pero una vez investigados los descartamos por una u otra razón. Esto nos hace pensar seriamente en que el tal Francisco Colorado Pérez fuese el célebre Frasco el Colorao.

 

Certificado censal de Francisco Colorado Pérez. Parroquia de Santa Ana, Triana, 1875. Imagen: Archivo Bohórquez

Y Dios mandó el remedio

Hemos tenido en cuenta también sus seguiriyas, sobre todo una de las que más han trascendido, Y Dios mandó el remedio, de la que Tomás Pavón hizo una obra musical insuperable. Tomás tampoco era trianero, sino de la Puerta Osario, pero tuvo familia en el barrio y vivió toda su vida con una mujer que pertenecía a una casta de flamencos, los Bermúdez Camacho, emparentados con Curro Puya, Juan el Pelao, Francisco la Perla y los Culata. Este cante por seguiriyas del Colorao no es de la escuela trianera y tiene poco que ver con las que cantaban los Cagancho. Es más un cante con elementos musicales de Cádiz, quizá la base de la seguiriya de cambio del cantaor gaditano Curro Dulce, de la que Manuel Torre hizo una versión que pasó a la historia, Eran los días señalaítos. También Antonio Chacón, Están tocando a misa, aunque hay quien se lo atribuye al jerezano Manuel Molina. Si pudiéramos confirmar que el Colorao nació en Puerto Real y que vivió en la localidad gaditana hasta los veinte o veinticinco años, como parece que así fue, estaría justificada la analogía entre una seguiriya y otra.

Francisco Colorado llegó a Triana en la cuarta década del siglo XIX y vivió en el barrio hasta su muerte, ocurrida en 1888. Convivió en el arrabal con el Fillo, al que pudo conocer ya en Puerto Real, de donde era su familia. En 1846, según un dato aportado por Luis Vázquez Morilla, el Colorao y el Fillo son vecinos en la Cava de los Gitanos. Sin embargo, es extraño que apenas haya memoria de él en Triana, de su cante. ¿Porque no era gitano, acaso? Más bien creemos que porque no era trianero, sino de Puerto Real y oriundo de la sevillana localidad de Marchena. Tampoco hay apenas memoria del Fillo, quizás porque no era natural de Triana. Si hay alguna es porque Serafín Estébanez Calderón lo dio a conocer en sus relatos. En cambio, la hay de los Cagancho y de los Pelao porque eran nativos del barrio y pertenecientes a familias gitanas muy importantes del profuso gremio de la herrería.

 

«Frasco El Colorao enseñó a cantar al Fillo (ocho o diez años más pequeño que él), a Tomás el Nitri, al Lebrijano, a los Caganchos (tío Antonio y tío Manuel), al gran Silverio y a Manuel Molina, el de Jerez» (Rafael Pareja)

 

Sombrío personaje de la historia del cante

El señor Colorado llegó ya al arrabal casado en Marchena, con vástagos marcheneros, se asentó en el lugar y tuvo varios hijos más, que se casaron en Santa Ana y siguieron viviendo en el barrio. Seguramente llegaría ya cuajado como cantaor y tendría cierta influencia en sus cantaores y cantaoras, aunque parezca todo lo contrario, porque nadie sabe nada de este sombrío personaje de la historia del cante. Antonio Rodríguez Vargas, uno de los hijos del Señor Manuel Cagancho, en ningún momento se refirió al Colorao cuando fue entrevistado para el diario Abc de Sevilla, en 1946. Solo habló de su abuelo y de su padre, como es lógico. Y de Juan el Pelao, claro, que era nativo de Triana, además de pariente. Pero no dijo nada de un cantaor que, según el ya citado Rafael Pareja, era el maestro de todos, y esto es algo que no entendemos muy bien:

Frasco El Colorao enseñó a cantar al Fillo (ocho o diez años más pequeño que él), a Tomás el Nitri, al Lebrijano, a los Caganchos (tío Antonio y tío Manuel), al gran Silverio y a Manuel Molina, el de Jerez. El Colorao, que había nacido en Triana, no actuaba en público, pero Silverio y Molina lo colocaban de manijero en el Cortijo del Viejo Duque de San Lorenzo y en los de otros hacendados ricos y con afición y le echaban a otros a otros manijeros que se llevaban al Colorao de jarana. Entonces cantaba. Valiéndose de ese truco le oían y aprendían. Esto se lo oí yo al mismo Silverio, cuando me llevaban mi padre y mi padrino, siendo yo pequeño, al Café cantante que tenía y se me quedaron presentes todos estos detalles por la afición enorme que yo sentía ante todo lo relacionado con el cante flamenco. Hago estas aclaraciones saliendo al paso de la creencia tan divulgada de que Silverio aprendió de El Fillo, cuando la verdad, como queda dicho, es que los dos aprendieron de Frasco El Colorao.

¿En qué se basó Rafael Pareja para darle tanta importancia a este cantaor? Asegura en sus memorias que cuando su padre lo llevaba de niño al célebre café cantante de Silverio Franconetti le escuchó decir al genio de la Alfalfa que el Colorao había sido su maestro y el de cantaores de la importancia del Fillo, Tomás el Nitri, Antonio Cagancho y Diego el Lebrijano, entre otros. Damos escaso crédito al testimonio del maestro trianero, por distintos motivos. Primero, porque el café de Franconetti cerró en 1888, meses antes de su muerte, y el cantaor de Triana había nacido en 1877. El ambiente de aquellos cafés no era el más apropiado para llevar a un niño de 10 años, por lo que es muy posible que Pareja no estuviera nunca en aquel café. Y mucho menos que le escuchara decir a Silverio que el Colorao había sido quien enseñó a cantar a aquellos pioneros del cante. Esa información pudo llegarle de cantaores viejos a los que sí alcanzó a tratar, como fueron Ramón el Ollero y Manuel Cagancho.

 

* Continuará

Imagen superior: antigua ilustración flamenca de Vicente Flores

 

«La reyerta», del pintor hispalense Manuel Cabral Aguado Bejarano, 1850. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

«La reyerta», del pintor hispalense Manuel Cabral Aguado Bejarano, 1850. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

1COMENTARIO
  • Juan pineda barrera 11 mayo, 2020

    El flamenco entro de los pirineo a españa de los 4 rey que ay en la varaja no querian el flamenco por qe lo train los jitanos y eran los cantes de fragua en tose los jitanos sefueron para andalucia que teniam la misma relijion cristiana no pudieron entra en españa por qe andalucia eran de los arabe i los jitanos se adaptaba a toda las relijiones en tose se quedaron en a fuera de las muralla de la macarena sevilla el cante de fragua salio de las murallas de la puerta de la macarena sevilla de los herrero jitanos los relles catolica le dijieron a los jitanos qe se alistaran a su ejercito para exar a los moros de andalucia con la recompensa qe darle tierra para vivir qe era triana

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