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Un Canario flauta de Álora

Juan de la Cruz Reyes Osuna, El Canario de Álora (1857 - 1885) fue una gran figura del cante. Ahí comenzó su desastroso viaje sin retorno. Siempre me fascinó este cantaor. Por eso decidí escribir su biografía, 'El cartel maldito' (2010), donde aporté cosas importantes sobre su vida y su trágica muerte en Sevilla.

Hijo de Antonio Reyes Calderón y de Mariana Osuna Navarro, Juan de la Cruz Reyes Osuna, El Canario, vino al mundo en la calle Carmona de Álora (Málaga), el 30 de junio de 1857. Fue el quinto de seis hermanos, que nacieron también en este pueblo: Francisca, Miguel, Antonia, Mariana y María. Sus padres eran taberneros con negocio propio y eran ambos naturales también de Álora. Por línea paterna, era nieto de Juan de Reyes, de Pizarra, localidad cercana, y de Francisca Calderón, de Álora. Por línea materna, de Miguel Osuna, de Antequera, y de la aloreña Antonia Navarro. O sea, en los ancestros del cantaor solo hay malagueñas y malagueños, al menos hasta sus abuelos, y todos de la provincia. 

Aunque se ha asegurado que nació en la calle Carmona –lo hizo Pedro del Bosque-, Pedro Aranda Cuenca, su pariente, se decantaba por la calle Herradores, en el número 6, asegurando que vio a la familia en un padrón municipal. Pedro Aranda es nieto de una prima hermana del Canario y fue el primer alcalde democrático de Álora por el Partido Socialista. Un gran aficionado, por cierto, con una completa e importante colección de discos de pizarra.

 

«Nadie hubiera imaginado que aquel niño de Álora, que abandonó su tierra para triunfar en la capital andaluza como cantaor de flamenco, acabaría muerto a la orilla del Guadalquivir en la puerta de la Nevería del Chino, el café de verano donde actuaba cada noche, de una certera puñalada en el corazón»

 

A la izquierda, partida de nacimiento del Canario de Álora, 30 de junio de 1857. A la derecha, la calle Herradores, donde aseguran que nació Juan Reyes Osuna. Archivo Bohórquez.

 

Su infancia en Álora

No solo nació nuestro cantaor en Álora, sino que se crió en este pueblo, donde vivió al menos hasta 1870, que aparece empadronado junto a sus padres y tres hermanos. Como en el Archivo Municipal de Álora faltan padrones de los años posteriores a esa fecha, se desconoce hasta cuándo vivieron en el pueblo. Según el citado Pedro del Bosque, se mudaron a la Cala del Moral, en la costa malagueña, y nunca más volvieron a Álora. Pero es indudable que nuestro protagonista comenzó a cantar en su pueblo, porque se empieza siempre en la niñez o en la adolescencia y en aquellos años, sin discos ni radio, se aprendía de los aficionados del pueblo.

Si sus padres eran taberneros con negocio propio, se supone que en la taberna pararían los cantaores de Álora, que entonces no eran profesionales sino herreros, alfareros, carpinteros, bodegueros o jornaleros del campo que aliviaban sus penas en los tabancos o ahogaban sus desdichas en vino. Me imagino al Canario, de niño, escuchando fandangos y malagueñas en la taberna de su padre. Y es más que probable que escuchara también a cantaores profesionales que iban al pueblo a actuar en cafés o teatros, como Juan Breva, que fue muy anterior a nuestro cantaor.

Por testimonios muy fiables, se sabe que el Canario tuvo siempre unos pulmones fuera de lo común, y no es de extrañar porque Álora es un pueblo en medio de unos parajes donde hay un aire puro y fresco. Cuando le hicieron la autopsia el forense le comentó a un familiar que se había quedado asombrado con sus pulmones. Eran los de un cantaor potente, capaz de ligar los tercios de una manera prodigiosa. De ahí que creara una malagueña tan original y para la que hay que tener una gran voz, como sin duda alguna tenía él.

 

Portada del libro ‘El cartel maldito’ (2010), de Manuel Bohórquez. Biografía del Canario de Álora.

 

Un cantaor fascinante

Este cantaor me ha fascinado siempre y a lo mejor por eso decidí escribir su biografía hace diez años, El cartel maldito (Pozo Nuevo, 2010), donde aporté muchas cosas importantes sobre su vida y su trágica muerte en Sevilla a manos del padre de la Rubia de Málaga, que en realidad era de Valladolid. Nadie podría haber imaginado que aquel niño de Álora, que abandonó su tierra para triunfar en la capital andaluza como cantaor de flamenco, acabaría muerto a la orilla del Guadalquivir en la puerta de la Nevería del Chino, el café de verano donde actuaba cada noche, de una certera puñalada en el corazón.

Tenía solo 28 años y toda una vida por delante para consagrarse en una de las grandes figuras de su tiempo. Lo fue, a pesar de su juventud, pero aquella puñalada del catalán Lorenzo Colomer Ricard nos privó de haber disfrutado seguramente de la voz del perote –así llaman a los nacidos en Álora–, y de verlo en carteles ya del siglo XX junto a Chacón, Manuel Torres o la Niña de los Peines.

 

«Lorenzo Colomé lo esperó a la salida del café de verano para ajustarle las cuentas y, tras un forcejeo, le clavó una faca en el corazón. No se supo nada hasta que amaneció y las cigarreras de Triana que cruzaban el puente para ir a la Fábrica de Tabaco vieron su cuerpo sin vida en la orilla del río»

 

La Nevería del Chino era la sucursal del Café del Burrero en verano. En esta época del año hacía un calor húmedo insoportable en Sevilla y don Manuel Ojeda Rodríguez El Burrero, un macareno de gran talento y vista comercial, cerraba el local de la calle Tarifa y contrataba a un buen plantel de artistas para este local de verano que estuvo saliendo de Triana, por el puente, a la derecha, donde hoy está el monumento a Antonio Mairena.

En 1885, el año de la muerte del cantaor malagueño, el Burrero lo había contratado a él, al Canario Chico, que lo imitaba –de ahí el remoquete artístico-, y a Carito de Jerez como grandes atracciones en el cante, entre otros. En mi libro El cartel maldito di a conocer el único cartel en el que aparece el Canario de Álora, y aparece con artistas de la importancia en aquella época como Antonio Páez Castro el Pintor y su hijo Lamparilla, el Maestro Pérez y la misteriosa Concepción Peñaranda La Cartagenera.

 

El cartel maldito de la Nevería del Chino (Café-Nevería Cantante de Manuel Ojeda), 1885. Archivo Bohórquez.

 

Parece ser que fue Manuel Caro Carito quien introdujo a Juan Reyes El Canario en Sevilla. El cantaor jerezano llegó pronto a la capital andaluza, en los sesenta del XIX, y tenía gran cartel. Su amistad tanto con el Burrero como con Silverio fue decisiva para traer no solo al cantaor malagueño sino a otros artistas jerezanos y gaditanos. Se presentó el Canario en el Café del Burrero de la calle Tarifa, en 1882 y, según Fernando el de Triana, no convenció al exigente público sevillano a pesar de que era famoso por haber triunfado ya en locales de Madrid como el Café Imparcial o el Teatro de la Risa, donde actuó en 1881, con solo 24 años, y era destacado por la prensa de esta manera tan escueta:

 

Está llamando la atención en el Teatro de la Risa, el cantaor flamenco, competidor de Juan Ruiz El Breva (sic), a quien conocen en Andalucía como el Canario Malagueño.

(El Imparcial, 1881)

 

Se referían a Antonio Ortega Escalona, Juan Breva, el gran cantaor de Vélez-Málaga, que un año antes ya cantaba en los teatros de la capital de España. Pudo ser seguramente quien llevara al Canario a la Villa y Corte.

Según Fernando el de Triana (Arte y artistas del flamenco, 1935), el Canario se presentó en Sevilla con una malagueña que no convenció a los exigentes aficionados de esta ciudad, una de las cunas del cante jondo. Seguramente sería una malagueña a ritmo, de corte bailable, tan de la época, en el inicio de los ochenta. Abandonó Sevilla para vivir en Madrid o Málaga, no se sabe con certeza, y cuando regresó de nuevo al Café del Burrero, en 1884, lo hizo con otra malagueña distinta, quizá más desarrollada artísticamente, y armó una revolución tal que le salieron imitadores por todas partes. El Canario de Álora se convirtió en una gran figura del cante y ahí comenzó, probablemente, su desastroso viaje sin retorno.

 

Página del libro ‘Arte y artistas flamencos’ (1935) de Fernando el de Triana en la que el autor habla del Canario de Álora.

 

Su relación con la Rubia de Málaga

Parece ser que el Canario tuvo mucho éxito entre las mujeres y que se lo rifaron artistas muy famosas. Una de ellas fue Francisca Colomer Sierra, La Rubia de Málaga, que, como ya demostramos en 2010, era natural de Valladolid y no malagueña. Es cierto que sus padres se mudaron pronto a la ciudad andaluza y que se crió en ella, donde también se hizo cantaora. Enamorada del cante del Canario, y parece ser que de él como hombre, lo emulaba de tal manera que llegó a tener tanta fama como él y eso no le gustaba mucho al perote, porque le quitaba contratos. De hecho, obligaba a las empresas donde cantaba a que no contrataran a la Rubia de Málaga, de ahí que la cantaora no estuviera en el famoso cartel de la Nevería del Chino, de 1885. En vez de ella, estaba otra Rubia, la de Cádiz.

Hay quienes han asegurado que la Rubia y el Canario tuvieron una relación sentimental, y es posible que fuera así, aunque no se puede asegurar al cien por cien. Se dice que el Canario la humilló varias veces en público, y entre esto y el hecho de que exigiera en los contratos que no cantara donde lo hiciera él, con lo que ello significaba en lo económico, el padre de la cantaora buscó a Juan Reyes y lo amenazó en público en varias ocasiones. Hasta que la noche del 13 de agosto de 1885, el catalán de Gerona lo esperó a la salida del café de verano para ajustarle las cuentas definitivamente y, tras un forcejeo, le clavó una faca en el corazón. Sin testigos, al parecer, porque no se supo nada hasta que amaneció y las cigarreras de Triana que venían cruzando el puente para ir a la Fábrica de Tabaco vieron su cuerpo sin vida en la orilla del río.

 

«Sus pulmones eran los de un cantaor potente, capaz de ligar los tercios de una manera prodigiosa. De ahí que creara una malagueña tan original y para la que hay que tener una gran voz, como sin duda alguna tenía él»

 

Dibujo del Canario de Álora publicado en la revista La Gran Vía, 1895. Archivo Bohórquez.

 

Un escándalo en la prensa

Este crimen conmovió a los sevillanos de tal manera que salieron coplas del pueblo a los pocos días, algunas como estas:

 

Al Canario lo mataron
en la calle Compañía.
Quién lo vino a matar,
el padre de la quería.

Antes de morir el Canario,
su malagueña cantó.
Hizo de llorar su cante
al hombre que lo mató.

 

Pepe el de la Matrona, en sus memorias (1975), dijo lo siguiente. Hay que recordar que él nació dos años después del crimen:

 

Lo mató el padre de la Rubia Colomer, porque la Rubia estaba enamorada de él y él no le hacía caso, y le cantaba algunas coplas alusivas como de desprecio, y entonces el padre de la Rubia, como ella empezó a entristecerse lo tomó a pecho y lo desafió:

-Que si tú eres tal y cual.

-Este viejo, fíjate lo cojo que es…

-Y al salir de la nevería le pegó un empujón el Canario y lo tiró al suelo.

-Pero, hombre, esa es la clase de hombre que tú eres, me dejas aquí tirao; dame una mano y te diré quién soy.

-Anda, hombre; salga usté ya y déjeme usté tranquilo. Y al tirar de él, el otro ya estaba preparao con la faca y se la metió por la ingle y se lo cargó. Se lo cargó el padre de la Rubia Colomer, que luego ella se vino a Madrid y se casó con uno que le llamaban “el Pitillo”.

 

El relato de Matrona era totalmente inventado porque no hubo testigos, según datos extraídos del juicio. De hecho, el autor del crimen estuvo a punto de quedar libre por falta de testigos, y de pruebas. O sea, que cómo lo mató en realidad es algo que no se sabrá nunca. Al parecer, lo esperó en la oscuridad y sin mediar discusión alguna, se fue para él y le clavó una afilada faca en el corazón. Lorenzo Colomer llevaba una pistola de chispa encima cuando fue detenido, y la faca apareció en el lugar del crimen manchada de sangre. También el Canario llevaba su propia navaja, que no usó, y, curiosamente, una pulsera de plata de la Rubia en el bolsillo de la chaqueta, que fue presentada en el juicio como prueba de que hubo algo entre los artistas. Todo apunta a que esa noche el Canario y la Rubia tuvieron una discusión en el café, devolviéndole ella la pulsera que supuestamente le regaló el cantaor. Seguramente, el padre de la célebre cantaora, enloquecido por ver sufrir a su hija, lo buscó, lo esperó a la salida del café y lo mató para que acabara todo.

 

 

Partida de defunción del Canario de Álora, 13 agosto 1885. Archivo Bohórquez.

 

La versión de Fosforito de Cádiz

El 13 de enero de 1929, el semanario Estampa entrevistaba al gran cantaor gaditano Francisco Lema Ullet Fosforito, y le preguntaron por la leyenda del Canario. Su respuesta es larga, pero merece la pena el testimonio porque el espigado cantaor fue rival del artista de Álora y lo trataría mucho. Es decir, que conocería bien la historia, aunque el entrevistador parece que novela algo la entrevista.

Mucho se ha fantaseado sobre su trágico fin. La muerte del coloso fue otra copla más, con sabor de sangre y leyenda, que tejieron sus partidarios. El Canario, por aquel tiempo, trabajaba mucho y bien. En el cenit de la gloria empezó a refulgir una nueva estrella que le hacía sombra a la aureola de divo… que gozaba: la “Rubia de Málaga”. Mujer en promesa, chavalilla que apuntaba muy notables condiciones para el arte jondo, y que muy pronto diezmó atrayéndose al coro de admiradores que la acompañaban, a modo de aureola, los más recalcitrantes canaristas. A los celos y rivalidades profesionales, el “Canario” añadió más tarde cierta propensión amorosa, que los antagonismos disfrazaron de odio. El caso es que el “Canario” tenía que cumplir sus compromisos en el café cantante del señor Manuel el “Burrero”, que regía los destinos de la catedral sevillana, en donde se contrastaban valores y recibían el espaldarazo los que se dedicaban a tan difícil modalidad, en ocasión en que se hallaba actuando la “Rubia”. El padre de la malagueñera vio con muy malos ojos y presagios funestos la llegada del rival. Sin pérdida de tiempo se fue en busca del Señor Manuel para darle conocimiento de todo ello y aplazar si se podía el debut del “Canario”. El “Burrero” no participaba de aquellos sombríos augurios, y a sus razonamientos le opuso el buen crédito de la casa y la formalidad que siempre había disfrutado el negocio. El progenitor de la “Rubia de Málaga”, fatalista como todos los de su raza, como las nostalgias supersticiosas que destilan las coplas, frunció el ceño, ensayó un gesto trovo, y partió raudo, acompañado de los negros cuervos del pensamiento. Y surgió el choque; y se alborotó la sangre en el potro de los instintos que todos llevamos dentro, enfrentados por las conveniencias sociales. En el puente de Triana, el “Canario” y el autor de los días de la “Rubia” se buscaron el corazón con toda la fiereza de los enemigos fuertes. En los primeros asaltos el arma del “cantaor” tocó, corajuda, el pecho del rival. La sangre azuzó mucho más a los combatientes. El herido, a los pocos instantes, se tiró a fondo en un salto de felino y la hoja centelleante de la faca se adentró en la carne contraria hasta arrebatarla la vida. Pronto corrió la noticia: “¡han matado al pobresito der “Canario! ¡S’acabó lo bueno!”. ¡Ya no cantarán los pajarillos del río, porque se ha muerto el rey de los vergeles. Hasta los oídos del señor Manuel el “Burrero” llegó la triste nueva con la velocidad de la pólvora. El dueño del café cantante soltó una blasfemia y tiró para el puente, dispuesto a comprobar la noticia. En el camino se cruzó con el padre de la “Rubia”, que, muy entero, con la palidez de los momentos decisivos en el rostro y la palabra firme, le espetaba como un lamento de los manes del sino esta frase: “¡Aquello tenía que pasar, y pasó! ¿No se lo dije yo a usted?”. A partir de entonces , como si el suceso hubiese sido un capricho de la fortuna, la fama del “Canario” subió como la espuma, celebrándolo todo con verdadera idolatría. Se copiaron sus gestos, las salidas en el cante de sus coplas favoritas. Tardías justicias para unos laureles regados con sangre e indiferencia durante su vida.

 

«Cuando regresó al Café del Burrero en 1884 armó una revolución tal que le salieron imitadores por todas partes. El Canario de Álora se convirtió en una gran figura del cante y ahí comenzó, probablemente, su desastroso viaje sin retorno»

 

Este documento demuestra que El Canario fue enterrado en el Cementerio de San Fernando de Sevilla el 14 de agosto de 1885, aunque lo negaran desde las oficinas del camposanto. Archivo Bohórquez

 

La sentencia en los periódicos

La Audiencia de Sevilla ha condenado a Lorenzo Colomé, autor de la muerte del célebre cantador de malagueñas Juan de los Reyes (a) el Canario, a la pena de 12 años y un día de reclusión, costas, etc…, y 2.500 pesetas de indemnización a la familia del interfecto.

Lorenzo Colomer fue indultado y obligado a cumplir solo una cuarta parte de la condena, porque se le negó el recurso para quedar totalmente en libertad. Sin embargo, tuvo la suerte de que el 17 de mayo de 1886, cuando llevaba meses en la Cárcel del Pópulo de Sevilla, naciera Alfonso XIII y volviera a recibir una rebaja de la condena de nueve años. Como llevaba ya nueve meses preso, saldría en 1888, quedando saldada definitivamente su deuda con la Justicia. Su esposa e hijos lo esperaron viviendo en Triana, salvo la Rubia, que se fue a Madrid para quitarse de Sevilla.

 

Esta es la única fotografía que existe del Canario de Álora. Se trata de un daguerrotipo de 1884 que pertenece a la colección del flamencólogo Antonio Hita Maldonado, quien la publicó en su libro ‘Flamenco en la discografía antigua’ sin saber quiénes eran esos tres flamencos. Nuestra conclusión es que se trata del Canario (izquierda) y el Canario Chico. El guitarrista pudo ser Robles, tocaor del Café del Burrero, una especie de peón de confianza del Maestro Pérez.

 

¿Qué clase de cantaor pudo ser?

Si Fosforito, que fue de los grandes, llamó “coloso” al Canario, es que tuvo que ser muy grande y muy buen cantaor. También da a entender Fosforito que se hizo más grande cuando murió asesinado, y es lógico porque el crimen caló en el pueblo de una manera brutal. Pero, ¿qué tal cantaor sería el infortunado Juan de los Reyes Osuna? Muy bueno, por varios motivos. En primer lugar, porque con solo 24 años ya fue reclamado en Madrid para cantar en El Imparcial y el Teatro de la Risa. También, porque enseguida lo contrató El Burrero para que les diera la réplica a Juan Breva, Carito, Miguel Macaca, Salvaorillo, la Trini, la Parrala o Ramón el Ollero, entre otras lumbreras de la época, de los llamados intérpretes serios. No solo venía precedido de fama porque había actuado con éxito en Madrid, sino en Málaga, Almería o Linares. Por tanto, al Burrero no se le iba a escapar un fenómeno así, al que Chacón atribuyó condición de cantaor comercial, de éxito, y el maestro jerezano era una autoridad. Casi lo acusó de ser tan comercial y de meter al público por lo moderno, perjudicando al cante más tradicional. Pero hasta él se sintió llamado por su sonido, porque grabó su malagueña, Corte, luego tuvo que haber influencia del canario en Chacón en cuanto a técnica.

Casi todas las grandes figuras cantaron su malagueña: el Mochuelo, el Niño de Cabra, la Rubia de Valencia, Manuel Escacena, Paca Aguilera, Manuel Vallejo, la Niña de los Peines, Bernardo el de los Lobitos, Manuel Vallejo, Manuel Centeno, Antonio Grau, el Niño de la Isla, Manuel Torres, el Niño de las Marianas, Enrique Morente

¿Hubiera sido tan grande de no haber sido asesinado en Sevilla? Otros cantaores fueron asesinados en Sevilla o en otras ciudades españolas y no quedaron en la historia, como el Cojillo Vázquez, al que mataron en una taberna de la calle Compañía de Sevilla, por citar solo un caso.

Cuando fue asesinado, el Canario vivía en el número 39 de la sevillana calle Amor de Dios, que no era su domicilio sino el de su gran amigo Carito de Jerez, quien vivía con sus padres y su hermana Isabel, parecer ser que ennoviada con el cantaor de Álora. Fue enterrado en el Cementerio de San Fernando de Sevilla al día siguiente, y ahí se acabó su historia.

 

Las dos letras más famosas del Canario fueron estas:

 

Espías.
Tengo que poner espías
para ver si amor viene
al pie de Torre García.
No sé para mí qué tiene
el camino de Almería.

 

Aunque me den más balazos
que adarmes tiene un navío.
No se han de romper los lazos
de este querer tuyo y mío
hasta morir en tus brazos.

 

Antonio Gil Reyes, sobrino del Canario de Álora. Era hijo de Mariana Osuna Navarro. En la fotografía está acompañado por su esposa, Cándida Gil Guerrero, y sus hijos Antonio, Rafael, Pedro, Ricardo, Francisco y José.

 

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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