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La Casa de los Cagancho

Manuel Cagancho era un trianero de pura cepa, criado en la fragua familiar y educado en una familia de cantaores puros. Se distinguió siempre por ser un gitano cabal. Fue muy querido en Triana y algo tendría como cantaor cuando a los cien años de su muerte todavía se sigue hablando de él y de sus impresionantes seguiriyas.

Manuel Cagancho –al fondo, con camisa blanca– e hijos. Reportaje sobre las fraguas de Triana, 1912.

Siempre hemos dicho, y con datos, que en el siglo XIX había tres o cuatro casas cantaoras en Triana, y la principal fue la de los Cagancho, con Tío Antonio Rodríguez Moreno como el iniciador de la escuela. No hay constancia de que hubiera cantaores antes en esta familia, al menos de renombre, porque hubiese trascendido a través de la tradición oral y no ha sido así. Tío Antonio Cagancho fue el primero. Y era trianero, trianero. Lo digo porque a veces se ha dicho que hay raíces familiares de Cádiz y los Puertos en esta familia, y no es así, al menos hasta los bisabuelos de Antonio Cagancho, que nos vamos ya a mediados del siglo XVIII. Fueron Juan de Flores y María de Rojas, casados en la Parroquia de Santa Ana en aquellos años, décadas antes de que naciera el Planeta, así que ya ven dónde nos vamos porque don Antonio Monge Rivero nació en 1790.

Los abuelos de Tío Antonio fueron Miguel Juan Rodríguez y María de Flores Rojas, desposados también en Santa Ana en el último tercio del mismo siglo. En cuanto a sus padres, eran Manuel Rodríguez Flores y Rita Moreno, casados igualmente en Triana ya en los inicios del siglo XIX. Estos fueron los padres de Antonio Rodríguez Moreno, quien se casó también en el arrabal con María de la Concepción García Vargas, en diciembre de 1837.

 

«Manuel Cagancho no tuvo necesidad de dedicarse al cante como profesional porque jamás lo hizo. Cantaba solo en fiestas familiares y de señoritos aficionados que iban a Triana a disfrutar en privado del cante profundo y emocionante de sus gitanos»

 

El Señor Manuel Cagancho

Nació Antonio Cagancho en 1821, y no en el 20, como consta en los libros. Y se casó en la fecha ya indicada con 16 años, siendo prácticamente un niño. Era herrero, pero se dedicó sobre todo a esquilar bestias según consta en algunos de sus documentos.

De esta unión nació en Triana, en el número 20 de la calle Pagés del Corro, en la Cava de los Gitanos, el 26 de julio de 1846, el que con los años llegaría a ser conocido en el barrio como el Señor Manuel Cagancho, una vez que ya se había casado con María Jesús Vargas Flores, por supuesto en la Catedral de Triana, concretamente el 13 de noviembre de 1870. Trianera también, su esposa era hija de un herrero de Dos Hermanas, José de Vargas, y de María de Flores. Curiosamente, los tatarabuelos paternos de Manuel Cagancho eran los bisabuelos paternos de su esposa. Luego había parentesco familiar, motivo por el que la pareja tuvo que presentar un extenso expediente matrimonial con un detallado árbol genealógico para demostrar que sus ancestros eran ciudadanos como Dios manda.

Manuel Cagancho era, pues, un trianero de pura cepa, criado en la fragua familiar y educado en una familia de cantaores puros. Sintió pronto la llamada del cante, pues no en balde creció en un barrio sevillano donde este antiguo arte era una religión. Su padre fue un destacado seguiriyero y martinetero, aunque siempre vivió de la herrería y del oficio de esquilador. Además, el niño Cagancho alcanzó a conocer a Antonio el Fillo y a Frasco el Colorao, posiblemente la base principal del cante trianero. Tenía solo nueve años cuando murió el Fillo (Triana, 1854), pero seguramente tuvo la oportunidad de escucharlo en alguna fiesta familiar.

 

Padrón de Manuel Cagancho. Triana, 1902. Archivo Manuel Bohórquez.

Padrón de Manuel Cagancho. Triana, 1902. Archivo Manuel Bohórquez.

 

En cuanto a Frasco el Colorao, que era seis o siete años mayor que el Fillo, lo escuchó más porque murió décadas más tarde y hasta fueron vecinos alguna vez. También trató a Francisco la Perla, con el que estaba emparentado. No tuvo necesidad de emigrar para trabajar porque fue un herrero cotizado, y tampoco para dedicarse al cante como profesional porque jamás lo hizo. Cantaba solo en fiestas familiares y de señoritos aficionados que iban a Triana a disfrutar en privado del cante profundo y emocionante de sus gitanos.

Tuvo Manuel Cagancho un buen puñado de hijos, entre varones y hembras. Su primogénito, Joaquín Rodríguez Vargas, nacido en la calle Paraíso de Triana el 7 de enero 1871, destacó también como cantaor y llegó a vivir un poco de las fiestas privadas. Seguiriyero y martinetero, al igual que su padre, se casó con una nieta del Fillo, Amparo Ortega Bermúdez, de cuya unión nació el famoso torero Joaquín Rodríguez Ortega, Cagancho, en Triana, el 14 de marzo de 1903. Nada menos que en la célebre calle Evangelista, la de los gitanos herreros y cantaores, donde, entre otros, vinieron también al mundo los cantaores calés Juan y José el Pelao.

Juan el Pelao fue competidor de Manuel Cagancho, aunque solo en las fiestas del barrio. Era algo más joven que Manuel, pero sus duelos martineteros en la taberna del Arquillo y la Perla han quedado en la historia del añejo cante trianero. A ella acudían los gitanos del arrabal para disfrutar de sus metálicas voces, y hasta aficionados ilustres como el general Sánchez Mira. Incluso jóvenes artistas –como Chacón, recién llegado a Sevilla– se acercaban a Triana para aprender sus cantes, según aseguró a un periodista de un diario sevillano uno de los hijos de Cagancho, Antonio, que bailaba en fiestas privadas.

 

«Todavía están a tiempo en Triana de conmemorar de algún modo el centenario de la muerte del Señó Manuel Cagancho. Mientras eso llega, podemos disfrutar de su cante en cilindro de cera, unas soleares y unas seguiriyas magníficas»

 

El torero Joaquín Rodríguez Ortega 'Cagancho'.

El torero Joaquín Rodríguez Ortega ‘Cagancho’.

Un gitano cabal

Cantaor grande, buen marido y mejor padre, el Señó Manuel Cagancho se distinguió siempre por ser un gitano cabal. Fue muy querido en Triana y algo tendría como cantaor cuando a los cien años de su muerte todavía se sigue hablando de él y de sus impresionantes seguiriyas, que hoy forman parte del repertorio de los cantaores y cantaoras actuales:

 

Al Señor de la ensinia
le ayuno los viernes
porque me ponga al pare de mi arma
donde yo lo viere.

 

Su estilo influyó en varias generaciones de intérpretes del cante sevillano. Como ya sabemos que vivió hasta 1913, es lógico pensar que Tomás Pavón pudiera haber aprendido directamente de él su célebre seguiriya Reniego de mi sino, o la de Frasco el Colorao, Y Dios mandó el remedio. Tomás tenía veinte años cuando murió Cagancho y era ya un cantaor muy tenido en cuenta. Lo mismo se podría decir de Pepe el de la Matrona, Manuel Vallejo, el Colorao de la Macarena o la mismísima Niña de los Peines.

Manuel Cagancho fue a morir en la misma calle donde vino al mundo, Pagés del Corro, en la Cava de los Gitanos –antigua Cava Nueva–, a las dos de la tarde del 10 de febrero de 1913. Como los gorriones, siempre estuvo en los mismos árboles. Aunque él no fue precisamente un gorrión, sino un cagancho, pájaro de donde le vino el apodo, seguramente heredado de su padre.

Murió el maestro como consecuencia de una lesión orgánica del corazón a la avanzada edad de 75 años. Todavía están a tiempo en Triana de conmemorar de algún modo el centenario de su muerte, aunque con siete años de retraso. Mientras eso llega, los aficionados podemos disfrutar de su cante en cilindro de cera, unas soleares y unas seguiriyas magníficas.

 

 

El último Cagancho

El último Cagancho cantaor fue Joaquín Rodríguez Vargas, aunque era más cantaor de fiestas que de escenarios. Pero se codeó con Ramón el Ollero, Pareja, Arturo Pavón padre, El Portugués y otros de su tiempo. No tuvo un buen final. Cuando estalló la Guerra Civil española de 1936, su hijo, el gran torero gitano, pensó en la idea de abandonar Sevilla en dirección a Marsella (Francia) para salvar su vida y la de su familia. Al ya anciano Joaquín Cagancho no le resultó fácil tomar la decisión de abandonar Triana, pero tuvo que hacerlo y embarcó para Marsella. Al llegar a Valencia, se sintió mal y falleció de manera repentina en el mismo barco, siendo enterrado en esta ciudad. Cómo iba a imaginar el viejo gitano, con casi setenta años, que acabaría enterrado en Valencia, tan lejos de su amado barrio de Triana.

 

Imagen superior: Manuel Cagancho –al fondo, con camisa blanca– e hijos. Reportaje sobre las fraguas de Triana, 1912.

 

Joaquín Cagancho y su hermano el Rubio Cagancho en la Plaza de Toros.

Joaquín Cagancho y su hermano el Rubio Cagancho en la Plaza de Toros.

 

Joaquín Cagancho.

Joaquín Cagancho.

 

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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