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Silverio Franconetti o el Rey de los Cantaores (y 3)

Siempre se ha comentado que el célebre cantaor Silverio Franconetti tuvo algún hijo. Ricardo Molina y Luis Rosales lo reflejaron por escrito. Conociendo ya los dos apellidos de ese posible vástago, Domínguez Conde, el siguiente paso fue averiguar quién fue este sevillano. No tardé en saber que era de profesión impresor y presidente de la Tertulia El Arenal de Sevilla.

¿Tuvo hijos Silverio Franconetti? Oficialmente no. Se desconoce si pudo tener alguno en Sudamérica, donde estuvo siete años y lo más probable es que tuviera alguna relación amorosa. La verdad es que aún hay poca información sobre el artista en esos países a los que emigró. Sabemos con certeza que no tuvo descendencia con su primera esposa, Ana Torrecilla. Al menos no consta en ningún documento. Y con la segunda, María de la Salud Sánchez Morán, tampoco. Sin embargo, siempre se ha comentado que tuvo algún hijo. Ricardo Molina le habló del asunto en una carta al flamencólogo argentino Anselmo Gonzalez Climent:

 

Estoy procurando conseguir con mucho entusiasmo cuadros, fotografías, recuerdos, cartas y datos familiares de Silverio. Su hijo falleció hace unos diez años (1952) aproximadamente. Fue el único y verdadero transmisor de los cantes de su padre. A su vez, las huellas del hijo parece que han sido conservadas en ciertas minorías de aficionados de Sevilla.

 

El poeta granadino Luis Rosales también nos aportó datos sobre otro presunto hijo del artista sevillano, según el artículo que publicó en ABC, el 8 de julio de 1989: ¿Cómo era Federico? Al parecer daba a conocer una anécdota recogida del propio Federico García Lorca:

 

Al día siguiente vino un amigo a visitarle, y viéndole callar no se atrevió a decirle nada. En estos trances, cuanto más callada es la visita, más se agradece la compañía. A fuerza de callar, se pasaron, en un vuelo, tres horas. El visitante, entonces, dio su visita por terminada. Se levantó, dirigiéndose hacia la puerta. Silverio, al lado de él, era su sombra, nada más que su sombra. Ya, con la puerta abierta, el visitante se volvió hacia Silverio para decirle sus únicas palabras de aquel día: “Qué, habrás sufrido mucho”. Y Silverio le contestó: “Fíjate lo que habré sufrido, que me pasé la noche entera cantando seguiriyas”.

 

En la revista Dígame, de 1961, el periodista Ricardo Rufino entrevistó a un presunto nieto de Silverio, Nicolás Franconetti, que aporta datos biográficos sobre el artista, aunque no dice nada referente a quién era su padre, esto es, el hijo de Silverio. Desde luego, estaba bastante informado de los asuntos familiares y artísticos de su abuelo.

 

«Esta historia no va a cambiar en nada la de Silverio como revolucionario del arte flamenco y padre de este arte, pero pondrá algunas cosas en su sitio y aportará un destacado episodio de su biografía, aún por escribirse. La vida de Silverio nos deparará aún muchas más sorpresas»

 

Carta de la Tertulia El Arenal, 1935.

 

Carnet de la Tertulia El Arenal, 1934.

 

El testimonio de Luis Suárez

Hace más de dos años, Luis Suárez Ávila, investigador y gran aficionado al flamenco, del Puerto de Santa María, me propuso que investigara sobre un posible hijo de quien apenas tenía información. Solo sabía, por lo que le había dicho hacía años Antonio Galea Calderón, que se llamaba también Silverio y que su madre se apellidaba Domínguez. Y que era de profesión impresor. Naturalmente, la escasez de datos ponía muy difícil localizar en el padrón de Sevilla a este posible hijo del genio de la Alfalfa. Tras dejar dormir un poco la idea de localizarlo, decidí comenzar la investigación y lo primero que hice fue buscar a un Silverio Domínguez en los censos sevillanos del último tercio del siglo XIX. Enseguida apareció un Silverio con este apellido e hijo de Ana Domínguez Conde, que era madre soltera, luego empezábamos bien. Vivían entonces, en 1895, en el número 42 la calle Galera, perteneciente a la collación de la Magdalena.

Conociendo ya sus dos apellidos, Domínguez Conde, el siguiente paso fue averiguar quién fue este sevillano, y no tardé en saber que era de profesión impresor y presidente de la ya extinta Tertulia El Arenal de Sevilla, que fue fundada por él mismo en 1932. Este centro cultural, que estuvo precisamente en el Arenal, se distinguió por su gran labor en la difusión de la cultura sevillana, donde tuvo siempre un lugar importante el arte flamenco, con la celebración de innumerables conferencias sobre el género a cargo de destacados intelectuales y artistas de la época, como el escritor Santiago Montoto, el pintor José Rico Cejudo o el cantaor Fernando el de Triana, quien por cierto cita a Silverio Domínguez en la extensa lista que aparece en su libro Arte y artistas flamencos (1935), como destacado crítico de flamenco, esto es, un gran conocedor del arte jondo.

 

Fernando el de Triana llegó a conocer a Silverio Domínguez Conde, al que cita en su libro como crítico de flamenco, no sabemos si conociendo que era el hijo del maestro.

 

Las piezas iban encajando

Las piezas del rompecabezas empezaban a encajar. Localicé su partida de bautismo en la Parroquia de la Magdalena, en la que, en efecto, constaba que Juan Silverio, Santiago, José de la Santísima Trinidad Domínguez Conde, nacido en Sevilla el 23 de marzo de 1888 –un año antes de la muerte de Silverio–, era hijo de Ana Domínguez Conde, madre soltera, sevillana también y de solo 19 años de edad. El niño era de padre desconocido. Sin embargo, en el registro de su muerte, ocurrida en Sevilla en mayo de 1934, como consecuencia de fiebres maltas, constaba que era hijo de Silverio y de Ana.

A pesar de ser bautizado como Juan Silverio, en los padrones y documentos personales siempre aparecía como Silverio, renunciando a su primer nombre, que era el de Juan, el nombre de su bisabuelo y abuelo maternos. Sin embargo, en la Guía de Sevilla de los años treinta, en el apartado de impresores, aparecía como Juan Silverio. Tenía ya pocas dudas de que pudiera ser hijo del gran cantaor sevillano. Primero, porque el informador de Luis Suárez, Antonio Galea, era pariente del actor cómico sevillano José López Galea, quien durante algún tiempo dirigió el Café Filarmónico de Sevilla, luego tuvo que tener una estrecha relación con Silverio Franconetti. En segundo lugar, porque ya encajaban todas las piezas, una vez contrastados los datos que había aportado el investigador portuense, que no fueron muchos pero sí precisos y fiables.

 

«Analizada toda la documentación recopilada, y tras descubrir que en el acta sacramental de Silverio Domínguez aparecía el mismísimo Silverio Franconetti como padrino y su esposa como madrina, se pueden imaginar el lío»

 

Nieto de Juan de Dios el Isleño

Sabiendo ya quién fue Silverio Domínguez Conde, el siguiente paso fue investigar a su madre, y al localizar su partida de nacimiento (Sevilla, 1869), descubrí no sin grata sorpresa que era hija de Juan de Dios Domínguez y Cadenas, el célebre cantaor y torero de San Fernando, conocido en el mundo taurino por El Isleño. Este Juan de Dios es probable que fuera el mismo Juan de Dios al que citaba Serafín Estébanez Calderón en sus famosas Escenas andaluzas, en concreto en Un baile en Triana, que se publicó por primera vez en prensa en 1842.

La sorpresa fue mayúscula, porque el posible hijo de Silverio era nieto del célebre Juan de Dios El Isleño, quien no solo cantó y alternó en innumerables ocasiones con Silverio, sino que también dirigió el Café Filarmónico de Sevilla hasta 1882, año en el que lo sustituyó su hijo, Juan de Dios Domínguez Jiménez, esto es, el abuelo materno del más que probable hijo del Rey de los cantaores.

Parece que Ana Domínguez Conde fue también artista, aunque tras una minuciosa búsqueda no he logrado localizarla en carteles o la prensa de la época, al menos como Ana Domínguez. Puede ser una de aquellas artistas que aparecían siempre citadas por su apodo, algo muy normal en el flamenco y en el toreo. Alguna relación tendría con el arte, además de por ser la nieta de quien era, porque el gran pintor sevillano Juan Lafita le hizo un retrato que no he podido localizar aún. Al parecer, esta mujer era de una belleza sevillana que cautivó a más de un pintor. Y todo indica que también a Silverio, quien cuando quedó cautivado por sus encantos femeninos era un hombre casado, en concreto con la trianera María de la Salud Sánchez Morán, con la que contrajo matrimonio en la Catedral de Sevilla en 1884.

 

Silverio Domínguez, viviendo con su madre en la calle Galera en 1901. Cerca de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Sevilla. Archivo Bohórquez

 

Carrera sentimental de Silverio

Silverio se casó por primera vez en Málaga, en 1868, con la linarense Ana Torrecilla Sánchez, con la que no tuvo descendencia. Tras enviudar, se casó con la mujer ya citada, perteneciente a una conocida familia trianera dedicada al viejo oficio de la alfarería. En ambos matrimonios destacaba la diferencia de edad entre el cantaor y sus mujeres. El hecho de que no hubiera tenido descendencia con ninguna de ellas desató la curiosidad y la fantasía de reputados flamencólogos, que incluso llegaron a poner en duda su hombría y virilidad. Alguno hasta se atrevió a decir que le faltaba un testículo, confundido por el hecho de que hubiera sido apuntado al nacer en el registro de Inhábiles de San Isidoro, quizás desconociendo que el padre del artista, don Nicolás Franconetti Chesi, de Roma, perteneció hasta su muerte al Cuerpo de Inhábiles de Sevilla. El ya desaparecido Manuel Yerga Lancharro llegó a llamarlo “tarado físico”, en un alarde de estupidez.

Juan Silverio Domínguez, el posible hijo de Silverio, tampoco tuvo descendencia, aunque estuvo casado con la sevillana Enriqueta González Fernández y unido a ella hasta su muerte, ocurrida en el número 30 de la céntrica calle Harinas. Se casaron en la Parroquia de San Pedro el 6 de mayo de 1923. Por tanto, si no tuvo descendencia va a resultar difícil poder demostrar que era hijo del cantaor, a pesar de que encajan todas las piezas del rompecabezas, de que en su defunción aparece un Silverio como su padre y que su madre era del entorno del gran artista de la Alfalfa.

En la partida de bautismo de Silverio Domínguez Conde hay una sorpresa más. Aparecen como sus padrinos Silverio Franconetti y su esposa, María de la Salud Sánchez. Y para colmo del asombro, el niño había nacido en el número 11 de la calle Rosario, donde Silverio tuvo su café:

 

En la ciudad de Sevilla a trece de abril de mil ochocientos ochenta y ocho; yo el Dr. D. José Artiga y Santos, Pbro. Cura de esta Parroquia de Sta María Magdalena de esta Capital, bautizé solemnemente a un niño que nació el día veinte y tres de marzo último a las once de la noche calle Rosario 11, hijo natural de Doña Ana Domínguez y Conde, de estado soltera; abuelos maternos; D. Juan de Dios y Doña Concha naturales todos de Sevilla; se le puso por nombre Juan, Silverio, Santiago José de la Santísima Trinidad y fueron sus padrinos D Silverio Franconetti y Dª Salud Sánchez de estado casados a quienes advertí el parentesco espiritual y sus obligaciones testigos D José Rosado y Don José Herrera. Y para que conste lo firmo fecha ut supra.

 

«Luis Suárez Ávila, investigador y gran aficionado al flamenco del Puerto de Santa María, me propuso que investigara sobre un posible hijo de quien apenas tenía información. Solo sabía que se llamaba también Silverio y que su madre se apellidaba Domínguez. Tras dejar dormir un poco la idea de localizarlo, decidí comenzar la investigación y lo primero que hice fue buscar a un Silverio Domínguez en los censos sevillanos del último tercio del siglo XIX»

 

Analizada toda la documentación recopilada, y tras descubrir que en el acta sacramental de Silverio Domínguez aparecía el mismísimo Silverio Franconetti como padrino y su esposa como madrina, se pueden imaginar el lío. Cabe hacerse muchas preguntas, como, por ejemplo, si la mujer del cantaor sabía que ese niño era de su marido. ¿Estaría al corriente del romance de su esposo con la nieta del célebre Juan de Dios? ¿Lo sabía y asumió la situación? ¿Por qué el niño nació precisamente en la calle Rosario? Quiero pensar que todos estaban al corriente de quién era el padre de la criatura.

Puestos al habla con una tataranieta del hermano mayor de Silverio, Nicolás Franconetti Aguilar, nos informó que en la familia siempre se había sabido que el cantaor tuvo amores con una flamenca poco antes de su muerte y que el romance constituyó un gran disgusto familiar, lo que pudo acelerar la muerte del artista, ocurrida en Sevilla el 30 mayo de 1889, a la edad de 59 años, como consecuencia de hipertrofia del corazón. Curiosamente, cuando el afamado cantaor acababa de llegar de Madrid en donde pensaba abrir otro café cantante para cerrar del todo el de Sevilla, posiblemente cansado por los escándalos y las continuas denuncias de la prensa local por trifulcas y reyertas en el salón.

Si es cierta la historia del romance y posterior hijo de Silverio con Ana Domínguez Conde, la nieta del Isleño, el escándalo tuvo que ser sonado, puesto que en aquellos años la mayoría de edad de la mujer estaba en los veinticinco años. Por tanto, la muchacha era una menor. Si a esto añadimos que era nieta del torero y cantaor de San Fernando, aunque este ya había fallecido, supongo que el revuelo sería aún mayor. Esto pudo provocar un gran disgusto entre Silverio y su joven esposa. Tanto que el cantaor acabó sus días viviendo solo, residiendo entonces, cuando murió, en la Plaza de San Francisco de Sevilla, en un edificio que estuvo en lo que hoy es el Banco de España.

Silverio Domínguez Conde fue hijo único y, como además no tuvo descendencia, será prácticamente imposible poder determinar si fue o no realmente hijo de Silverio Franconetti. Todo indica que lo fue y que sabía que lo era, de ahí seguramente su afición al flamenco y su desmedida preocupación por que fuera un arte reconocido en Sevilla, merecedor de ser materia de investigación en la Tertulia el Arenal, que él fundó y presidió hasta su muerte, por parte de intelectuales y artistas de la época. Seguramente quiso dar continuidad a la labor iniciada por su padre en los inicios de la séptima década del siglo XIX.

 

Registro del enterramiento de Silverio Domínguez en el Cementerio de San Fernando, Sevilla. Archivo Bohórquez.

 

Impresor y activista cultural

Dueño de una importante imprenta, que estuvo en el número 30 de la calle Harinas, editó algunos libros relacionados con el flamenco, como, por ejemplo, Musa flamenca (1928), del poeta sevillano José Pérez Ortiz, con prólogo de los Hermanos Quintero y epílogo del académico José Yubero. Era un libro de coplas flamencas, en el que por cierto aparecían algunos de los fandangos que grabó el cantaor sevillano Manuel Vega García El Carbonerillo. También editó un precioso libro de Santiago Montoto, El Arenal de Sevilla (1932), cuyo origen fue una conferencia que ofreció el escritor en la Tertulia el Arenal aquel mismo año. Por tanto, Silverio Domínguez Conde fue un sevillano muy comprometido con la cultura hispalense y, de manera muy especial, con el arte flamenco, su dignificación y sus intérpretes.

Supongo que muchos sevillanos conocerían este hecho, la existencia de un hijo de Silverio. El mismo Fernando el de Triana, que lo incluyó en su libro como un destacado crítico de flamenco. Y el actor cómico José López Galea, amigo de Silverio Franconetti y destacado empresario del mundo del espectáculo, por quien el informador de Luis Suárez Ávila, Antonio Galea Calderón, estaría al corriente de esa paternidad de Silverio hasta ahora oculta y olvidada.

Esta historia no va a cambiar en nada la de Silverio como revolucionario del arte flamenco y padre de este arte, pero pondrá algunas cosas en su sitio y aportará un destacado episodio de su biografía, aún por escribirse, aunque el ya desaparecido flamencólogo madrileño José Blas Vega publicara la más extensa y completa que se conoce hasta ahora sobre este artista, cuya verdadera vida seguro que nos deparará aún muchas más sorpresas.

 

* Ver aquí la primera entrega de esta serie oro sobre Silverio Franconetti.

* Ver aquí la segunda entrega de esta serie oro sobre Silverio Franconetti.

 

Partida de defunción de Silverio Domínguez, en la que consta como hijo de un Silverio. Archivo Bohórquez

 

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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