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Concha Vargas: la reina del romance

Una gran noche flamenca en la quinta jornada de la 56ª Caracolá Lebrijana. Noche armoniosa y resonante en la Plaza del Mantillo de Lebrija (Sevilla), con Juan Moreno y Concha Vargas como protagonistas.

La quinta noche de la 56 Caracolá Lebrijana no se puede definir de otra manera. Una gran noche flamenca. Noche que transcurre armoniosa y resonante en la Plaza del Mantillo de Lebrija. En este caso, Juan Moreno y Concha Vargas se convierten en los protagonistas. Estos dos ingentes artistas se encargan de desarrollar la velada. Gala que transcurre ante la expectante mirada de los que aman el flamenco y añoran un espectáculo de este calibre.

Después de la presentación que José Vargas Kilito hace de la celebración de la que vamos a disfrutar, Juan Moreno inaugura la Caracolá interpretando un palo muy asociado a su tierra. Y es que el guitarrista almeriense, que desde que comenzó se encuentra en plena proyección, dispara todas sus cualidades durante su taranta. Mesura, delicadeza, brío y pulcritud son algunas de las características que me sugiere su toque. Juan Moreno es un guitarrista al que es complicado perderle el hilo. Porque se entrega. Y eso se percibe. Ama lo que hace. Sin esfuerzo se puede reparar en su afán por la propulsión y la trascendencia en el público. Ramón Porrina lo acompaña en la percusión por bulerías, en las que el guitarrista nos descubre melodías atractivas y amenas contando en todo momento con el acompañamiento de Porrina. Concordancias melódicas que nos mecen hasta la soleá por bulerías, que toca con gusto y sutileza. Y unos tangos, que sin compañía del baile se vuelven más volátiles y etéreos. Bulerías de nuevo. Y la percusión que se mezcla con la guitarra. Ambos instrumentos no se incordian en ningún momento. Así consiguen verter notas en el aire que llegan a nosotros en forma de estío lebrijano.

 

«Concha Vargas nos trae retales de una inherencia jerezana que invade el escenario de alegría, creando además una sinergia con el arte de Lebrija»

 

Concha Vargas. 56ª Caracolá Lebrijana. Foto: Vicente Pachón

 

Juan despide al público con una sorpresa especial. Su hija sale al escenario interpretando unas bulerías que no dejan indiferentes. Tiene madera de artista y entona con seguridad. Por tanto, el soniquete, la fuerza y las ganas dan paso a la siguiente artista: Concha Vargas. Autóctona de la ciudad que tiene la suerte de ver cómo se desarrolla cada año el famoso festival de la Caracolá. Sin ninguna duda, querida y admirada por todos presentes en el espectáculo. Y no es para menos. Se trata de una bailaora en la que en su momento pusieron el ojo artistas de la talla del Güito o Mario Maya. Y esto es digno de admirar. Además, el elenco que la acompaña esta noche está a la altura de las circunstancias. Asimismo, Concha nos trae retales de una inherencia jerezana que invade el escenario de alegría, creando además una sinergia con el arte de Lebrija. El elenco está conformado por El Quini, Manuel de la Nina, José Pechuguita, Luis de Chimenea y Carmen Vargas al cante. A la guitarra, Curro Vargas y El Perla. Es cierto que el cuadro es inmejorable. Esto predispone al público para disfrutar del espectáculo con ganas e ilusión. El alboroto y el soniquete por bulerías se adueñan de la noche hasta que Concha Vargas sale al escenario como una novia con zarcillos de coral para rematar el final de las bulerías. Final en el que José Pechuguita regala caricias arromanzadas a la lebrijana para revestir su baile de empaque. Así dan paso al siguiente palo. En este caso, una soleá que el Quini comienza a entonar de manera señorial. Cante al que le sigue la voz joven, valiente y enérgica de Manuel de la Nina. Y una voz más madura que la anterior. La voz de José Pechuguita. El cantaor vuelve una vez más a imantar el duende de Concha Vargas. Así la bailaora impregna la atmósfera con remates de una fuerza imparable. Las poderosas yemas de sus dedos, apuntando de manera constante al cielo y que de forma simultánea consigue cortar el aire. Movimientos que invitan a recogernos y pellizcarnos de la misma manera que ella lo hace. Porque Concha Vargas pellizca, traspasa y se enreda. Su hija Carmen también tiene un papel muy protagonista en la velada que su madre nos ofrece. Conseguimos formar parte de un cálido abrazo entre las dos al final de baile por soleá. Es realmente mágico que un artista nos permita sobrepasar la línea y ver un poquito más allá. Ser de alguna manera partícipes de la intimidad que le rodea. De nuevo un solo de Carmen Vargas que no deja impasible. Y de nuevo queda demostrado que el ángel que acompaña a la familia Vargas a la hora de conectar de forma artística con el público es indiscutible.

 

«La bailaora impregna la atmósfera con remates de una fuerza imparable. Las poderosas yemas de sus dedos apuntan al cielo y cortan el aire. Movimientos que invitan a recogernos y pellizcarnos. Porque Concha Vargas pellizca, traspasa y se enreda»

 

Por tonás. Interpretadas por Luis de Chimenea y Manuel de la Nina colman el momento de una sobriedad que posteriormente termina de dibujar por seguiriyas cada fleco del vestido de la Vargas. Un baile con una impronta muy personal que deja paso a unos tangos para evadirnos un poco de la dureza y la austeridad que nos han acompañado durante la seguiriya.

 

Concha Vargas y Luis de Chimenea. 56ª Caracolá Lebrijana. Foto: Vicente Pachón

 

Para finalizar, los artistas vuelven al cante festero por excelencia. Y comienzan otro soniquete por bulerías que anima a la gente. El romance se apodera de Concha. Esta sale al escenario con un vestido del color de la pasión que torna a colores rosados según la luz que incida en el mismo. Una Concha enamorada del palo al que prácticamente ella le ha puesto baile y ritmo. Es la reina del romance. Lo ha demostrado una vez más encima de las tablas, pues toda su esencia como artista y persona pueden discernirse, sin lugar a dudas, al compás de este palo. El conjunto tiene la deferencia de hacer unos cuantos guiños a la cantaora lebrijana Inés Bacán. Por eso, para recuperar la energía que exige el baile personal de Concha, van al pocito a por agua de manera reiterada durante todo el espectáculo.

Y antes de que la protagonista haya puesto los dos pies fuera de las escaleras del escenario, el público aplaude incesante. Ha sido una noche muy especial. Un crepúsculo que ha conseguido poner a todos los asistentes en pie de manera inmediata con el sabor del romance. La visión de la intensidad. El oído de un soniquete seductor. Y el tacto del duende. Que está en el aire. Pero a veces, gracias a artistas como ellos, se puede conseguir palpar.

 

Ficha artística

56 edición de la Caracolá Lebrijana
15 de Julio de 2021
Plaza del Mantillo, Lebrija

I Parte
Guitarra: Juan Moreno
Percusión: Ramón Porrina

II Parte
Baile: Concha Vargas
Cante: Luis de Chimenea, Carmen Vargas, Joaquín Flores El Quini, Manuel de la Nina y José Pechuguita
Guitarra: Curro Vargas y El Perla

 

Concha Vargas. 56ª Caracolá Lebrijana. Foto: Vicente Pachón

 

Concha Vargas, Luis de Chimenea, Pechuguita y Quini. 56ª Caracolá Lebrijana. Foto: Vicente Pachón

 

Concha Vargas y Luis de Chimenea. 56ª Caracolá Lebrijana. Foto: Vicente Pachón

 

Concha Vargas, Pechuguita y Quini. 56ª Caracolá Lebrijana. Foto: Vicente Pachón

 

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Bailaora madrileña. Graduada en Comunicación Audiovisual por la Univ. Rey Juan Carlos. En Amor de Dios, Casa Patas y Cristina Heeren desarrolló su gusto por la danza y el flamenco. «No somos atletas. Estamos empezando a cometer el triste error de ofrecer al público una confección enlazada de complejos zapateados a una velocidad desorbitada sin la modulación propia de la música que estamos adornando y que nos adorna».

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