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Belén López y el taconeo agónico

La bailaora catalana Belén López lleva a las tablas del Teatro Central (Sevilla) su espectáculo ‘Flamenca’, una apabullante exhibición de facultades con algunos aspectos por redondear. Disfrutar de su baile de altura es un bálsamo para estos tiempos tremendos.

Quienes vieran salir al público del Central debieron de pensar que el café que se sirve en el ambigú del teatro es del fuerte, porque la gente vibraba como un diapasón. La explicación de dicho estado no era otra que el recital que la bailaora Belén López acababa de ofrecer en el marco del programa Flamenco viene del Sur, a una hora tan poco propicia como las cuatro de la tarde, aunque ya nos vamos acostumbrando a los horarios de la pandemia.

El título del montaje es de por sí una declaración de intenciones. Por lo que supone autoproclamarse Flamenca sin más, en un tiempo en el que otros parecen recelar de esa etiqueta, o incluso se definen a sí mismos como exflamencos. Y por lo que tiene de sencillez de planteamiento, de ausencia de enredos argumentales o artificios escénicos.

 

«El mantón sobre la silla de enea, los palillos, la bata de cola, el mandil de lunares. Y por encima de todos ellos, esos zapatos de tacón que en los pies de Belén López son casi una orquesta sinfónica»

 

Por el contrario, la propuesta resulta extremadamente sencilla en lo formal: contados elementos, un elenco reducido, incluso un repertorio limitado de palos. Todo para mayor gloria y lucimiento de la artista catalana, que se bastó y se sobró para acaparar la atención de un público predispuesto al encantamiento.

La secuencia la marcan únicamente los bailes y los símbolos de la flamencura: el mantón sobre la silla de enea, los palillos, la bata de cola, el mandil de lunares. Y por encima de todos ellos, esos zapatos de tacón que en sus pies son casi una orquesta sinfónica, pues pocas bailaoras hay en el panorama actual –y hasta en los panoramas pretéritos– que conjuguen de ese modo velocidad y precisión, con un dominio de los tiempos y de los acentos verdaderamente prodigioso.

 

‘Flamenca’, de Belén López. Teatro Central, Sevilla. 9 dic 2020. Foto: perezventana

 

El pórtico del espectáculo, con un hermoso juego de brazos sobre la sosegante guitarra grabada de Antonio Rey, fue un espejismo, ya que en adelante lo que mandarían serían precisamente los pies, y al estilo que ha dado fama a Belén López. Me refiero a esa energía desbordante y sostenida, que en ocasiones puede llegar a parecer agresiva, casi salvaje. Es la antípoda de la bailarina lánguida y frágil: un torbellino que podría ser pura visceralidad si no fuera porque el cerebro de la artista, es decir, la técnica, lleva firme las riendas de su arte.

La tarraconense, como diría George Braque, ama la regla que corrige la emoción, pero también le gusta que la emoción mane generosamente. El suyo es un baile de intenso dramatismo, por momentos agónico: un cuerpo en lucha, que sale a escena como quien sale a la arena del circo romano, a matar y a morir.

Una seguiriya para enmarcar, honda y exuberante, la soleá envolvente, los taconeos vertiginosos, casi hipnóticos, así como los detalles imaginativos que escancia a su antojo en las alegrías y en las bulerías, hacen de la presencia de Belén López en el escenario algo más que una exhibición atlética, que también: un alarde de facultades apabullante.

 

«El suyo es un baile de intenso dramatismo, por momentos agónico: un cuerpo en lucha, que sale a escena como quien sale a la arena del circo romano, a matar y a morir»

 

La propuesta, sin embargo, dista de ser redonda. Aunque ya lleva su rodaje por los escenarios, algunos aspectos deslucen el conjunto. No solo los problemas técnicos que hacen que suene en escena la guitarra que está afinando entre bambalinas, menores al fin y al cabo, sino ese ligero desorden en las transiciones o la excesiva extensión de los solos, que distorsionan el ritmo del espectáculo.

Por otro lado, y aun reconociendo la entrega de los cantaores y músicos de acompañamiento, es difícil no imaginar cómo sería Flamenca con una escolta diferente, tal vez con guitarras menos discretas y con voces más atemperadas, que no añadan exceso al exceso que de por sí brinda el baile. O acaso ayudara un trabajo de dirección exigente, que impusiera un equilibrio entre el efusivo arte de Belén López y su cuadro de retaguardia.

Tampoco puede ignorarse que el flamenco de hoy en día tiene el listón bien alto, y hasta los tablaos se han vuelto competitivos en ese sentido. Para estar en lo más alto –y Belén López no desmerece en absoluto ese objetivo– es necesario cuidar todos los aspectos, porque, aunque parezca a veces complaciente, el respetable se ha malacostumbrado, por así decirlo, a las producciones de muy alto nivel.  

Con todo, disfrutar de un baile de altura como el que ejecutó la artista es un bálsamo para estos tiempos tremendos que atravesamos. Frente al desfallecimiento generalizado de las almas, entre el tedio, el miedo y la incertidumbre, la vieja llama del flamenco hizo que los espectadores del Teatro Central se reencontraran con esa verdad que nos permite seguir sintiéndonos vivos. 

 

Ficha artística

Flamenca, de Belén López
Ciclo Flamenco viene del Sur
Teatro Central, Sevilla. 9 diciembre 2020
Baile: Belén López
Cante: Juañares, Perrete, Manuel Tañé
Guitarra: Juan Jiménez, Carlos Jiménez
Percusión: Rafael Jiménez ‘El Chispas’

       

‘Flamenca’, de Belén López. Teatro Central, Sevilla. 9 dic 2020. Foto: perezventana

 

‘Flamenca’, de Belén López. Teatro Central, Sevilla. 9 dic 2020. Foto: perezventana

 

‘Flamenca’, de Belén López. Teatro Central, Sevilla. 9 dic 2020. Foto: perezventana

 

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Un pie en Cádiz y otro en Sevilla. Un cuarto de siglo de periodismo cultural, y contando. Por amor al arte, al fin del mundo.

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