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El Pele, a sangre y fuego

El veterano cantaor cordobés brindó una noche magnífica en el Teatro Lope de Vega de Sevilla. Una de las grandes citas de la Bienal de Flamenco.

El Pele. Ni más ni menos. Con sus defectos y sus virtudes. Te gusta o no te gusta, no hay término medio. O quizá sí. Manuel Moreno (Córdoba, 1954) no te dejará indiferente. Sabes por qué. Porque no se parece a nadie. Ni siquiera a él mismo, pues no hay dos veces que aborde los cantes igual. Pertenece a esa especie en extinción de los artistas que solían crear los cantes sobre la marcha, como el Chozas de Jerez, Manolo Caracol o, más reciente, Juan Peña el Lebrijano y José de la Tomasa. A ti, que eres tan purista, no te resulta fácil de asimilar. Pero, créeme, cuando te das cuenta de los riesgos que asume el cantaor al elegir esa manera de interpretar, la emoción que llegas a sentir compensa con creces todos tus prejuicios.

Sobre todo, porque Manuel te demuestra una y otra vez que conoce el paño, la fibra, la materia prima de la que nace lo jondo. Te da un repaso al muestrario de soleares que lleva bajo la gorra que te deja muerto. Anoche le tocaron en suerte Manuel Torre, la Andonda, la Serneta, Frijones o Paquirri el Guanté. Pero cuando llega el momento en que le comprarías todo el fondo de armario. Cuando te has entregado al chalán aceptando que una sola palabra suya bastará para sanarte. Entonces entra el mago en el juego, quizá elevado al éxtasis de la mano negra de Dani de Morón, y te revolea de un chisterazo. Son las soleares del Pele, que el maestro Faustino Núñez no tardará en incluir en su maravillosa lámina ilustrativa de la historia del cante. Manuel Moreno tira de un extremo del ovillo y tu corazón nunca sabe cuánto le queda para desenredarse. Toda una experiencia.

 

«Manuel Moreno ‘El Pele’ te demuestra una y otra vez que conoce el paño, la fibra, la materia prima de la que nace lo jondo. Te da un repaso al muestrario de soleares que lleva bajo la gorra que te deja muerto»

 

En otros casos la libertad creadora no tiene por qué llegar a buen puerto, como es el caso de esas alegrías para el baile sin bailaora. Tres guitarras, tres pares de manos y un juego completo de percusión son, pa ti y pa mí, demasiado equipaje para llegar a Cádiz. Y, por mucho que el público aplaudiera a rabiar, ni a ti ni a mí nos gustaron mucho. Son las mismas que canta siempre y, en anteriores ocasiones, parecían completamente diferentes. Eso es lo que te quiero decir.

 

El Pele, 'A sangre'. Teatro Lope de Vega. Bienal de Sevilla. Foto: Claudia Ruiz Caro

El Pele, ‘A sangre’. Teatro Lope de Vega. Bienal de Sevilla. Foto: Claudia Ruiz Caro

 

Donde el Pele no hace concesiones es en el palo gordo de lo jondo, la seguiriya. Anoche volvió a demostrar por qué, después de tantos años, sigue estando entre los más grandes. Diego del Morao sacó los lamentos más negros de su guitarra y le dio la entrada. El Pele salió por Manuel Torre sin templarse siquiera, a portagayola. Le puso el toro delante a Diego para que se luciera con los bordones más dolientes del barrio de Santiago. Y cuando el tocaor estaba en mitad del remate de la falseta, el de Córdoba no pudo aguantarse y se lanzó de nuevo al ruedo. Se tragó los ayes del Marrurro desde la boca de riego, dejándonos sin respiración y malheridos. Después de que Paco la Luz y el Loco Mateo le entregaran los trastos de matar, Manuel tiró para Sanlúcar de Barrameda para cerrar la serie con la seguiriya del Tuerto de la Peña:

 

Toditos los faluchos
entran en bahía
tan solamente dónde viene mi madre
entrar no podía.

 

Un recital de unas dos horas da para mucho más que esta crónica. Decir que notamos algún problema con el sonido al principio de la actuación, lo que deslució la zambra Suelta la luna un suspiro, la vidalita de La vieja sonanta gime y una granaína chaconiana, todo por bulerías a tres guitarras. Todo pareció arreglarse con una magnífica minera, en la que tuvo un papel grandioso Dani de Morón:

 

Quiero hacer fuerza y no puedo,
siento de la muerte el frío,
quiero hacer fuerza y no puedo,
no me abandones, Dios mío,
porque queda otro barreno
entre el escombro perdío.

 

Letra, por cierto, popularizada por la gran cantaora alicantina Encarnación Fernández. Hubo tientos tangos de Pastora Pavón, al estilo de El Pele, claro está.

Momento sublime. Cuando el Niño Seve, guárdame un poco de pelo, le dice el Pele, toma asiento. Y comienza la serie: granaína, malagueña doble del Mellizo y de la Trini, la auténtica:

 

Ay, haciendo yo por olviarte,
yo creí que adelantaría,
haciendo yo por olviarte,
cuando pasaron tres días
como un loco fui a buscarte,
porque sin ti vivir no podía.

 

Lo demás, sobró, sinceramente. Ay, primo, no seas así que yo disfruté de lo lindo con las bulerías y los fandangos de Huelva. Que cantó el de Rengel, el de Almonaster la Real, el  de Valverde y el de Rebollo. Tú misma, prima, yo sé con lo que me quedo.

Fotos: Claudia Ruiz Caro – Bienal de Sevilla

 

Ficha artística

Espectáculo: A sangre
Ciclo: XXI Bienal de Flamenco
Lugar y fecha: Teatro Lope de Vega, Sevilla. 15/9/2020
Cante: Manuel Moreno El Pele
Guitarras: Dani de Morón, Diego del Morao y Niño Seve
Palmas: José Jiménez Santiago Bobote, José Suárez Torombo y José Moreno
Percusión: Cesáreo Moreno el Güito

 

El Pele, 'A sangre'. Teatro Lope de Vega. Bienal de Sevilla. Foto: Claudia Ruiz Caro

El Pele, ‘A sangre’. Teatro Lope de Vega. Bienal de Sevilla. Foto: Claudia Ruiz Caro

 

El Pele, 'A sangre'. Teatro Lope de Vega. Bienal de Sevilla. Foto: Claudia Ruiz Caro

El Pele, ‘A sangre’. Teatro Lope de Vega. Bienal de Sevilla. Foto: Claudia Ruiz Caro

 

 

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Filólogo madrileño. Media vida en Sevilla. Centinela de las palabras. Lo jondo le acelera peligrosamente el corazón.

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