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El arte y las Olimpiadas de Tokio

Juan Villar, Tía Juana la del Pipa, Esmeralda y Ana Rancapino ponen el broche al ciclo ‘Cádiz Flamenco’, el regreso estival del flamenco a la capital gaditana.

Con una prometedora cuarta velada en el programa, culminaba ayer en el gaditano Baluarte de Candelaria el ciclo Cádiz Flamenco. Aunque sea pronto para hacer balance, y más allá de los ajustes que deban hacerse en futuras ediciones, solo cabe felicitar a su responsable, Curro Velázquez-Gaztelu, y a su formidable equipo, por devolver el cante jondo en periodo estival a una ciudad que lo necesita como el comer. Hacerlo en tiempo de pandemia, con todas las dificultades que ello conlleva, añade valor a una empresa a la que solo cabe augurar una larga y feliz continuidad.

Dicho esto, toca ocuparse de la jornada de clausura, conducida por el periodista Juan José Téllez, que abrió la chiclanera Esmeralda Rancapino junto a su madre, Ana. Esmeralda, a sus 14 primaveras, ha irrumpido en el panorama cantaor con el ímpetu propio de su edad y el aval de pertenecer a la estirpe de un artista legendario como Alonso Núñez, Rancapino. Sobre el escenario, su aspecto aniñado y frágil contrasta con una voz segura y firme, que encuentra en los estilos festeros –tangos, alegrías– su mayor comodidad.

Aunque su reciente primer lanzamiento discográfico tenga un claro sesgo comercial, y no disimule su inclinación camaronera (y también caracolera), es evidente que estamos ante una voz cargada de posibilidades. Se le sumó Ana Rancapino metiendo por bulerías Voy a perder la cabeza por tu amor, el clásico de Manuel Alejandro y Ana Magdalena que ya hicieran en su día desde Bambino y Adela La Chaqueta hasta Mercé y Poveda.

 

«Misterios que hacen del flamenco algo impredecible. Un deporte que sustituye el lema ‘más rápido, más alto, más fuerte’ por ‘más sabio, más hondo, más duende’»

 

Como la estrella que es fue recibida en su salida a las tablas Juana la del Pipa, a quien alguien definió con acierto como la Tina Turner de la calle Nueva, por su característica voz rozada como por la garra que despliega en sus cantes. “Si algo no sale bien, ruego que me perdonen”, inició la jerezana. Pero la captatio benevolentiae no hizo ninguna falta, porque todo salió de maravilla.

Acompañada por un lujo de guitarrista como su paisano Manuel Valencia, la jerezana se mueve en un ámbito estilístico aparentemente restringido, pero que su garganta y su natural carisma convierten en inabarcable. Por soleá, por tientos o por fandangos caracoleros, Juana nos recordó que el arte no tiene nada que ver con las Olimpiadas de Tokio, que esto no va –no siempre– de estar en forma. La sabiduría, el oficio, todo lo que no se oye pero se siente alto y claro, cuentan más en el objetivo final de estremecer al respetable y acabar levantándolo de la silla. Y eso fue lo que ocurrió cuando terminó por bulerías, con ese baile suyo que, según suele confesar ella misma, es todo brazos, porque no sabe mover los pies. ¡Menos mal, hay que dejar algo a las demás!

Juan Villar también sabe que cantar no es una disciplina deportiva. A sus 74 bien cumplidos, y con muchas horas de vuelo a sus espaldas, el gaditano es un maestro indiscutible que sabe arañar la sensibilidad más allá de lo que la voz alcanza. Fue decir por soleá aquello de “en el reloj de mi vida/el tiempo se ha detenido”, y sacar efectivamente al público del tiempo, hacernos sentir a la vez en el presente y en un ayer impreciso, tal vez mejor. Tras unas seguiriyas rotundas, sus tientos célebres morunos hicieron que una espectadora gritara con todo el arte “¡vamos, habibi!”, acabando con las bulerías del Amanecer en el campo que antaño popularizó junto a Pansequito.

Eso sí, Villar tuvo que compartir protagonismo con un exultante Manuel Jero, guitarrista tan preciso en los tiempos como rico en fantasía, con esa espectacular pulsación oriental que por momentos transformaba su bajañí en un oud iraní o en un shamisen japonés, sin dejar de sonar al barrio de Santiago. Misterios que hacen del flamenco algo impredecible, un deporte que sustituye el lema “más rápido, más alto, más fuerte” por “más sabio, más hondo, más duende”.

 

Ficha artística

Ciclo Cádiz Flamenco
Baluarte de la Candelaria de Cádiz
Jueves, 12 de agosto de 2021  
Cante: Juan Villar, Juana la del Pipa, Esmeralda Rancapino, Ana Rancapino
Guitarras: Manuel Jero, Manuel Valencia, Nono Reyes
Palmas: Manuel Vinaza y Diego Montoya

 

Esmeralda Rancapino. Ciclo Cádiz Flamenco. Baluarte de la Candelaria. 12 agosto 2021. Foto: FJ Crespo

 

Juan Villar. Ciclo Cádiz Flamenco. Baluarte de la Candelaria. 12 agosto 2021. Foto: FJ Crespo

 

Juana la del Pipa. Ciclo Cádiz Flamenco. Baluarte de la Candelaria. 12 agosto 2021. Foto: FJ Crespo

 

Diego Montoya. Ciclo Cádiz Flamenco. Baluarte de la Candelaria. 12 agosto 2021. Foto: FJ Crespo

 

Esmeralda y Ana Rancapino. Ciclo Cádiz Flamenco. Baluarte de la Candelaria. 12 agosto 2021. Foto: FJ Crespo

 

Ana Rancapino. Ciclo Cádiz Flamenco. Baluarte de la Candelaria. 12 agosto 2021. Foto: FJ Crespo

 

Juana la del Pipa. Ciclo Cádiz Flamenco. Baluarte de la Candelaria. 12 agosto 2021. Foto: FJ Crespo

 

Juan Villar. Ciclo Cádiz Flamenco. Baluarte de la Candelaria. 12 agosto 2021. Foto: FJ Crespo

 

Manuel Valencia. Ciclo Cádiz Flamenco. Baluarte de la Candelaria. 12 agosto 2021. Foto: FJ Crespo

 

Nono Reyes. Ciclo Cádiz Flamenco. Baluarte de la Candelaria. 12 agosto 2021. Foto: FJ Crespo

 

Manuel Jero. Ciclo Cádiz Flamenco. Baluarte de la Candelaria. 12 agosto 2021. Foto: FJ Crespo

 

Esmeralda Rancapino. Ciclo Cádiz Flamenco. Baluarte de la Candelaria. 12 agosto 2021. Foto: FJ Crespo

 

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Un pie en Cádiz y otro en Sevilla. Un cuarto de siglo de periodismo cultural, y contando. Por amor al arte, al fin del mundo.

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