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Reyes Carrasco: flamenca incontestable

Con 24 quilates en los surcos de su garganta, Reyes Carrasco espolvoreó en el Festival de la Mistela (Los Palacios, Sevilla) una antología de tradición cantaora. «Un registro amplio y una voz de pizarra, solemne, limpia. Aficionada, estudiosa, conocedora de los cantes, no vende ojana».

Degustación de mistela en el recibidor del teatro y una parra enredada como fondo de escenario. Los vecinos y visitantes engalanados para asistir a la puesta de largo de la niña bonita. Quince añitos de nada que calza en su cuerpo flamenco la palaciega Reyes Carrasco. Con veinticuatro quilates en los surcos de su garganta, espolvoreó una antología de tradición cantaora demostrando que la revolución se hace hoy volviendo atrás, respetando la impronta de los cánones y refrescándolos con uvitas negras de Los Palacios.

 

Comienza con impuntualidad la noche tras resolver problemas técnicos y el inigualable verbo del crítico y flamencólogo Manuel Martín Martín, compañero de Expoflamenco, calienta el patio repasando la trayectoria del Festival. Recuerda sus inicios como concurso para aficionados en el 73 y su devenir hasta nuestros días. Pero es desde 2001 cuando cambia de formato para engrandecerse. No en vano, se trata de la cuadragésimo octava edición y este año coincide además con el trigésimo aniversario del monumento a Paco Cabrera de la Aurora y los setenta años desde que diera sus primeros pasos la Tertulia Flamenca el Pozo de las Penas, que ha otorgado su Venencia Flamenca a artistas de la talla de Dani de Morón, Argentina, Rocío Molina, Pedro Ricardo Miño o Patricia Guerrero, entre otros. Y en esta ocasión, después de las protocolarias intervenciones de representantes de la entidad, citar los premios que posee la cantaora y ensalzar someramente la figura de quien muy pronto será hija predilecta de la localidad, Reyes Carrasco recibe de manos del alcalde Juan Manuel Valle la estatuilla que diseña Jesús Gavira para la Venencia Flamenca de Los Palacios, siendo la artista más joven que tiene este reconocimiento hasta ahora. Lo agradeció con humildad haciendo mención especial a sus padres y enorgulleciéndose de ser agraciada en su tierra y con su gente.

 

 

«Principia el soniquete por alegrías y se hizo el cante. Sin templar demasiado, comienza con unos bajos imposibles, propios solo de un prodigio. Y vibran sus cuerdas como las de las extraordinarias sonantas que la acompañan, Paco León y Niño Seve»

 

 

Sentir se constituye como un espectáculo redondo y completo. Principia el soniquete por alegrías y se hizo el cante. Sin templar demasiado, comienza con unos bajos imposibles, propios solo de un prodigio. Y vibran sus cuerdas como las de las extraordinarias sonantas que la acompañan, Paco León y Niño Seve, que supieron llevarla en volandas durante toda su actuación. Desde Cádiz deja ya claro dónde van los tiempos y el compás. Se mete acertada en los giros melódicos de las de Córdoba y corona con empaque. Pero lo alterna luego con la malagueña, preciosista y bien medida, entusiasmando desde el primer tercio para abandolarse después.

 

Suena el aire por guajira en el piano de Alejandro Cruz y la garganta de Reyes se vuelve una guirnalda. Engarza los tonos con una armonía exquisita, subiendo y bajando a su antojo por el pentagrama que ideó Marchena, como la que pasea por su casa a oscuras, sabiendo donde pone el pie y dónde se respira. Emociona diciendo el cante, sin alharacas. Y se atreve ahora por seguiriyas, dedicadas al recientemente fallecido Manuel Herrera Rodas. Aunque no araña con soníos negros, lastima con el vibrato. No escupe el cante, lo trabaja hilando algodón de azúcar y su queja duele bajito, pero transmite. Tiene personalidad y dulzura hasta en el llanto. Una seguiriya de peso para tan solo una niña.

 

 

«Engarza los tonos con una armonía exquisita, subiendo y bajando a su antojo por el pentagrama que ideó Marchena, como la que pasea por su casa a oscuras, sabiendo donde pone el pie y dónde se respira. Emociona diciendo el cante, sin alharacas»

 

 

De la tragedia a los tangos. Y por levante sigue justificando por qué ocupa su sitio a tan temprana edad. Cuesta creer el dominio del repertorio que posee y la sabiduría con la que aborda sus intervenciones, donde se configura como una cantaora versátil que lo mismo se arranca por derecho que seduce con su planta y sus brazos recitando La banderilla al modo de Gabriela Ortega o canta la Sevilla de Manuel Alejandro sin imitar a Rocío Jurado. El público come de su mano.

 

 

La joven cantaora Reyes Carrasco, en el Festival de la Mistela, Los Palacios, Sevilla. Foto: Ayuntamiento de Los Palacios

 

 

Tras un solo de guitarras por bulerías en el que los dos maestros fueron la envidia de cualquier aficionao a las seis cuerdas, vino un dueto por zambra con José Ángel Carmona y el piano de acompañamiento. Interpretan con gusto soberbio una versión de Una espina clavá, dándole un revolcón más que una vuelta a la de Estrella Morente. Prosigue con una tanda de fandangos que evocan en su voz a La Paquera, Caracol y El Gloria, dedicándole el último a su madre, que estuvo a los coros durante toda la gala, y solicitando al respetable que no lo grabara ni difundiera porque irá en el disco que ya está preparando.

 

Llegó el momento de La Estrella, que al parecer se convierte en un tema muy solicitado por el público que sigue a Reyes, ya que lo pedían desde el patio de butacas casi desde el comienzo de su actuación. Homenajea por tanto a Morente, rescatando sus aportaciones y poniéndolas de relieve en su voz fresca. Parece que está de moda. También lo lleva en su repertorio Pedro El Granaíno y algunos más. Ninguno de ellos con la enjundia del original. Hay que decirlo.

 

 

«Yo vi una figura. Una niña con siete viejos en la garganta, ya hecha. Una artista con una velocidad en la voz sin parangón entre sus iguales que coloca el cante y lo acuna junto a la Niña de los Peines»

 

 

Y la bulería de postre antes del fin de fiesta, donde María José Carrasco, madre de la criatura, se marca en diálogo con Reyes unas letrillas piropeando a Utrera. Pataítas con age y fin.  

 

La Venencia será un antes y un después. Un punto y aparte en su carrera. Una noche a modo de ritual que da paso a su consagración definitiva. Lleva años por los corrillos flamencos mascándose para ella la incertidumbre de un futuro prometedor. Yo vi una figura. Una niña con siete viejos en la garganta, ya hecha. Aunque todo se puede pulir. Una artista con una velocidad en la voz sin parangón entre sus iguales que coloca el cante y lo acuna junto a la Niña de los Peines. Sabe jugar con el compás y los silencios, posee un registro amplio y una voz de pizarra, solemne, limpia. Se emociona y sabe trasmitir hasta tomando aire. En los bajos entona sin dificultad y por arriba enviste los tercios abrochándolos o ligando cuando toca. Sabe moverse, las tablas del escenario son suyas, baila bien y no vende ojana. Aficionada, estudiosa y conocedora de los cantes. Además, es humilde y agradecida. Reyes Carrasco, flamenca incontestable.

 

 

Ficha artística

Reyes Carrasco – Sentir
Festival de la Mistela – 21 octubre 2021
Teatro Municipal Pedro Pérez Fernández, Los Palacios (Sevilla)
Guitarras: Niño Seve y Paco León
Palmas: Juan Mateo, Manuel Bellido y José ‘El Lebri’
Percusión: Carlos Meri
Piano: Alex Cruz
Coros: María José Carrasco

 

 

La joven cantaora Reyes Carrasco, en el Festival de la Mistela, Los Palacios, Sevilla. Foto: Ayuntamiento de Los Palacios

 

 

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Cantaor de la escritura. Jondura utrerana extrema.

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