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De Verdad: José Mercé y Tomatito en concierto

Crónica del concierto de José Mercé y Tomatito en el Circo Price de Madrid. El soniquete de los cantes más festeros termina por embeber el ambiente y dejar en los oyentes una bonita sensación de júbilo, algazara y satisfacción.

Una habitación a oscuras de desmesuradas dimensiones. Un foco cenital blanco. Una melena larga y personal del mismo color. Una voz reconocible que comienza a recitar un martinete. José Mercé elige una debla para acabar el primer cante de esta actuación y dar paso a su compañero Tomatito.

Entre aplausos, el guitarrista comienza a deslizar por bulerías sus hábiles dedos entre las cuerdas de la guitarra. Bulerías que se acicalan con unas gotitas de La Leyenda del Tiempo de Camarón. Tras esta interpretación, llega la sinergia que el público estaba esperando. Es entonces cuando Mercé ocupa la silla que linda con el micrófono útil para la percepción de la mítica guitarra en todo el pabellón. Ahora sí, los asistentes comienzan a ver el singular resultado derivado de la unión entre ambos artistas. Para mostrar a la gente la importancia que suponía para ellos este concierto, el cantaor pone en antecedentes y relata las vivencias de aquellos maravillosos años setenta. Momento en que llegan a Madrid con muy poca edad, pero con muchas ganas de comerse el mundo y poder abrirse camino en el mundo del flamenco.

 

«Mercé relata el momento en que llegan a Madrid con muy poca edad pero con muchas ganas de comerse el mundo»

 

La primera parte la ocupan los cantes más tradicionales de este arte para el disfrute de los más aficionados al cante jondo, sin mezclas. Solo la voz, una guitarra y unas palmas a compás. Malagueñas, soleares y seguiriyas son protagonistas de la primera ración de arte que ofrecen.

No pasa desapercibido el momento en que el guitarrista se abre en canal para los presentes y hace un tributo a Paco de Lucía a través de una balada. Así, entrelaza la famosa pieza Entre dos aguas con la dulzura, la delicadeza y el gusto que se desprende de su instrumento. Es indiscutible que el toque al que nos tiene acostumbrados este gran virtuoso es diferente a todo lo demás. Por su parte, José del Tomate, hijo de este mismo, también quiere encontrar su espacio en el mundo del duende. Su presencia es digna del concierto y, por eso, consigue hacerse un hueco para disfrutar durante unos minutos del calor que emana el público. Para ello se vale de un solo impregnado de cualidades dignas de un futuro gran guitarrista como lo es su progenitor.

 

«José del Tomate quiere encontrar su espacio en el mundo del duende. Se vale de un solo impregnado de cualidades dignas de un futuro gran guitarrista»

 

De verdad es el título que lo empaña todo en la segunda parte de la función. Va cargada de buen rollo, energía y ganas de hacer partícipe al espectador de la gran labor de su último disco. Los protagonistas salen al escenario acompañados por un elenco digno de mencionar. Entre ellos, José del Tomate a la guitarra, Luky Losada a la percusión y Chícharo de Jerez, Saúl Quirós, Kiki Cortiñas y Mercedes García, que llenan la música con sus coros y sus sincronizadas palmas. Rumbas, bulerías, alegrías y en general, el soniquete de los cantes más festeros termina por embeber el ambiente y dejar en los oyentes una bonita sensación de júbilo, algazara y satisfacción.

Fotos: Vicente Pachón

 

 

 

 

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Bailaora madrileña. Graduada en Comunicación Audiovisual por la Univ. Rey Juan Carlos. En Amor de Dios, Casa Patas y Cristina Heeren desarrolló su gusto por la danza y el flamenco. «No somos atletas. Estamos empezando a cometer el triste error de ofrecer al público una confección enlazada de complejos zapateados a una velocidad desorbitada sin la modulación propia de la música que estamos adornando y que nos adorna».

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