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Eva Yerbabuena: la voz de Morente

Crónica de la actuación de Eva Yerbabuena, con su obra 'Dmadrugá', en el Festival Suma Flamenca de Madrid. «Siempre con desenvoltura. Siempre ornada con unos brazos inmensos».

El ánima de Enrique Morente queda suspendida en la atmósfera. De repente, Eva Yerbabuena la recoge en su regazo como si se tratara de un niño pequeño y frágil. Lo refugia para defenderlo de cualquier mirada estruendosa que no permita escuchar con atención lo que su voz experta y fogueada quiere transmitir. La bailaora está dispuesta a interpretar esta leyenda a través de vertiginosos movimientos que gritan acompasados con la respiración del público. Pero los asistentes, ¿qué doctrina van a concluir de estos fragmentos recolectados con esmero para todos ellos?

El cuadro que representa la función evoca, sin duda, disciplina y trabajo. Y las voces que acompañan a Eva expanden por el ambiente el estremecimiento y la potencia de quien quiere quedar a la altura de las palabras morentianas que los guían durante todo el trayecto. Unas sensaciones que los cantaores pretenden radiar con esmero y que se reflejan con solidez en el cuerpo de la bailaora.

 

«Unos brazos dúctiles y sumisos que desprenden elegancia y experiencia. En el baile de la Yerbabuena no prima el movimiento incesante de sus tacones. Su cuerpo es su seña de identidad. Despunta la inmunidad de un torso familiarizado con el teatro, el público y el escenario»

 

La luz tenue de una pequeña lámpara y la voz por fandangos de Sandra Carrasco dejan a la asamblea avanzar a través de un nimbo imperturbable que divulga una emoción muy dulce. Algo muy importante a la hora de ver un espectáculo. La impresión de estar en familia. La necesidad de que por un momento te invada la sensación de hogar. Por supuesto, Sandra lo consigue.

Una vez que se logra este halo familiar, la bailaora, envuelta en una bata de cola de tonos ocres, se desplaza con oscilaciones suaves de un extremo a otro de las tablas. Eva consigue que nadie pierda detalle de cada uno de los pasos de los que se sirve para avanzar por el mismo. Siempre con desenvoltura. Siempre ornada con unos brazos inmensos. Unos brazos dúctiles y sumisos que desprenden elegancia y experiencia. Porque en el baile de la Yerbabuena no prima el movimiento incesante de sus tacones. Su cuerpo es su seña de identidad. Sobre todo despunta la inmunidad de un torso que está muy familiarizado con el teatro, el público y el escenario. Más aún con el compás y el cante. En este caso hay que añadir que con orgullo, quiere dejar constancia de que en esta representación ella se reviste de una extensión inherente a la voz de Enrique Morente. Una discípula que ambiciona que su cátedra no caiga en el olvido. Con la gallardía que la define, se atreve incluso a bailar por peteneras durante un buen lapso de tiempo. Entonces Eva baila con la agilidad, la rapidez, la bizarría y la firmeza de quien no se amedrenta ante nada.

 

 

La bailaora demuestra que es capaz de espolvorear toda su magia por el habitáculo en el que se sitúan los oyentes. Esto es digno de referenciar. Pues a pesar de las grandes dimensiones del lugar, no queda ni un rincón por rociar de esta magia. Incluso por un momento, las luces parecen transportar el lugar hacia la famosa película flamenca de Carlos Saura. Si se cierran los ojos y la imaginación divaga a sus anchas por los recuerdos y el ingenio de cada persona, se puede ser partícipe del rodaje de Flamenco, Flamenco.

 

«Si la molestia va siempre acompañada de unas cuantas declaraciones de Enrique Morente y unos movimientos mesurados y sincrónicos de quien sabe interpretar la vida y el cante, esta puede quedarse siempre»

 

Un pregón por tangos restituye la sensación que predomina hasta el momento. Eva la canastera es ahora la protagonista de la escena. La algarabía y el jolgorio traspasan el semblante de la gente para dar lugar a unas cuantas letras por tangos de Triana, de Granada y de Extremadura bien conexionadas. Mientras, el aire que levanta el pizpireto traje de Eva Yerbabuena derrama con regocijo el cante de sus compañeros para disfrazarse de la simpatía que estos desprenden.

Con empaque y maestría y sirviéndose de una seguiriya rompedora y bien lidiada, Eva vuelve al punto de inicio. A la protección del maestro en su enfaldo.

Sostenía el cantaor y reitera la bailaora que a veces hay que molestar, porque si no solo nos molestan. Yo añado que si la molestia va siempre acompañada de unas cuantas declaraciones de Enrique Morente y unos movimientos mesurados y sincrónicos de quien sabe interpretar la vida y el cante, esta puede quedarse siempre a formar parte del grupo de palabras pertenecientes al campo semántico de la prosperidad, la alegría y el buen hacer.

Fotos: Suma Flamenca

 

Ficha artística

DMADRUGÁ, de Eva Yerbabuena
Suma Flamenca. XV Festival de Flamenco de la Comunidad de Madrid
Teatros del Canal – Sala Roja, Madrid. 16 de diciembre de 2020
Cante: Segundo Falcón, Miguel Ortega, Alfredo Tejada y la colaboración especial de Sandra Carrasco
Compás: Antonio Coronel y Rafael Heredia

 

 

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Bailaora madrileña. Graduada en Comunicación Audiovisual por la Univ. Rey Juan Carlos. En Amor de Dios, Casa Patas y Cristina Heeren desarrolló su gusto por la danza y el flamenco. «No somos atletas. Estamos empezando a cometer el triste error de ofrecer al público una confección enlazada de complejos zapateados a una velocidad desorbitada sin la modulación propia de la música que estamos adornando y que nos adorna».

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