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Duende bueno, duende malo

De todo hubo en el Festival Flamenco El Búcaro, de San José de La Rinconada, Sevilla. Antonio Carrión, Jesús Méndez, Remedios Reyes y Samuel Serrano encabezaron el elenco.

De verdad que no has ido nunca al Festival Flamenco El Búcaro. En San José, un barrio enorme dentro de un pueblecito que se llama La Rinconada, a pocos kilómetros de Sevilla. Desde 2015 se celebra en un precioso enclave, la Hacienda de Santa Cruz, un edificio costumbrista del siglo XX rehabilitado para usos culturales. No, este año no. Las previsiones meteorológicas mantienen el riesgo de lluvia y han cambiado el sitio. Será en el teatro, a cubierto, en el Centro Cultural de la Villa. Vaya, con la ilusión que me hacía lo de la hacienda esa.

Es un cartel equilibrado. La experta visión del presidente de la Peña Flamenca El Búcaro, el guitarrista Antonio Carrión, se nota en su confección. Cuatro cantaores, cuatro cantes cada uno. Le damos un merecido homenaje a don Rafael Riqueni, el gran tocaor de esta época. Cancha para un jovencísimo guitarrista rinconero, Manolito Herrera. Dieciséis años tiene. Es hijo del tocaor Manuel Herrera, que acompaña a Samuel Serrano esta noche. El muchacho se atrevió a abrir plaza en solitario, con una brillante interpretación del toque por garrotín de Rafael Riqueni. Bueno, en solitario es un decir. Tú has visto alguna vez un grillo en un teatro. Yo tampoco. Lo he oído cantar. Anoche mismo. Les ha hecho los coros también a Samuel Serrano y a Fernando el Goyo. En serio. Durante dos horas nadie se ocupó del grillo.

 

«Jesús, tira el micrófono, mi alma, que tú no tienes necesidad de él en un teatro». Jesús se ríe, él lo sabe. Ha localizado al duende bajo su silla.

 

Samuel Serrano ha de visitar a un foniatra urgentemente si no quiere quedarse sin voz en unos años. Esa forma desgarradora de cantar, que a muchos nos vuelve locos, no permite un número alto de actuaciones por temporada. Su cante duele hasta rabiar. En el escenario, un artista de primera. Por soleá y por bulerías se mide con cualquiera. Y cuando llega el cante de las tenazas y los cuchillos, la seguiriya, ay, parece llegado de otro mundo. Las sevillanas de Cepero levantan al público de sus asientos. Yo le bajaría un par de tonos, picha, que te puedes hacer pupa.

Fernando el Goyo es un cantaor local semiprofesional, con un gran conocimiento de la baraja flamenca. A la guitarra, su paisano Juan Quirós supo hacernos vecinos de la felicidad con sus trémolos y falsetas, una cura prescrita por muchos sabios doctores contra el bajo ánimo. Cantó Fernando de bien para arriba la malagueña granaína, y aún mejor cuando llegó a casa de la Trini. Y nos tocó la fibra sensible con unos fandangos por bulerías, de Manuel Vallejo y de El Gloria. Ahí es na.

 

Ni Carmela ni Pilar,
tú no te llamas María
ni Carmela ni Pilar,
te llamarás cada día
como te quieran llamar
por ser mujer de la vía

 

Ohú, compare, esa letra no resiste una segunda lectura en estos tiempos. Vamos al ambigú, que hay un descansito de veinte minutos, a ver si cazan al grillo. Dicen que si al grillo le echas un tomate, deja de cantar. Vamos, venga, que en la segunda parte ha echado Carrión todas las papas. Va a acompañar a Jesús Méndez y a Remedios Reyes, la hermana de Antonio. Estoy deseando. Escucha, escucha, niño, el grillo se ha callado.

Ahora viene lo bueno. Ya verás cómo aparece el duende. Digo. Lo primero que hizo el duende fue desenchufar el monitor de Antonio Carrión, que tuvo que tocar sin escucharse lo que quedaba de noche. Resulta bochornoso que, durante las dos horas siguientes, los profesionales del Centro Cultural de la Villa no consiguieran que el sonido, hacia dentro y hacia afuera, no consiguiera pasar del muy deficiente. La culpa, del duende, que le cambió a Jesús su micrófono por otro de juguete. Menos mal que ambos tienen más tablas que la Plaza de las Ventas y la de la Maestranza juntas. Los dos salieron a hombros con las taleguillas hechas jirones, tras la desigual batalla contra lo imposible.

 

«Ahí está de nuevo ese duende travieso y puñetero, pero esta vez para parar los relojes del flamenco»

 

Jesús Méndez atemperó esta vez las soleares, sin necesidad de palmeros, y alcanzó cotas muy, pero que muy altas. Por seguiriyas, dolió y volvió a doler. O sea, que redolió. Bulerías de Jerez en su jugo, con palmas de las hijas de Carrión y de Tate Montoya. «Jesús, tira el micrófono, mi alma, que tú no tienes necesidad de él en un teatro». Jesús se ríe, él lo sabe. Ha localizado al duende, bajo su silla. Cuando llegan los fandangos y las zambras ya no aguanta más y se arroja hacia el proscenio. Qué poderío.

Y cómo estuvo Remedios Reyes. Pues estuvo artista. Esa es la palabra. Se puso el vestido de las grandes batallas y luchó contra la seguiriya hasta hacerse sangre. Demostró maestría de siglos y siglos en los tangos. Antonio Carrión hace una seña y todo el cuadro toma sus sillas para dar un paso al frente. A tomar por saco la megafonía. No veas cómo aplaudió el personal esta iniciativa. Ahí está de nuevo ese duende travieso y puñetero, pero esta vez para parar los relojes del flamenco. Cuplés por bulerías hasta la saciedad, lo mejor de la velada, sin duda. Se nota que Remedios es bailaora y que ha nacido para el espectáculo. Anda, vámonos para casa, que he visto volar por ahí algo negro.

Foto: Pureza Flamenca – Inma Rodríguez

 

FICHA ARTÍSTICA:

Espectáculo: XXXVI Festival Flamenco El Búcaro 2019 – Homenaje a Rafael Riqueni
Lugar y fecha: Centro Cultural de la Villa, San José de la Rinconada, Sevilla. 20/9/2019

Al cante: Samuel Serrano, Fernando El Goyo, Jesús Méndez y Remedios Reyes
Al toque: Manolito Herrera, Manuel Herrera, Juan Quirós y Antonio Carrión
Palmas: Concha Carrión, María Carrión y Tate Montoya
Presentador: Salvador Milla

 

 

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Filólogo madrileño. Media vida en Sevilla. Centinela de las palabras. Lo jondo le acelera peligrosamente el corazón.

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