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Pastora Galván: un paseo por bulerías

Y como si nos hubieran invitado a un almuerzo en un tabanco cerca de Sevilla, asistimos a otro de los espectáculos de Madrid es Música. En este caso, la protagonista es la bailaora Pastora Galván con su 'Máquina de bulerías'.

Alrededor de una mesita de madera, Pastora y sus compañeros. Pastora y los comensales del almuerzo. Pastora y un compás que amenaza tenue con salir a embaucar al público. Pastora Galván y José Valencia. De repente se hace el silencio y la voz del cantaor llena todo el habitáculo. Y al ritmo de un compás por bulerías, la bailaora abandona un momento el velador astillado para colmar el lugar con sus característicos movimientos airosos y coquetos. Son movimientos femeninos y gallardos los que atestan el espectáculo. Algo a lo que de manera reciente no estamos acostumbrados a advertir. Por eso es especial. Por eso pone alerta y atrae a la concurrencia. Porque camina gentil por el escenario. Ella es transparente y nos muestra a Pastora en todas sus facetas y vertientes. Nos descubre el hábito de la Pastora de a pie. El de Pastora con su gente un día cualquiera. Pero también se reviste de la Pastora artista. Por eso su transparencia es tan auténtica. Asistir a esta incesante metamorfosis es un privilegio. 

La artista nos deja ser testigos del dominio de su técnica. No obstante, lo que no se nos escapan son sus ganas de disfrutar y su complicidad con los demás. Queda al descubierto que para ella, estar encima del proscenio es un afable paseo en el que se mece sostenida por el compás del resto de los artistas que la amparan. No se trata de bulerías de relevo. De esas que ni siquiera dejan entender la letra del que lo canta ni los movimientos del que lo interpreta. En este caso, obvian el ritmo frenético que muchas veces las conduce y las dejan acunarse y descansar en una buena parte de los palos que revisten el famoso árbol genealógico flamenco. Retazos por verdiales, seguiriyas, tangos, zambras y alegrías se sostienen en la base que les ofrece la bulería durante la hora que dura la representación. Sin duda, esto es un gesto de deferencia y cortesía por parte de los virtuosos protagonistas.

 

«La Pastora de a pie. Pastora con su gente un día cualquiera. Pero también la Pastora artista. Por eso su transparencia es tan auténtica. Asistir a esta incesante metamorfosis es un privilegio»

 

Es evidente que el público advierte la forma de retrasar el compás y jugar con el mismo. Para cerciorarme, miro a ambos lados de la fila en la que me encuentro y efectivamente, el auditorio es muy consciente de las filigranas a las que los artífices nos están convidando esta noche de diciembre.

No hay que pasar por alto la interpretación y la dedicación que el cantaor José Valencia le presta al espectáculo. Pues se convierte en el dueño de la oscilación entre la exégesis más austera y la más socarrona e irónica. Cada una en su justa medida y en su justo momento. La perfecta oscilación entre el aire desenfadado de la bulería gaditana con aires de jota y la frugalidad de la bulería lebrijana y utrerana con los nudillos conciliados al golpe.

La naturalidad, la espontaneidad y el respeto se han adueñado del momento que nos han querido dedicar. Y esto es suficiente para llenar de sentido cualquier teatro. 

Gracias a aquellos espacios y artistas que apuestan por la cultura y siguen confiando en ella incluso en los momentos más complicados. A los asistentes, por supuesto, también gracias. Esto es un haz de luz sugestivo y halagüeño en los instantes más ambiguos de este trance.

 

 

Ficha artística

Máquina de bulerías, de Pastora Galván

Cante: José Valencia

Compás: Israel Galván, José Carrasco y Juan Amaya El Pelón

10 de Diciembre de 2020

I Festival Madrid es Música 2020

Teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa, Madrid.

 

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Bailaora madrileña. Graduada en Comunicación Audiovisual por la Univ. Rey Juan Carlos. En Amor de Dios, Casa Patas y Cristina Heeren desarrolló su gusto por la danza y el flamenco. «No somos atletas. Estamos empezando a cometer el triste error de ofrecer al público una confección enlazada de complejos zapateados a una velocidad desorbitada sin la modulación propia de la música que estamos adornando y que nos adorna».

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