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Israel Fernández y Diego del Morao: savia nueva y savia sabia

Israel Fernández y Diego del Morao forman un conjunto que por malagueñas, soleares por bulerías, tientos, cantes de levante, seguiriyas y fandangos nos demuestra que ha merecido la pena esperar una hora más debido a los problemas técnicos. Crónica de su actuación en el Festival Madrid es Música 2020.

Ataviado con una camisa roja, Israel Fernández sale al escenario con pasos cargados de energía, ganas y fuerza. Son los pasos de alguien que camina por el lado salvaje de la vida. Alguien que lleva por bandera la enseñanza de que cuando se está vivo no queda más remedio que afanarse y perseverar.

Diego del Morao es quien acompaña a Israel Fernández. El protagonista de la noche. En este caso, Diego representa la calma, la serenidad y la experiencia. Y ambos configuran un equipo que se complementa y apoya con satisfactorios resultados. Un conjunto que por malagueñas, soleá por bulerías, tientos, cantes de levante, seguiriyas y fandangos nos demuestra que ha merecido la pena esperar una hora más debido a los problemas técnicos.

 

«A través de su cante, Israel inocula ganas de vivir y bregar con los pormenores que acechan sin mucha posibilidad de enmienda. Solo la de seguir cantando mientras que el alma suene»

 

El cantaor comienza con unas letras por malagueñas. Una malagueña de Manuel Torre surca un escenario imbuido de un fondo rojo que representa la pasión y el garbo que el intérprete le presta al cante. De repente, Israel Suárez Piraña también llena el proscenio con su aire tranquilo y motivador. Así, el cuadro salpica entre los asistentes unas notas por soleá por bulerías. Un cante que impregna el ambiente de energía y brío absorbente. No puede ser de otra manera, pues el joven toledano se encuentra arropado por dos figuras que se pueden considerar familia directa del compás. Como resultado, el guasón esparcimiento entre Del Morao y Piraña deja al descubierto que ambos son dueños y malabaristas del soniquete más certero. Esto crea un halo de buenas intenciones y ganas de empatizar que provoca aplausos y emoción entre el público.

Sin duda, es fundamental resaltar la forma singular en la que Israel Fernández introduce los tercios en el compás. La manera en la que enlaza los versos ripios en cada letra. El artista es original. Tiene mucha personalidad. Su impronta particular es indiscutible. Y hoy en día eso es importante, reseñable y digno de mencionar. Además de destacar la gran capacidad de adaptación con los artistas grandes y con experiencia.

Los cantes de levante no pasan desapercibidos. La minera la entona con dedicación y suavidad. Por su parte, el guitarrista lo acompaña con la dulzura con la que se tocarían unas cuerdas de cristal. Y en este ambiente de sosiego que se ha creado por arte de magia, los trastes de la guitarra parecen caminar de puntillas por los giros preciosos y precisos del cantaor. Locuciones que entran por seguiriyas a medida que avanza la noche. Palo con el que nos desea una feliz Navidad y mucha salud. Pues Fernández está a punto de acabar su repertorio para poner el broche con las típicas bulerías de Jerez que animan a cualquiera. Así, los dedos de Diego revolotean en derredor de su instrumento mientras su compañero prepara la voz. Voz rociada de un quejido tierno y encogido. Voz que lleva inherente un sentimiento que lo revuelve en su silla de manera permanente. Porque canta con las entrañas de quien quiere seguir prosperando. Y así lo demuestra en su interpretación de las seguiriyas de Paco la Luz. Canta para él. Le canta la vida, a sus experiencias y hazañas. A sus mejores y peores momentos. Y lo comparte con el público y le deja formar parte de sus recodos más íntimos. Por eso, este le pide sin cesar y entre aplausos, que salga a brindar una sonrisa cargada de pundonor y complacencia. Porque hay que ser muy especial para conseguir conectar con el auditorio de la manera tan intensa en la que él lo hace. Porque a través de su cante, Israel inocula ganas de vivir y bregar con los pormenores que acechan sin mucha posibilidad de enmienda. Solo la de seguir cantando mientras que el alma suene.

 

Ficha artística

Israel Fernández al cante y Diego del Morao a la guitarra
Artista invitado: Israel Suárez el Piraña (cajón)
8 de diciembre de 2020
I Festival Madrid es Música 2020
Teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa de Madrid.

 

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Bailaora madrileña. Graduada en Comunicación Audiovisual por la Univ. Rey Juan Carlos. En Amor de Dios, Casa Patas y Cristina Heeren desarrolló su gusto por la danza y el flamenco. «No somos atletas. Estamos empezando a cometer el triste error de ofrecer al público una confección enlazada de complejos zapateados a una velocidad desorbitada sin la modulación propia de la música que estamos adornando y que nos adorna».

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