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Niña Pastori no se baja de la ola

La artista de San Fernando arrancó en el Gran Teatro Falla de Cádiz la gira con que celebra sus 25 años de carrera. Una andadura en la que nunca ha perdido del todo su filiación flamenca, aunque haya explorado sonidos ajenos a sus raíces.

Camino del Gran Teatro Falla, me detuve a observar a los surferos de la playa de Santa María del Mar. Algunos apenas logran mantenerse en pie sobre sus tablas un instante antes de caer aparatosamente al agua, mientras que otros se deslizan sobre la superficie con seguridad, hasta alcanzar la orilla. Llegué al coliseo pensando que Niña Pastori, la protagonista de la noche, tiene también algo de surfera. Hace 25 años cogió una ola que la impulsó a la fama, y todavía no se ha bajado de ella. Y ese es justo el aniversario que celebra en la gira que comenzó ayer en Cádiz.

Aquella ola, para quienes no la recuerden, fue un boom de solistas y grupos procedentes del flamenco que se dieron a conocer en la primera mitad de los 90, acercando las sonoridades más o menos jondas al gran público, por lo general refractario a las músicas de raíz. Para los más puristas, fueron traidores de la tradición; para otros, almas inquietas en busca de vías de expresión más allá del cuarto de los cabales.  

Aparte de los pioneros Ketama, hijos del aperturismo camaronero, hablamos de los primeros discos de La Barbería del Sur (1991), José El Francés (1992), Radio Tarifa (1993), Tomasito (1993), Navajita Plateá (1993), Mártires del compás (1995), El Barrio (1996) o Maíta vende Ca (1996), entre otros. O de la Niña Pastori, cuyo debut también es del 96, aunque si ven ustedes las fotos colgadas en la Venta de Vargas podrán comprobar que ya llevaba mucho tiempo cantando.

El caso es que muchos de estos surferos hicieron su recorrido hasta que la ola les dio un revolcón. La artista de San Fernando, en cambio, se ha mantenido firme en la suya gracias, entre otras cosas, a una bien planificada estrategia empresarial, que la preservó incluso de los temporales que hundirían la industria discográfica. La Niña Pastori que saltó ayer a las tablas del Falla vestida de blanco era, en cierto modo, una superviviente del naufragio.

 

«Niña Pastori demostró que nunca ha perdido del todo su filiación jonda. Pero también dejó patente que, cuando uno se aleja de la casa madre del flamenco, el camino de vuelta no siempre es fácil de encontrar»

 

Un vídeo proyectado al fondo repasaba algunos momentos de esta trayectoria antes de acometer temas como Eres tan pequeña, Capricho de mujer o Amor de San Juan, todas los cuales se mueven en ese territorio entre el tango y la rumba en el que Pastori y sus compañeros de generación han hecho su mayor fortuna. Para ello, estuvo en todo momento arropada por una potente banda –que, inexplicablemente, no nos fue presentada– en la que destacaban el bajista Johnny Losada, el percusionista Luis Dulzaides y el coro compuesto por Antonia Nogaredo y Sandra y Estefanía Zarzana.     

Junto a la citada vertiente rítmica, la isleña se ha revelado también como una notable baladista con quejío, con piezas como Desde la Azotea o Bajo tus alas. Gloria para los seguidores más entregados que apuraban el aforo permitido, aunque un repertorio algo dilatado para quienes no somos tan incondicionales. Recordó Niña Pastori su infancia junto a maestros como Juan Villar, Rancapino o Pansequito antes de entrar en los tanguillos Morao. Pero en la forja de su figura no ha sido menor la influencia de Alejandro Sanz, orientador definitivo de su viraje pop.

De éste interpretó Cuando nadie me ve y Cai, un verdadero himno para la que probablemente sea la ciudad más cantada del mundo. Curiosamente, los momentos más emocionantes del recital fueron esta interpretación y la versión del Contigo de Joaquín Sabina. Por lo demás, la apuesta se inclinó mayormente por el formato bailable, que el respetable agradeció sobremanera después de un año y medio de clausura pandémica. Ni siquiera parecieron echar de menos éxitos tempranos como Tú me camelas o Cartita de amor, las primeras mechas que encendieron el lanzamiento de Niña Pastori al estrellato.  

En el fin de fiesta, con las gaditanas Claudia Cruz y Anabel Rivera como invitadas, María Rosa García García demostró que nunca ha perdido del todo su filiación jonda, a pesar de haber explorado otros sonidos. Pero también dejó patente con sus acancionadas bulerías que, cuando uno se aleja de la casa madre del flamenco, el camino de vuelta no siempre es fácil de encontrar.     

 

Ficha artística

Niña Pastori – 25º aniversario. Gran Teatro Falla de Cádiz
Voz: Niña Pastori. Guitarra: Manuel Urbina. Bajo: Johnny Losada. Piano: Luis Guerra. Percusión: Chaboli, Luis Dulzaides. Batería: Yuri Nogueira. Coros: Antonia Nogaredo y Sandra y Estefanía Zarzana.

 

 

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Un pie en Cádiz y otro en Sevilla. Un cuarto de siglo de periodismo cultural, y contando. Por amor al arte, al fin del mundo.

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