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Romerito de Jerez o la personificación de lo puro

Sexto capítulo de EL LOCO DEL FLAMENCO: serie audiovisual de Manuel Bohórquez. Una carta personal y animada charla con el cantaor Manuel Romero Pantoja, Romerito de Jerez. A sus 89 años, se atreve aún con el cante con su hijo al toque.

Estimado don Manuel Romero Pantoja, Romerito en los carteles:

Los aficionados al flamenco solemos tener un corazón tan grande como un baúl y en ese cofre guardamos todo lo que amamos del cante. En mi corazón siempre ha estado usted y su música, como un verdadero tesoro. Era solo un adolescente cuando iba detrás por los festivales, porque me gustaba cómo hacía el cante de Juaniquí. Aunque no le seguía solo por eso, sino por su singular timbre de voz de gitano fino, que le servía para darle otro aire al cante añejo de Jerez. Tiene lo que llamamos un sello propio.

Un día nos presentaron y desde entonces hay una amistad sincera y cariñosa entre nosotros. No empalagosa, porque en cuarenta años solo he estado en su casa una vez, esta, para entrevistarle en su salsa, en su hogar y en su barrio, el Polígono de San Pablo, que no es el Barrio de Santiago, pero casi, por la cantidad de flamencos que han vivido y aún viven en él.

 

«Es usted de los míos, don Manuel Romero. Forma parte de mi vida porque mi vida es el cante puro, entendiendo lo de puro como sinceridad y autenticidad. No se puede ser ya más puro que usted»

 

El cantaor Manuel Romero Pantoja, Romerito de Jerez, en su residencia del Polígono San Pablo, Sevilla.

 

Influyó mucho en mi concepción del cante, aunque no lo sepa. Me encantó siempre esa naturalidad suya cuando cantaba, sin ojana, ni teatro. Maestro del cante sin grandes pretensiones, pero maestro al fin y al cabo. Jerezano de pura cepa, aunque emigró a Sevilla, mi tierra, y le adoptamos como persona y como artista. Jerez es a veces tacaña con sus hijos más ilustres.

Lo que más admiro en un artista, sea del género que sea, es la humildad y usted es la humildad y la sencillez personificadas. Podría presumir de muchas cosas: de frescura, personalidad, perfecta vocalización y compás, pero no lo hace porque es natural, sin artificios. Digno de una escuela de cante, la jerezana, de tan insignes hijos cantaores, y cantaoras, que tenían ese mismo sello, como Isabelita de Jerez, el Gloria, Juan Mojama, el Sernita, Tío Cabezas, Tío Borrico, La Paquera o Terremoto.

Visitar su humilde hogar ha sido una gran experiencia, la de comprobar que un grande del cante grande puede ser feliz en un piso de una barriada humilde, de trabajadores. Me consta que sus convecinos se sienten honrados de tenerle en la comunidad, verle pasear cada mañana o tomar café en el bar de su calle, con gente sencilla que van o vienen de sus puestos de trabajo. Alguien de ese barrio me dijo un día, con orgullo: “Romerito es de los nuestros”.

Es usted de los míos, don Manuel Romero. Forma parte de mi vida porque mi vida es el cante puro, entendiendo lo de puro como sinceridad y autenticidad. No se puede ser ya más puro que usted, o sea, más sincero y auténtico, y ha sido un honor haber estado en su casa con su hijo Antonio, al que tanto aprecio como guitarrista y como persona. No cambie nunca, maestro, que está bien como está. Que solo cambian los que no saben por dónde van.

 

Romerito de Jerez y Romerito hijo, durante la entrevista para Expoflamenco. Foto: perezventana

 

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Arahal, Sevilla, 1958. Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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