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Ramón el Ollero o la voz alfarera

Ramón Rodríguez Vargas (1857-1905), conocido como Ramón el Ollero o Ramoncillo el de Triana, se formó entre Triana y Sevilla, dos grandes escuelas de cante, lo que le sirvió para ser un cantaor largo, enciclopédico. Según Rafael Pareja, era el cantaor mejor pagado de Sevilla hasta que llegó Antonio Chacón y lo desbancó.

El cantaor Ramón el Ollero y el guitarrista Paco el Malagueño. Archivo Manuel Bohórquez.

El cantaor Ramón el Ollero es una institución flamenca de Triana, aunque nadie hasta ahora se había preocupado de averiguar si era natural del arrabal sevillano o si, al menos, residió en él el tiempo suficiente como para ser considerado un cantaor trianero. Fernando el de Triana y Rafael Pareja, que lo conocieron sobradamente, apenas dieron a conocer su trayectoria en la medida que tan importante cantaor merecía. Se le atribuyen varios cantes por soleares y se ha asegurado que era más importante que Antonio Chacón. Según Rafael Pareja, era el cantaor mejor pagado de Sevilla hasta que llegó el genio jerezano y lo desbancó. La experiencia me ha enseñado que estas afirmaciones hay que ponerlas siempre en cuarentena. Pero, ¿quién fue en realidad Ramón el Ollero, o Ramoncillo el de Triana, que de ambas formas se le conoció en el mundo del flamenco?

¿Cómo conseguimos dar con él hace siete años y, sobre todo, cómo pudimos asegurar quién fue el célebre cantaor alfarero? Muy sencillo. Hace unos diez años aportamos un artículo de prensa del siglo XIX en el que el firmante de la crónica, El Rancio, daba a conocer su nombre y apellidos. Solo había que buscar en el censo de Sevilla a alguien que se llamara Ramón Rodríguez Vargas. Localizado ya en el padrón de vecinos, donde constaban su nombre y apellidos, oficio, lugar de nacimiento, edad y nombre de sus padres, el siguiente paso fue buscar su partida de nacimiento en Sevilla. No fue fácil, porque en uno de los padrones lo hacían nacido en la localidad sevillana de Carmona y bautizado en la Parroquia de San Pedro. Pero en otros padrones constaba que era de Sevilla y que había sido bautizado en la Parroquia de Santa Ana. En realidad, la que era de Carmona fue su compañera, de ahí el error en el padrón.

 

«Dicen que la voz de Ramón era un caramelo, una voz redonda y bien timbrada, melódica. Con una facilidad pasmosa para ligar los tercios, que es una técnica muy trianera»

 

Partida de nacimiento de Ramón el Ollero. 22 diciembre 1857. Archivo Manuel Bohórquez.

Partida de nacimiento de Ramón el Ollero. 22 diciembre 1857. Archivo Manuel Bohórquez.

 

Localizada su partida de nacimiento en el Registro Civil de Sevilla, en Santa Ana, supimos que, en efecto, se llamó Ramón Rodríguez Vargas y que nació en Triana, en el número 4 de la calle Caballeros –la actual calle Procurador–, el 22 de diciembre de 1857. Fue hijo del alfarero Antonio Rodríguez Manteca y de María del Amparo Vargas-Machuca Vázquez, de Triana. Por línea paterna, era nieto de Manuel Rodríguez y de Rita Manteca. Y por línea materna, de Juan Vargas y Ana Vázquez. Fue hijo y nieto de alfareros trianeros, de reputados profesionales del barro que vivieron siempre en la Cava Vieja, en la Triana considerada menos flamenca que la Cava Nueva o Cava de los Gitanos. Por tanto, lo de Ollero no es porque hiciera hoyos en las calles o porque se apellidara Ollero, como alguna vez se ha insinuado, sino porque era alfarero y hacía ollas de barro. Al parecer, el apodo era heredado de su padre, Antonio el Ollero, de ahí que a él le dijeran en Triana Ramoncillo el Ollero. Y cuando emigró, Ramón el de Triana.

Por tanto, queda demostrado mediante documentos absolutamente fiables y contrastados que Ramón era natural de Triana y descendiente de trianeros dedicados a la alfarería tanto por línea materna como paterna, al menos desde el siglo XVIII. Sin embargo, está por demostrarse aún que se criara y se hiciera cantaor en el arrabal. En el censo de vecinos de Triana de 1865 ya no aparece empadronado en el barrio. O sea, que con menos de ocho años emigró a otra parte y nunca más volvió a censarse en Triana, salvo sorpresa. Tampoco aparece en los libros de quintas de Sevilla, lo que indica que con veinte años tampoco residía en la capital andaluza. En el censo general de 1885 sigue sin aparecer como habitante de Sevilla, y tampoco en el de 1895. Ramón Rodríguez Vargas aparece empadronado por primera vez en la ciudad de la Giralda en 1899 y ya no se va de ella hasta su muerte. Al menos, es lo que hemos podido averiguar hasta ahora, aunque habrá que hacer un rastreo más exhaustivo. Lo localizamos viviendo en la calle Palomas, en Omnium Sanctorum, donde murió a la corta edad de 47 años. Vecino, por cierto, de otro cantaor muy olvidado, el sanluqueño Francisco Viache, El Cuervo Sanluqueño, que cantaba en la compañía de Silverio Franconetti junto a José Lorente, el Pintor y el Maestro Pérez. Y que en un padrón reza como artista.

Ramón vivió hasta sus últimos días con Gracia Pérez Pérez, nacida en Carmona en 1862, con la que no tuvo descendencia.  Una vez muerto el cantaor, esta mujer se afincó en la Macarena, en la popular calle Torrijiano, en una humilde accesoria de alquiler, lo que indica que el artista trianero murió tan pobre como solía ser frecuente entre los cantaores de aquel tiempo.

 

«Nunca sabremos cómo cantaba, porque no llegó a grabar cilindros, al menos que se sepa. Tampoco impresionó nunca los famosos discos de pizarra. Ramón el de Triana seguirá siendo un cantaor misterioso. Pero a partir de hoy, al menos, sabemos quién fue»

 

Certificado de empadronamiento de Ramón Rodríguez Vargas - Ramón el Ollero, Sevilla 1899. Archivo Manuel Bohórquez.

Certificado de empadronamiento de Ramón Rodríguez Vargas – Ramón el Ollero, Sevilla 1899. Archivo Manuel Bohórquez.

Córdoba y la escuela de Silverio

¿Dónde se crió Ramón el de Triana? Todo indica que fue en Córdoba y en la actualidad estamos buscándolo en los censos de vecinos para demostrarlo o desmentirlo. Siempre se ha hablado de su relación con esta ciudad andaluza y de que cantó mucho en sus cafés cantantes, aunque sin pruebas. También pudo emigrar a algún pueblo cercano a Sevilla. El hecho de que fuera un cantaor general, que llevara en su amplio repertorio palos como las malagueñas y las seguiriyas, la caña y las serranas, puede hacernos pensar que no se formara como cantaor en Triana, cuyos cantaores eran fundamentalmente intérpretes de soleares, seguiriyas y tonás. En el artículo ya citado, dice El Rancio, que por los datos que da de él suponemos que tuvo que conocerlo muy bien, que era de la escuela de Silverio. De hecho, cantó algunas temporadas en su famoso café de la sevillana calle Rosario, entre 1881 y 1884. También llegó a actuar en el Café del Burrero. Esto indica que fue profesional del cante, aunque nunca dejara de ser alfarero. Sin embargo, Ramón fue fundamentalmente un cantaor de fiestas privadas, en las que llegó a alcanzar cierta notoriedad y estuvo muy bien pagado. En 1899, según una noticia aparecida en El Guadalete el 27 de enero de este año, localizada por Antonio Barberán, participó en una fiesta en el Hotel Madrid de Sevilla, en la Plaza Nueva:

Después del banquete se improvisó en el casino una agradable fiesta en la que el conocido cantaor flamenco Ramón el de Triana, se cantó por soleares y malagueñas como él sabe hacerlo.

Suponemos que en la fiesta habría más artistas, pero el cronista solo nombró al cantaor trianero, lo que deja claro que era muy conocido. ¿Tanto como para crear escuela, como para ejercer alguna influencia en los cantaores más jóvenes que él? ¿Por ejemplo, en Rafael Pareja, Fernando el de Triana, Pepe el de la Matrona o el Colorao de la Macarena? Lo cierto es que sus soleares sí crearon escuela, porque han sido grabadas por innumerables cantaores desde la etapa de la discografía hasta la actual. Hay quien asegura que fue quien creó la llamada soleá alfarera, la que se conoce como del Zurraque, lo que es mucho decir. Al no ser un cantaor gitano, sino un gachorcito de la Cava Vieja de Triana, Ramón el Ollero ha sido poco menos que un proscrito. Acusado, además, de adulterar y devaluar las verdaderas soleares de Triana. Ramón no fue gitano y, al parecer, tampoco se esforzó nunca en parecerlo a la hora de cantar. Quizás por este motivo, Ricardo Molina lo trató tan injustamente en el Diario de Córdoba, en 1963:

Ramón el Ollero, la Gómez y la Cuende, generaciones bastardas que desfiguraron los cantes auténticamente sevillanos.

¿Cómo se puede decir eso de un cantaor que no grabó, como Ramón el Ollero? Solo hay una explicación: que no era gitano. Sin embargo, este mismo escritor pone por las nubes a Joaquín el de la Paula, quien tampoco grabó. Y que, según me confesó un guitarrista que lo acompañó muchas veces, El Negro, desafinaba como una guitarra de solo tres cuerdas. Dicen que la voz de Ramón era un caramelo, una voz redonda y bien timbrada, melódica. Con una facilidad pasmosa para ligar los tercios, que es una técnica muy trianera. No hay que descartar que alcanzara a conocer a Frasco el Colorao, cantaor que según mis pesquisas tampoco fue gitano, que falleció en Triana cuando Ramón era ya un mozalbete. Desde luego, por edad pudo alternar con Tío Antonio Cagancho y su hijo Manuel, el Quino Lorente y la Cuende, la Gómez y la Bilbá, la Josefa y Juana Ruca, el Tío Martín y Diego el Lebrijano. Incluso con María la Andonda, que vivió en Triana poco tiempo, pero a la que pudo escuchar sus soleares en alguna fiesta privada. En cuanto a los cantaores de la otra orilla, el Ollero alternaría con todos, desde Silverio, que al parecer fue su referencia, hasta José Lorente. Asimismo, pudo disfrutar de todos los cantaores y cantaoras que vinieron a Sevilla en aquel tiempo a trabajar en sus cafés: Dolores la Parrala y María Borrico, Carito y Salvaorillo de Jerez, Paco la Luz y Juan Junquera, el Canario de Álora y Juan Trujillo El Perote, la Peñaranda y la Trini de Málaga, Enrique Ortega y Fernando Ortega El Mezcle, la Juanaca de Málaga y el gran Paco el Sevillano.

 

«Pueden hacerse una idea del esfuerzo y el coste económico de un trabajo de investigación de este tipo. No quiero ninguna medalla. Solo un poco de respeto para quienes queremos sacar del injusto anonimato a aquellos que nos legaron esta maravilla cultural que tanto amamos»

 

Antiguo dibujo de la Torre del Oro y una guitarra flamenca.

Antiguo dibujo de la Torre del Oro y una guitarra flamenca.

 

Entre Triana y Sevilla

Como, según cuentan, era un estupendo aficionado, se formó entre Triana y Sevilla, dos grandes escuelas de cante, lo que le sirvió para ser un cantaor largo, enciclopédico. Lástima que nunca vayamos a saber cómo cantaba, porque no llegó a grabar cilindros, al menos que se sepa. Y, aunque pudo hacerlo, tampoco impresionó nunca los famosos discos de pizarra. Ramón el de Triana, pues, seguirá siendo un cantaor misterioso. Pero a partir de hoy, al menos, sabemos quién fue, de dónde era y dónde acabó sus días el gran cantaor trianero.

Ramón Rodríguez Vargas, apodado El Ollero, aunque anunciado siempre como Ramón el de Triana, pudo acabar sus días en su barrio natal pero prefirió, por las razones que fueran, agotar su penosa existencia en el número 41 de la calle Palomas, en el Barrio de la Feria. Esta calle se llama hoy Faustino Álvarez. Le diagnosticaron tuberculosis pulmonar y murió de esta cruel enfermedad el día 25 de abril de 1905. Tenía solo 47 años. Fue enterrado al día siguiente en el Cementerio de San Fernando de Sevilla, en tercera clase. Concretamente, en el número 12 de la calle Santito:

Como capellán del Cementerio de San Fernando certifico haber dado sepultura al cadáver de D. Ramón Rodríguez Vargas, de Antonio y Amparo, natural de Sevilla, de 47 años, soltero. Murió de tuberculosis en Palomas 41. Parroquia Omnium Sanctorum. Se inhumó en la sepultura de 3º clase número 12, derecha. Grupo Primero. 4ª  Cuartelada. Santito. Sevilla, 26 de abril de 1905.

Ahora ya sabemos por qué el pobre Ramón el Ollero cantaba aquella soleá terrible, desoladora, que es parte de su obra:

 

Estoy ético de pena,
nadie se arrime a mi vera,
que el que de mi mal se muere
hasta la ropa le queman.

 

Pueden hacerse una idea del esfuerzo y el coste económico de un trabajo de investigación de este tipo. No quiero ninguna medalla. Solo un poco de respeto para quienes queremos sacar del injusto anonimato a aquellos que nos legaron esta maravilla cultural que tanto amamos. El resto de la documentación sobre Ramón el de Triana lo daré a conocer en el libro que preparo sobre el flamenco y los flamencos de Sevilla, donde irá un extenso capítulo de Triana.

 

Imagen superior: el cantaor Ramón el Ollero y el guitarrista Paco el Malagueño. Archivo Manuel Bohórquez

 

Partida bautismal de Ramón el Ollero. Archivo Manuel Bohórquez.

 

 

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Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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