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Antonio Campos: «En mi casa todo ocurría alrededor del flamenco»

Un joven romántico del cante que pone el sentido en la pureza. El cantaor granadino Antonio Campos acaba de presentar su nuevo álbum, 'In-finitud'. Una edición limitada de 150 copias de un vinilo de siete pulgadas.

Antonio Campos Muñoz nació en Tarragona en 1972, porque sus padres emigraron a Cataluña buscándose la vida. Pero con pocos meses la familia se vino a Atarfe (Granada) y es, sin la menor duda, un granadino de los que llevan el terruño en la piel, como todos los que se criaron en la maravillosa vega granadina. Antonio Campos, que así le llaman artísticamente, es uno de los talentos indiscutibles del cante jondo que tenemos en la actualidad. Canta con enjundia y sentido, toca maravillosamente la guitarra y el cajón y, además, escribe con alma. Le veo como un cantaor del XIX reencarnado en un joven de este tiempo, siempre lleno de ilusión y con una sonrisa que ilumina todo lo que hay a su alrededor. Es buena gente y se siente orgulloso de poder sacar a su familia adelante con su arte. In-finitud, su última obra, es el resultado del confinamiento. Se encerró y decidió hacer un disco artesano, él solo, cantando, tocando, haciéndose las palmas y escribiendo incluso las letras. Mineras, tangos, soleá por bulerías y cabal. Solo cuatro cantes, pero grabados con el sentido puesto únicamente en la pureza. Un talento. 

 

 

¿Añoraba el vinilo, como lo añoro yo?
– Por supuesto que sí. Fue mi juguete preferido durante toda mi niñez. Mi tocadiscos portátil y mis discos de la Amina, Gabriel Moreno…  Y el Tápame de Pansequito, con Juan y Pepe Habichuela (a ese le di la vuelta unas pocas de veces). Mi infancia fue tan bonita y fascinante que intento revivirla cada día.

¿Quién es el cantaor, y mucho más, Antonio Campos? Aproveche y hágase promoción.
– Ja, ja, ja. Sin duda, soy un niño grande. Intento ser un buen padre por encima de todas las cosas y un enamorado de la vida y de la gente que se ríe hasta de su sombra. En el arte, un privilegiado, porque en medio de gente maravillosa tengo el honor y el placer de sentir su cariño y su amistad. Desayuno, viajo y convivo con gente que ni en sueños imaginé. Soy un suertudo. Tengo dos publicaciones literarias y este es el cuarto disco. He trabajado con la mayoría de la profesión, desde Mario Maya a Rafael Riqueni, con el que tuve el honor de dejar grabados dos cantes en el anterior disco. Solo pido seguir como estoy, que ya es algo maravilloso.

– Dígame algo de su familia. ¿Es una familia flamenca?
– Gitanos, tratantes y matarifes. Lo tenía difícil para que me hubiese llegado la música de Caetano Veloso en su etapa londinense, o la de Diana Ross. En mi casa todo ocurría alrededor del flamenco, sin ser profesionales. A mi abuelo Juan, que fue un gigante de la vida, no le gustaba el cante en los bares, por eso se lo traía a casa: Juan de la Vara, Chiquetete, Fernanda y Bernarda, Chocolate de Graná… A día de hoy, hay gente mayor que cuando me ven se les humedece el cristal de los ojos al pronunciar el nombre de mi abuelo, y yo voy detrás. Mi infancia fue demasiado alucinante. Todo se lo debo a los míos.

 

 

«Mi familia son gitanos, tratantes y matarifes. Lo tenía difícil para que me hubiese llegado la música de Caetano Veloso en su etapa londinense, o la de Diana Ross»

 

  

– Usted canta, toca la guitarra, el cajón, escribe bien, es buena gente… ¿Se siente reconocido o tiene alguna queja?
– Soy un privilegiado. Cada día tengo más claro que he venido a este mundo a experimentar el amor y me siento inmensamente querido. El reconocimiento es para los grandes de verdad.  Lo mío es seguir jugando.

 

 

 

 

– Aprovechó el confinamiento para crear In-finitud. ¿Necesita que le encierren para exprimir el talento, o es que se aburría?
– Echaba mucho de menos la libertad de abrazar sin miedo a todos los que quiero, reírme en las distancias cortas y sin mascarilla y tirarle veinte olés a quien me pone los vellos de punta echando el corazón. Solo he querido reflejar lo vivido. Por eso estoy solo yo en el disco. He escrito, cantado y tocado. Hacer un disco con ocho o nueve cortes yo solo me parecía pretencioso. Por eso son cuatro cantes cortitos y el formato del vinilo de 45 rpm era el ideal para algo así. La moda de colgar lo grabado en las plataformas digitales está muy bien para las plataformas, pero el artista pierde hasta la pista de lo grabado. Pensé en fabricar poco, ya que las ventas son penosas y en un formato que de alguna manera fuese goloso a la par que poético. Por eso es una edición limitada y numerada de ciento cincuenta.

 – Escuchado el vinilo, que es una monería, he llegado a la conclusión de que es un cantaor del siglo XIX reencarnado en un muchacho sencillo de hoy. Dígame si llevo razón o no.
– Toda, lleva toda la razón. Llevo un móvil con geolocalizador en el bolsillo todo el día. Escucho el cante en un ordenador. No bajo la ventanilla para preguntar dónde está la calle del Beso, sino que le hago caso a una voz que sale del coche. Pero escucho a Enrique el Extremeño y se me saltan las lágrimas. Me gustan las papas fritas con tomate y la poesía de Benedetti.

 

 

«No bajo la ventanilla para preguntar dónde está la calle del Beso, sino que le hago caso a una voz que sale del coche. Pero escucho a Enrique el Extremeño y se me saltan las lágrimas. Me gustan las papas fritas con tomate y la poesía de Benedetti»

 

 

¿Qué haría si tuviera mucho dinero? Artísticamente, claro. ¿Qué le hierve en la cabeza?
– Pues no lo sé, pero le haría la vida más fácil a todos aquellos artistas que se han dejado la vida en las tablas y que bien se merecen un poquito de gloria confitada. Yo no tengo grandes proyectos, de hecho no tengo ni grandes ni chicos, pero lo mismo mañana me da un chispazo y me invento algo, las cosas vienen solas. Pero sí ando con un proyecto literario y algo más por ahí. En breve sacaremos una Antología Poética Joven donde podremos disfrutar de las inquietudes literarias de los flamencos de hoy. Si tuviera mucho dinero compraría veinte potras de María Fernanda de la Escalera y las vería carear al caer el sol.

¿Cómo ve el flamenco en general y el cante en particular?
– Yo disfruto mucho. Hay un buen puñado de cantaores y cantaoras que los escucho y yo daría algo por sonar así. Siento mucha admiración por mucha gente. Hay guitarristas que me los traería a mi casa a vivir conmigo y se está bailando muuuuuu bien. Como el tiempo es lo más valioso que tenemos en este mundo, mejor gastarlo en lo que nos gusta.

¿Se siente profeta en su tierra? Sea sincero.
– Profetas fueron Camarón y Morente, que además se adoraban mutuamente. Juan Habichuela y Chocolate. Con toda la sinceridad, Manuel, ¿usted cree que yo ni en la imaginación me voy a poner algo así en el sentío? Creo ser consciente de quién soy y lo que hago. Yo me siento muy querido en mi querida Graná. De hecho me lo demuestra una tras otra. Solo puedo dar gracias por cómo la vida me está permitiendo sacar a mi familia adelante, que es disfrutando del bendito FLAMENCO.

 

Imágenes: fotos promocionales cedidas por Antonio Campos

 

 

 

 

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Arahal, Sevilla, 1958. Crítico de flamenco, periodista y escritor. 40 años de investigación flamenca en El Correo de Andalucía. Autor de biografías de la Niña de los Peines, Carbonerillo, Manuel Escacena, Tomás Pavón, Fernando el de Triana, Manuel Gerena, Canario de Álora...

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